domingo, 3 de mayo de 2026

Hablo

Mi amor,
nos estamos arruinando la vida
con tanta desidia,
y en medio de tanta insensatez
yo no consigo quedarme callada.

Hablo
y hablo 
y hablo
y hablo
y hablo
como si eso pudiera 
quitarte los problemas de encima.




viernes, 24 de abril de 2026

Mi primera vez


La primera vez que tuve sexo con un chico fue a los 19 años. De alguna manera, yo me encargué de que sucediera. Muchos hombres me lo habían propuesto, incluso había llegado demasiado lejos con algunos, pero ninguno me daba la confianza que yo necesitaba, hasta que conocí a David. Él era mi compañero en la facultad. Era tímido, no hablaba mucho y eso era lo que más me gustaba de él. Me gustó desde la primera vez que lo vi, aunque no lo suficiente como para decidir que mi primera vez fuera con él. Pero, una tarde, estaba descansando con mis amigas, tiradas en un pastito por el Comedor Central de la universidad y soñé con él. Soñé que me cogía de una manera increíble. En esa época yo solía ver mucho porno, entonces tenía muchas referencias gráficas de lo que se le podía hacer a una chica en la cama. Me desperté con los gritos de Karen, que decía que había zancudos y que ya no quería seguir durmiendo ahí. Yo estaba recontra mojada. Nos levantamos y cada una se fue para su clase. Yo me quedé pensando en David y me di cuenta de que tenía que ser él. Inconscientemente lo había elegido.

A partir de ahí comencé a elaborar mi plan. Le hablaba todos los días por Messenger, me sentía más cómoda así. Me daba verguenza hablarle en persona porque me sentía tonta a su lado. Él sabía muchas cosas y yo nada. Estuve en ese plan semanas. Hablándole de cosas sin importancia. «¿Ya viste Asu Mare? ¿Ya leíste el texto de Millones? ¿Me recomiendas películas?» Un sinfín de preguntas tontas, pero que de alguna manera me permitieron conocerlo un poquito más y darme cuenta de que era una gran persona y me gustaba mucho más de lo que podía imaginar. Llegué a pensar de que quizá no aceptaría tirar conmigo, pero no me intimidé. Yo seguí con el plan

 La oportunidad se dio en una reunión en casa de Talía. Me demoré cinco horas en arreglarme para esa noche. Entre que me bañaba, me depilaba, me arreglaba el cabello, elegía mi ropa: nunca me había demorado tanto.  Lo que pasó ahí es largo de contar y quizá hasta un poco irrelevante, ¿si saben para qué se junta la gente en sus 20's, verdad? Ajá para tomar. Pero yo estaba ahí por otra razón, quería que David me viera y supiera que me gustaba. Me aseguré de no embriagarme de más porque quería estar consciente de todo lo que sucedía e intenté estar lo más cerca que podía de él. En un momento alguien dijo para jugar Botella borracha y eso no me puso muy contenta. Me daba igual besar a cualquiera, pero no quería besar a David así, en un juego cómo ese. En fin, en la primera vuelta me tocó con Alberto y fuah beso. Luego me tocó con David y no quise. Lo dije públicamente «No quiero» y a él le dije mirándole a los ojos «Es diferente» (o algo así). Lo que quería decir es que no quería besarlo así, aunque quizá se interpretó de otra manera. Al final terminamos besándonos y fue grandioso. En un momento, todos se fueron y nos quedamos solos en la sala. Yo estaba sentada muy cerquita de él, podía sentir todo su cuerpo sobre el mío. Dijimos algo bonito que, por alguna razón, ahora no logró recordar.

Luego amaneció y pensé «Bueno no hubo tire hoy, pero el beso fue grandioso». Me acompañó a tomar el bus y se subió conmigo. Esa ruta lo dejaba lejos de su casa, pero él seguía ahí porque planeaba bajarse en algún punto medio. En algún momento, puso sus manos sobre mi pierna y yo sobre la suya. Nos miramos y le dije «No te vayas» y él dijo «No me voy». Y apareció la pregunta ¿a dónde vamos? No recuerdo qué hablamos ahí porque el siguiente recuerdo que tengo soy yo llevándolo al único hotel que se me vino a la mente en ese momento. No era el más bonito, de hecho era horrible, pero realmente no conocía otro. Creo que pagó 20 soles. Eran los tiempo de los Humala. Entramos a la habitación, era horrible. Yo me eché sobre la cama y él comenzó a quitarse la ropa y le dije «Wow, eres... muy delgado». No lo dije con mala intención, de hecho me gustan los chicos de su contextura. En verdad no sé por qué lo dije, pero bueno. Luego se echo encima de mí y comenzó a besarme. Le dije que era mi primera vez y se asustó. Le propuse chupársela, lo había hecho cientos de veces, pero me dijo que no. Nos quedamos echados en la cama conversando sobre los textos que no habíamos comenzado a leer y en las excusas que le contaríamos a los demás después. Me sentí tan tranquila a su lado. Creo que fue en ese momento en que me comencé a enamorar de él.

Ese mañana no pasó nada, no tuvimos sexo, pero supe que él no solo sería el primero, sino el único con el que disfrutaría hacerlo genuinamente. 

Gracias por tanto, David.


jueves, 23 de abril de 2026

¿Cuántos hombres más?

Me pregunto a cuantos hombres más me tendré que tirar para encontrar alguno que realmente me quiera. Para mi el sexo es la única forma de darme cuenta si un hombre vale la pena, es buena persona o amable. Lamentablemente, para muchos de ellos solo soy una chica más. Alguien más cuerdo podría decirme, entonces deja de tirartelos y conócelos. Ehhhh la única vez que lo hice, la única vez que decidí no tirar con alguien y conocerlo primero terminé en terapia como dos años. Mejor me quedo así, primero un tire y luego la cita romántica. Funciono con la relación mas larga que tuve y funcionó con algunos tires que incluso me propusieron ser su novia. Puede funcionar, puede funcionar, pero ¿después de cuantos hombres puede funcionar?

miércoles, 22 de abril de 2026

No funcionó



Intenté suicidarme dos veces, ninguna funcionó. Lo hice cuando me di cuenta de que mis amigas ya no me necesitaban, ya no era útil en sus vidas. Todas tenían novio o estaban casadas y, naturalmente, discutían sus problemas con ellos. Fue catastrófico para mí sentir que ya no me necesitaban, también lo fue saber que yo no podía contar con ellas. En el 2022 me quedé sin trabajo, había tomado una mala decisión laboral y me derrumbé. Se lo conté a mi mejor amiga y ella, probablemente sin darse cuenta de lo que decía, me escribió: «Hay cosas más importantes que quedarse sin trabajo». Su prima se había ido a tirar con su enamorado y nadie sabía dónde estaba. ¿Era importante? Sí. ¿Más importante que lo que me estaba pasando a mí? Quizá no. Yo regresé a mi cama y me puse a dormir otra vez. Había estado echada sin comer, sin salir de cama dos días seguidos. Nadie en mi casa se había dado cuenta porque se iban a trabajar. El tercer día, recién tuve hambre. Cociné algo, me serví y calculé cuántas unidades de insulina debía colocarme. Soy diabética tipo 1, es lo primero que los doctores te enseñan. Cuando vas a comer, no puedes ponerte ni muy poca insulina porque sino la glucosa se te sube, ni mucha insulina porque sino la glucosa se te baja. Una doctora solía explicarlo de manera más gráfica «Si te pones mucho, te mueres». Esa tarde almorcé tranquila. En la noche, me medí la glucosa, tenía 90, una cifra normal, pero yo me puse 40 unidades de insulina. Solo para que lo tengan en cuenta, si un diabético tipo 1 con esa glucosa quisiera comerse un turrón de doña pepa de kilo necesitaría 25 unidades de insulina para que su glucosa se mantenga en un buen nivel. Esa noche yo me coloqué 40 y me fui a dormir con el deseo de no volver a despertar. En la madrugada mis papás me encontraron convulsionando. ¿Cómo lo hicieron si mi cuarto queda en el primer piso y el de ellos en el segundo? Mi mamá dijo que se había levantado al baño y quiso ir a ver cómo estaba yo. Al parecer suele ir a ver cómo duermo. Ahí fue dónde me encontró convulsionando. Cuando abrí los ojos, tenía a mi papá dándome cachetadas en la cara y a mi mamá poniéndome agua con azúcar entre las encías. 

Yo me puse a llorar porque no había funcionado. 



Imposibilidad absoluta



En las tragedias clásicas, la historia se acaba cuando uno de los amantes muere, casi siempre es el personaje femenino. Fue el caso de Antígona, Eurídice, Desdémona, Isolda y uno de los casos mas representativos, el de Julieta. Algunas fueron asesinadas, otras murieron por sus propias manos. En la tragedia clásica, la muerte es el único cierre de la historia, es una forma de redención para sus personajes que, desde que fueron concebidos en la mente de su creador, fueron diseñados para morir. La muerte, entonces, se convierte en la vía para liberar a los personajes del dolor o una imposibilidad absoluta. En la tragedia no hay grises, o es o no es. Y el mundo real no es tan diferente. Vinimos predestinadas a este mundo bajo el diseño de nuestro creador. Sin embargo, la Psicología, como disciplina y brazo mecánico del sistema capitalista, no puede permitir que más mujeres sufran o se quiten la vida, siendo que ellas serán las encargadas de sostener el hogar que muchos hombres "importantes" habitarán en un futuro. Y la problemática se extiende aún más si nos enfocamos ahora en las feministas liberales que se contraponen a ideas como "sufrir por amor", como si sufrir por la indeferencia de un hombre no fuera un problema real. Hay mujeres que no logran recuperarse nunca de una decepción. Estoy segura de que no se han puesto a pensar en cuántas mujeres querrían dejar este mundo por la enorme tristeza que guardan en sus almas por un hombre que casi nunca vale la pena. Señalan desde un superioridad moral que sufrir por amor no vale la pena, que hay cosas más importantes como el dinero, la enfermedad o los hijos. ¿Y el desamor? Eso no importa. Por eso no creo más ni en la Psicología ni en el Feminismo. No creo en las terapias que solo buscan hacerte funcional al sistema sin explorar la complejidad de las mujeres; no creo en una lucha feminista que no incluye en su discurso de empoderamiento los episodios de tristeza y/o depresión. 

El contacto con la muerte, entonces, es necesario si lo que se busca es redención. Mientras más lo sigan negando, más mujeres infelices habrán. Solo una mujer que se ha enfrentado a la muerte sabe que, a partir de ahí, lo único que te queda es avanzar.



domingo, 19 de abril de 2026

Nunca salimos de esa habitación

Una vez estaba tirada en mi cama. Tenía ganas de tirar, entonces entré a Tinder. Estaba dispuesta a todo. Hice match con un chico que vivía cerca y acordamos vernos, le dije que venga al departamento. No quiso, me dijo ven tú. Cancelé el match, no valía la pena, era una nena. Entonces seguí scrolleando y me encontré con Leandro, mi exenamorado del colegio. A los trece años me besó el cuello y, por primera vez, sentí lo que era estar excitada. Fue el primer hombre que alguna vez entró a mi habitación y el primero también en ponerse encima de mí. Nunca pasó nada. Yo no quería. La verdad que fue mejor porque luego me engañó con otra chica. En fin. Hicimos match. Le dije que viniera y me dijo que sí. Yo estaba en pijama. Pensé que si alguien te invitaba a su casa a la medianoche era una señal clara de que era para tirar. Leandro no lo entendió así y se apareció bien vestido, estaba lindo, la verdad. Me miró de pies a cabeza, yo estaba descalza y el seguía luciendo tan lindo. Estuvimos en la cocina conversando, tomando chelitas como hasta las dos de la mañana. No recuerdo cómo hice para llevarlo a mi cuarto, él estaba un poco tímido. Cuando entramos quiso prender la luz y yo le dije que no que mejor sintiera mi cuerpo con sus manos. Y me comenzó a tocar. Me dijo «Prende la luz, siempre he querido verte sin ropa». Yo le dije que no y le puse las manos en mi culo. Terminamos tirando. A la mañana siguiente, me levanté a preparar café. Le traje una taza a él y me dijo «Qué genial estuvo ayer», yo le dije que sí que qué bien que al fin logramos tirar. A los trece años, Leandro había intentado una y mil veces tirar, pero yo nunca había querido. Luego pidió pan con chicharrón y desayunamos juntos. Fue lindo, yo seguía en pijama y el con su camisita abierta y en bóxer. Terminamos de comer y nos echamos a conversar del pasado, le pregunté por qué me había engañado, pero no quiso entrar en detalles. También le pregunté si cuando estaba conmigo ya había tirado con alguien y me dijo que no «Quería que mi primera vez fuera contigo», «Sal de acá» le dije yo. Conozco a Leandro como la palma de mi mano, a pesar de no haberlo visto hace más de diez años. Lo hicimos una vez más, esta vez con luz natural. Leandro siempre ha usado lentes y, en el colegio, lo molestaban mucho por eso. Cuando estábamos tirando frente a frente no los tenía puestos, pero cuando me volteé, me dijo «Espérate, mis lentes». Yo me reí. Entonces se los puso y me siguió dando en cuatro. «Hay que hacer un video», me dijo y yo le respondí «No porque sino ya no regresas». Y me siguió dando. Luego me fui bañar porque tenía que ir a almorzar con unos amigos y Leandro se cambió. Nos fuimos junto en el taxi porque el restaurante estaba cerca a la ruta de su casa. Cuando estábamos ahí le dije «Gracias por venir» y me dijo «Ah, ¿entonces me agradeces porque te hice un favor?». Yo me reí coquetamente. «O sea, sí tenía ganas de tirar». «¿Por qué no salimos el próximo sábado», me preguntó. Yo no pensaba en eso, «¿Salir?» Me dije a mí misma. «¿A dónde?» «Vamos a tomar unas chelitas a Miraflores». «¡Uyy, sí! Vamos a Barbarian». Barbarian era mi bar favorito. Quedamos en salir. Bajé del taxi y nos despedimos con un beso en la boca. Vi a mis amigos y me preguntaron que por qué estaba tan feliz. Yo solo podía pensar en lo mucho que un cache te alegra el día.

El siguiente sábado, el estado emitió un anuncio de precaución sobre Covid-19. Todo el mundo tenía miedo. Te aconsejaban no salir. Entonces le escribí y le dije que me daba miedo que mejor viniera mi casa y nos quedáramos aquí. Leandro llegó con un sixpack de chela. Esta vez no lo recibí en pijama, sino con una ropa un poco más apretadita. Las chicas se habían ido, teníamos la casa para nosotros. Nos quedamos en la sala conversando. Luego comenzaron los besos y otra vez para el cuarto. Lo hicimos muchas veces y después me pidió un pollito a la brasa. Era como la una de la mañana. El pedido nunca llegó, yo me molesté, y él se puso fuerte «No es mi culpa», «Sí tienes razón», pidió Bembos. Comimos. Al día siguiente, ya era domingo, me levanté como siempre a hacer café, traje las dos tazas y pidió desayuno criollo. Comimos y nos volvimos a tirar a la cama a seguir hablando. Me contó que había estado con una chica como cuatro años y yo le dije que también. Nos dimos cuenta que ambos habíamos sido malas personas. Llegó la hora de almuerzo y pedimos algo para comer. Talía me escribió un mensaje «Oye a qué hora sales del cuarto desde ayer estás metida ahí». «Chica, no voy a salir, estoy en la gloria». Y es que nadie puede negar que no hay mejor plan que tirar, comer y conversar, encima en un domingo. No podía desaprovechar esa oportunidad. Tiramos varias veces entre comida. Luego llegó las 7 de la noche, Leandro no se iba, a mí no me molestaba. Le dije «¿Oye y si te quedas toda la semana?» «¿En serio? ¿No te dicen nada las chicas?» «No creo, el enamorado de Talía vive prácticamente aquí». «Lo pensaré», me dijo. Yo ya me imaginaba haciendo mi vida con él. Luego me dijo que el presidente iba a dar un mensaje a la Nación. «Prende la tele». Puse canal 4. Vizcarra anunciaba que el país entraba en cuarentena desde la medianoche. Leandro se desesperó. Lo llamaron de su chamba, lo llamó su mamá. Yo hablé con Paolo que estaba en Argentina y no sabía qué hacer. Entramos en caos. Luego me fui a bañar y le dije «Me voy a casa de mis papás». «Te acompaño» «No, no te preocupes, mejor anda a tu casa, no vaya a ser que luego no consigas taxi». Me ayudó a hacer mi maleta para «15 días». Me acompañó al banco para sacar efectivo y luego me pidió un taxi para mi casa. Todavía se acordaba mi dirección. No lo podía creer. Nos despedimos frente al Chilis que está en Av. Angamos y nunca más lo volví a ver. Seguimos hablando un par de meses después, pero la situación lo hacía inviable. Después estuvo con una chica, seguí toda su historia de amor por redes hasta que terminaron. Me volvió a escribir y ya no le respondí.

Estaba un poco molesta, no lo voy a negar, pero me quedo con el recuerdo de aquel día en que nunca salimos de mi habitación.

xoxox

jueves, 16 de abril de 2026

Nunca me voy a olvidar de eso

Yo sí quiero hacerte daño. ¿Por qué no querría que sientas todo el dolor que me causaste con tu indiferencia? Yo no voy a ser hipócrita como tú. Yo voy a dedicar mi vida entera a que te arrepientas cada segundo de haberme tratado así. Fuiste la cosa más bonita que le pasó a mi vida, pero de qué me sirvió si en el momento que más te necesité no estuviste ahí. Yo nunca me voy a olvidar de eso. 

Una noche para recordar


Una noche, en una fiesta en la playa un tipo se me acercó y me trajo una piña colada servida en un coco. Lo miré y le dije «Yo solo tomo chela». Se fue y regresó con una chela abierta, le dije «No tomo chelas abiertas». No me dijo nada, pero me miró coquetamente y se fue. Cuando regresó vino con un Águila cerrada y me preguntó «¿Así está bien?» y yo le dije que sí «Así me gusta», saqué mi destapador y le di un sorbo. 

Hablamos un rato, luego bailamos y después terminamos besándonos detrás de los precarios baños que suelen haber en una playa. Con sus manos, comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Primero, la cintura, la bordeaba una y otra vez apretandome por los lados. Se sentía riquísimo. Luego recorrió con sus manos mis piernas, desde la rodilla hasta la cadera, metió sus dedos entre mis piernas hasta llegar ahí. Me dijo «Qué calentita estás» y me siguió besando mientras sus dedos se mojaban cada vez más. Yo estaba explotando. Luego me volteó y me apoyó sobre la pared y me preguntó «¿Alguna vez te ha cogido un negro?» y yo le dije que no. «Ahora vas a saber lo que se siente». Se bajó el pantalón, la tenía grande, aunque no era la más grande que había visto, y cuando ya estaba a punto de meterla me volteé y le dije «No lo voy a hacer sin condón». Se llevó las manos a la cabeza un poco desesperado y me dijo «No te vayas, espérame aquí, no te vayas, por favor» Y se fue. 

Yo me quedé esperando. Aproveché en buscar a mi amiga para saber cómo estaba. Todo estaba ok. Regresé al lugar donde estaba antes para seguir esperando al tipo. A lo lejos escuché un silbido y era él haciéndome señas con un condón en la mano. Me decía que vaya hacia él. Yo fui. Me dijo «Hay que hacerlo aquí, por allá hay mucha gente». A mí me daba igual. Me volvió a poner contra la pared, me subió la falda y me la metió despacito como me gusta. Había pasado casi un año desde la última vez que había cogido. Estaba en la gloria. Se acercó hacia mi oído y me dijo «Yo te vi bajar del bus con tus amigos y dije Qué bonita esa chica, no hay chica más bonita». «¿En serio?» le pregunté como si no supiera que eso siempre le dicen a las chicas para que se dejen coger sin problemas. «De verdad, esta blusita rosadita y esa faldita pegadita mmm. Eres una diosa». Yo solo me reía. «¿No me crees?» «No» le dije y me volteé, lo senté sobre un murito que conveniente había por ahí y me senté sobre su pinga recontra erecta dándole la espalda para que me vea rebotar, le puse las manos sobre mis tetas y le dije «No te creo nada». Él no dejaba gemir. Me encanta cuando los hombres hacen eso. «¿Si tan bonita te parezco por qué no me preguntaste mi nombre», «Te llamas Mari», respondió. Me levanté. «¿Cómo sabes?», «Tus amigos te llaman así. Tienes cara de Mari». Eso me puso más caliente, me agaché y se la chupé cómo nunca antes se lo había hecho a alguien. El tipo casi acaba en mi boca, pero pude salirme a tiempo para que acabara entre mis tetas. Ese privilegió no se lo doy a cualquiera.

Después de ese gran tire me llevó a caminar por la playa de San Andrés. «Me dijo hay que bañarnos un rato» Yo no tenía muchas ganas. Nos echamos en la arena a ver el cielo y me contó toda su vida. Hablaba demasiado, no era molesto, de hecho me gusta cuando los hombres me cuentan sus cosas. Mientras hablaba yo solo podía pensar en la estrategia que este tipo había utilizado para lograr cogerme (siempre pienso en eso) y me di cuenta de que lo único que había hecho era hacerme caso y prestarme atención. Como me calienta que los hombres me hagan caso. Me vuelve loca, estoy dispuesta a hacer lo que me pidan.

Realmente fue una noche para recordar.


miércoles, 15 de abril de 2026

Me voy a cachar a todo Lima


Me voy a cachar a todos los hombres de Lima que pueda hasta que alguno de tus amigos/conocidos/familiares te enseñe un video y diga «Mira a esta flaquita qué rico me ha cachado» y me veas a mí siendo una diosa, saltando desenfrenadamente sobre la pinga de alguno de ellos. Solo ahí voy a parar: cuando todos tus conocidos me tilden de puta y a ti te de rabia porque no vas a poder cacharme. Por primera vez una puta te de va a decir que no y yo me voy a reir en tu cara.

Día 1.

Nunca debimos habernos conocido

Todo sería más fácil si nunca nos hubiéramos conocido. Ojalá nunca hubieras decidido cambiarte de carrera y así haber estudiado algo que realmente te de la plata que tanto quieres. En esta ecuación siempre fuiste tú el que salió sobrando. Solo pienso en todo el tiempo que perdí, podría tener un esposo, una familia, una vida que disfrutar, pero yo me contuve porque en el fondo pensé que podrías cambiar. Realmente deseo nunca más cruzarme contigo, que nunca me de ganas de hablarte o buscarte porque antes de hacerlo prefiero cortarme un dedo. Nunca entenderé qué carajos me faltó para que pudieras tomarme en cuenta. En fin, recién ahora entiendo que fui mucho para alguien como tú.

miércoles, 8 de abril de 2026

Me tortura ese recuerdo

Me aterra la idea de que, en el último suspiro de mi vida, el recuerdo de nosotros dos tirados en un pasto húmedo se me cruce por la mente. Tú girándote hacia mi lado para darme un beso en la frente. Nosotros abrazados panza arriba, en una noche de verano, sin pensar en cuánto tiempo pasó. Me tortura que ese recuerdo pueda tirar por la borda todo lo que construí después de ti. Es una verdadera pesadilla que ni siquiera ha comenzado.

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lunes, 6 de abril de 2026

Un duelo

Es más fácil olvidarte de alguien cuando intentas convencerte de que es la peor persona del mundo. Te dices una y otra vez que es un fracasado, un bueno para nada, sin aspiraciones, vicioso, perverso, inútil, degenerado que denigra a las mujeres, piromaníaco y cuanta cosa más. Sin embargo, a pesar de que lo repites sucesivamente, no lo crees. No puedes convencerte de que alguna vez amaste a alguien así. Y te conviertes en una villana que te pone en contra de tí misma. Por un lado eres severa, mantienes firmeza porque crees saber que alguien como él  no es para ti, pero, por otro lado, te muestras dócil e intentas defenderlo para justificar que todavía es posible construir algo a su lado. Ningún lado gana nunca.

La historia queda reducida a dos mujeres dentro de un mismo cuerpo que se baten a duelo por un tipo a quien no le importa nada. 

Fin.


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jueves, 19 de marzo de 2026

La consulta

—Siguiente —dijo la asistenta—. ¿Apellido?
—Céspedes. 
—¿Céspedes, qué?
—Marilyn. Marilyn Céspedes, señorita.
—¿Señorita? Yo soy licenciada, oiga.
—Perdón, licenciada.
—Va a Ginecología. ¿Ya se hizo sus exámenes?
—Sí.
—Ajá. A la cola de allá.

Una hora después, la doctora Echegaray gritó su apellido.

—Soy yo, doctora.
—Pase. Deje entreabierta la puerta, por favor.
—La vio antes el doctor Martínez.
—Sí, doctora.
—¿Por qué no siguió con él?
—No me sentía cómoda, doctora.
—¿Le hizo algo?
—No. 
—¿Entonces?
—No me sentía cómoda le digo. No me gustaba cómo me examinaba.
—Ahhhhhh —dijo refunfuñando—. Estas pacientes, ya ni se les puede tocar porque se indignan. ¿Cómo viene a Ginecología y pretende que no la toquen?
—No he dicho eso, doctora. Pero que te empujen el dedo en lugar del espéculo, tampoco me parece de lo más normal. 
—Ya, ya, ya. A ver, ¿para qué le mandaron a hacer estos exámenes?
—Tuve un sangrado anormal.
—Vamos a la camilla para examinarla. ¿Se va a dejar, no?
—No. Estoy con la regla.
—¿Entonces para qué vino?
—Solo había cita para hoy y el doctor me dijo que nada más me iba a leer los exámenes. Él ya me revisó, debe estar ahí en los apuntes.

La doctora se quedó revisando la historia clínica.

—Aquí no hay nada. Vas a tener que contarme todo de nuevo y rapidito porque ya contigo me quedan diez minutos, no más.
—Tuve un sangrando. No sé qué más decirle. Estaba leyendo en mi cama y cuando me paré comencé a sangrar.
—Mmmmmm ¿Abundante? ¿Medio?
—Abundante como primer día de regla, aunque solo fue un rato.
—Ya. ¿Cuándo pasó eso?
—Hace dos semanas.
—¿Cuándo fue su última regla?
—1 de febrero.
—¿Tiene pareja?
—No.
—¿Tiene encuentros sexuales?
—Sí.
—¿Con cuántas personas?
—Con una.
—¿Cuál es la frecuencia?
—No hay una frecuencia. Solo lo hicimos dos veces en enero.
—¿Usó protección?
—No.

La doctora lanzó una risa sarcástica.

—Deme los días exactos para sacar bien la cuenta.
—No los recuerdo, quizá las últimas semanas de enero, ambas.
—Ya, ya, ya, pero que descuidadita.
—¿Perdón?
—Hay que llevar un calendario con esas fechas. ¿O estás buscando quedar embarazada?
—No.
—Entonces, pues. Hay que estar más atenta. A ver. Te mandaron a hacer prueba de embarazo. Negativo. ¿Cuándo la hiciste?
—El viernes.
—Era muy pronto.
—¿Pronto para qué?
—Para saber si estuviste embarazada. Aunque era de sangre, no creo que haya fallado.
—¿Entonces?
—Mira no creo que haya sido un aborto, mucho menos un sangrado de implantación. Ahí no tienes nada. No hay nada creciendo.

La paciente levantó las cejas, mostrando incomodidad.

—¿Qué?
—Nada —dijo sin darle importancia.
—Esas cejitas. Si me acabas de decir que no estás buscando ser mamá.
—Pero a usted qué le importa si estoy buscándolo o no. Yo solo vine a que me lea los malditos exámenes.
—Uy no, no, no, mamita. Acá no me vas a venir a faltar el respeto. Yo no soy tu empleada, soy la doctora. Te me vas. Te me vas —dijo chasqueando los dedos.
—Aunque sea imprímame mis exámenes.
No te voy a dar nada, maleducada. ¡¡¡Siguiente!!! —gritó la doctora.

La paciente se dio media vuelta, salió y cerró la puerta del consultorio.

Que la dejes entreabierta, por la reputísima madre —dijo para sí misma—. ¡¡¡Siguiente!!!! volvió a gritar la doctora. 

La nueva paciente entró al consultorio.

—Deje entreabierta la puerta. ¿A ver Samanéz, verdad?
—Sí.
—Viene por control de prenatal, pero usted es paciente VIH. ¿Cómo es posible esto? ¿Qué está pasando en este mundo? A ver súbase a la camilla para examinarla.

Afuera, las pacientes que esperaban su turno para ingresar a la consulta escuchaban resignadas todo lo que la doctora pregonaba.

—Eso les pasa por no cuidarse, pues —dijo la asistenta mientras contaba cuántas pacientes habían en la fila—. Este es un hospital de renombre, con grandes profesionales. Si la doctora les dice algo es porque tiene razón, tienen que hacerle caso no más. ¡¡¡Faltan veintiuno!!!  —gritó la asistente— Luego volvió a su módulo, acomodó su diploma de licenciatura y siguió preguntándole a las nuevas pacientes que iban llegando cuáles eran sus apellidos.


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miércoles, 18 de marzo de 2026

Quiero pensar que pudo haber sido una niña

Estaba recostada en mi cama, leyendo Los últimos días de la prensa. Zamorano acababa de tirar por la ventana del segundo piso de La Prensa a Perochena. El redactor estrella yacía inconsciente en el pavimento del jirón de la Unión. Cerré el libro intempestivamente porque me dio cosas pensar en lo doloroso que puede ser una caída así. Se me estremeció el cuerpo. De pronto, sentí un retortijón en el útero, como los que me suelen dar cuando me va a venir la regla. Miré mi Clue y me di cuenta de que todavía faltaba mucho para eso, pero a mí me seguía doliendo. Me levanté para ponerme una compresa caliente y entonces sentí cómo la sangre bajaba. Vi como mi pijama turquesa se llenaba de sangre. Fui al baño, ni siquiera tenía tampones, así que me puse papel toalla para contener la sangre. Volví a mi cama y me puse a llorar. Intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había tenido sexo. Había sido a finales de enero o inicios de febrero y después de eso la regla me había venido normal. Entonces, ¿qué me estaba pasando? Me quedé dormida intentando adivinar. A la mañana siguiente me levanté y me di cuenta de que había dejado de sangrar. Hice mis estiramientos como de costumbre, abrí la ducha para bañarme y me sumergí en agua helada porque la terma no funcionaba. Pensé, puede ser endometriosis, puede ser cáncer, puede ser VPH, aunque en el fondo algo me decía que pudo haber sido una niña. Cerré la ducha y volví a mi cuarto otra vez a llorar.

xoxo

miércoles, 4 de marzo de 2026

Una niña

 

En su hora de almuerzo, Marilyn fue al centro comercial. Mientras caminaba hacia la tienda por departamento recordaba su lista de compras: perfume, cartera y unas sandalias con taquitos. Caminó entre los exhibidores para buscar primero la sección de perfumes. Atravesó la sección de pijamas, la de ropa interior, la de pantalones y, finalmente, la de ropa infantil. No tardó en darse cuenta de que estaba en el piso equivocado, pero aún así estuvo dispuesta a dar una vuelta por ahí. «¿Quién le pone esa ropa horrible a sus hijas?» pensó mientras dejaba en su lugar un conjunto verde chillón. Luego, del exhibidor de al lado, sacó un overall jean claro que tenía estampadas florecitas de colores a lo largo de las piernas.

—A esto me refiero. Esto sí se lo pondría a mi hija.
—Ese también lo tenemos en color turquesa. ¿Le muestro? —dijo la encargada.
— A ver.
—¿Cuántos años tiene su niña?

Marilyn se quedó pensando. No tenía una niña, ni siquiera una sobrina que pudiera caber dentro de esa pequeña prenda.

—Dos años y medio —respondió.
—Debe ser talla dos, pero mejor le sacó talla tres. Ya sabe, las niñas crecen rápido. Si le saco de su talla, en un mes no le va a quedar.
—Talla tres está bien.

La encargada se metió al almacén y Marilyn se quedó viendo la ropa para niñas como si fuera otra mamá más. Los exhibidores estaban ordenados por edades. Desde donde estaba parada hacia su derecha estaban las prendas para niñas mayores; hacia su izquierda, las prendas para bebés. Marilyn caminó hacia la izquierda. Vio unos mamelucos de color pastel, unos pantaloncitos diminutos y una polera que decía I love my dad «¿Y las mamás? ¿Por qué no ponen I love my mom?» pensó renegando. 

—Aquí está —dijo la encargada mostrando el nuevo overall.
—Mmmm me gustó más el otro.
—¿En serio? Este lo llevan más.
—¿Y por qué no estaba en el exhibidor?
—Recién nos han traído la reposición.
—Ahhhh. Mira, no está feo, pero no es el estilo que estoy buscando.
—¿Y cómo qué está buscando?
—Algo con más personalidad.
—Pero es una niña de dos años.
—A esa edad se comienza a forjar la personalidad. Además mira, este color turquesa es muy de señora. ¿No te parece? En cambio el jean con las florecitas le da un toquecito especial.
—¿Entonces le alisto el overall en jean talla cuatro? ¿Es para una ocasión especial? Si quiere le puedo mostrar una chompita que le haga juego.
—No, no. Es solo para cuando tengamos que salir.

*Por terminar*




—Algo con más personalidad, pero no te preocupes. Yo me quedo viendo.
—Si necesita ayuda. Estoy por aquí.


*Por terminar*







sábado, 28 de febrero de 2026

Nuestro hogar


Un departamento con tres cuartos y tres baños. El cuarto más grande con baño para mí, para tener una oficina en donde pueda escribir tranquila, poner una parte de mi biblioteca y mi closet. A un lado de todo eso, una cama plegable para cuando alguien quiera quedarse a dormir y, al otro, la cama de Rory. El cuarto más pequeño para ti, para que puedas instalar tu compu y juegues lo que sea que juegues, hasta pasada la medianoche. Supongo que también querrás colocar una parte de tu biblioteca, así que mandaremos a diseñar un espacio bonito para que todo entre perfectamente. Te tocará el cuarto más pequeño, pero es que las chicas tenemos muchas más cosas. Además, te sorprendería lo que una buena diseñadora de interiores puede lograr hacer. Y, finalmente, el cuarto mediano para los dos. Una cama King o Queen, honestamente me da igual, lo único que me importa es que haya una alfombra bonita, una ventana con vista a la calle y una zona para prender velas y todo ese rollo de aromaterapia. Quiero que nuestro cuarto siempre huela a vainilla y lavanda. No va a haber un televisor porque en las noches tendremos que conversar mucho, la tele nos distraería. Tú te distraes rápido y no quiero que perdamos nuestras pláticas absurdas. He pensado que para que esto funcione definitivamente debemos tener baños separados. Por nuestro bien nunca jamás deberíamos compartir el baño. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Muévase de ahí


―Señorita, muévase de ahí.
―No puedo.
―Señorita, por favor. Estoy apurado.
―Señor...atropélleme, por favor.
―¿Cómo?
―Que me atropelle, que me pase por encima con su carro hasta quedar inconsciente ahí en la pista.
―¿Oiga pero usted está loca o qué?
―Sí, creo que me estoy volviendo loca.
―No puede andar por la calle pidiendo que la atropellen. Nadie se animaría a hacerlo. Si quiere morirse hágalo usted misma.
―No he podido hacerlo.
―¿Entonces me quiere chantar el trabajito a mí?
―Puedo intentar que parezca un accidente, en un descuido podría correr hacia su carro y lanzarme. Usted no tendría que hacer nada. Ni siquiera hay cámaras por aquí, nadie sabría lo que pasó.
―Voy a 30km no le pasaría nada. Además, ¿por qué lo haría? Yo ni la conozco.
―Así es mejor.
―No lo voy a hacer, ya muévase o llamo a la Policía.
―Por favor... señor.
―No, que lo haga el carro de atrás.
―No suelen pasar muchos carros por aquí...
―Entonces eligió mal el lugar para matarse. Váyase a la Javier Prado. Ahí no tiene que pedírselo a nadie. Solo cierre los ojos y cruce.
―Ya lo intenté. Un hombre se bajó a ayudarme porque pensó que estaba ciega.
―Entonces vaya y tírese en los rieles de tren.
―La gente nunca muere ahí, la mayoría queda cuadripléjico. En cambio los accidentes de auto sí son fulminantes.
―¿No ha intentado en la Vía Expresa? Si quiere yo la llevo.
―¿Entonces si me va ayudar?
―No, pero me queda en la ruta. Súbase, nadie merece morir solo en este mundo.


Hombres malos



―Es un hombre malo. Siempre lo fue. Los hombres malos hacen cosas malas.
―Y los buenos también. Los buenos te joden y los malos te joden.
―Y los demás no saben cómo joderte, créanme. Lo digo por experiencia.
―Después de todo lo que sé, después de 20 años de todo lo que aprendimos tiré todo a la basura por poner su nombre en la suite matrimonial. No me reconozco.
―Ya que andamos por ese camino. No puedo creer que mi vida gire en torno de un hombre. ¿En qué planeta permití que sucediera esto?
―Pero lo amas...
―¿Eso me obliga a decir su nombre 50 veces más al día que el mío? ¿Y preocuparme más por sus necesidades que por las mías? ¿Eso es amor?¿Poner al otro primero?
―No. Eso es el matrimonio.

*Escena de Sex and The City

jueves, 5 de febrero de 2026

Quinto mandamiento

Necesito que te mueras,
que te entierren y
pongan una lápida con tu nombre
porque siento
que es la única manera de que
algún día pueda volver
a amar a alguien.

Necesito que haya una misa en tu honor
y el padre se refiera a ti en pasado
fue, tuvo, hizo, logró
que recoja todas las palabras que
te describen
para que yo ya no pueda
usarlas 
en otro ridículo poema de amor.


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Pláticas con Hera




Estar contigo saca lo peor de mí y aunque quisiera echarte la culpa de mi comportamiento, no podría. Sé que soy como la esposa de Zeus, una histérica, orgullosa, engreída, demandante, monógama, celosa, rencorosa, pero sobre todo extremadamente majestuosa mujer. Los historiadores han atribuido el comportamiento desafiante de Hera a las acciones que el miserable de Zeus hacía en el Olimpo. Así, la historia se reduce a que Hera, cansada de todas las desatenciones e infidelidades de Zeus, tuvo que enfrentar su situación con la larga retafila de características que mencioné al inicio. ¿Pero qué hubiera pasado si tan solo el desgraciado de Zeus le hubiera dicho todas las noches «Qué descanses muy bien, amor»? ¿A caso la historia habría sido diferente? Lo pregunto porque quizá tendríamos a una Hera complaciente y contenta que es amada por su esposo aunque en secreto, y con más tino, sería engañada una y mil veces por Zeus, quien, en ninguna de las posibles líneas temporales de esta historia, podría ser diferente porque, en el fondo, lo que quería era humillar a Hera. Quería dejarle en claro que no tenía ni tendría jamás su atención y yo me pregunto si estás haciendo lo mismo conmigo. ¿Quieres humillarme mientras me dices que vivo atravesada por una supuesta locura ansiosa que no me permite entender por qué no respondes mis mensajes en todo el día o prefieres ver a mujeres desnudas en un scroll infinito sin el más mínimo remordimiento? 

Yo sí te entiendo, Hera. En el fondo eres solo una mujer pidiendo a gritos un poquito de atención, ¿pero realmente quieres la atención de un patán como Zeus?

martes, 3 de febrero de 2026

Los hombres no me soportan

Salgo a la calle y los hombre me miran. He pensado que no soy la mujer más hermosa del mundo, pero ellos siempre están ahí. Algunos se quedan como tontos al mirarme la cara; otros prefieren mirarme el culo o las tetas. De alguna forma siempre obtengo su atención y yo me rio de ellos. Aunque aquellos encuentros sean apenas fracciones de segundos, me hacen saber que me desean, que harían cualquier cosa por tenerme. He vivido así toda mi vida y lo cierto es que me he acostumbrado a siempre ser mirada y deseada. Por eso, cuando un hombre me niega su atención, algo se descuadra en mí. Y me pongo a pensar fehacientemente qué está pasando o qué estoy haciendo mal. Haciendo un balance de todas esas experiencias, me he dado cuenta de que esto ocurre cuando hablo. Los hombres me desean cuando tienen su propia idea de mí, pero cuando me conocen, ya no les parezco tan interesante. Yo no sé qué será, quizá es esa alegría asfixiante que me domina o quizá simplemente es porque les dejo saber que soy más inteligente que ellos. 

Como sea, ahora sé que aunque los hombres me desean, no soportarían estar más de una hora conversando conmigo. Simplemente no me soportan. 


domingo, 1 de febrero de 2026

El amor después del amor


Alguna vez lo tuve todo, pero dudé. No estaba preparada para esa responsabilidad. Me asustaba el largo plazo, la estabilidad y la idea de que siempre puede haber algo mejor. Me equivoqué no solo por dudar, sino por la forma en que salí de ese lugar. Volvía una y otra vez como las réplicas de un temblor que desacomodan todo y algunas veces destruyen mucho más que un terremoto. Me di cuenta de que mientras más grande me hacía, más miedo me daba la vida en pareja. Esa absurda idea de tener que compartir tu espacio personal con un hombre, más allá de encuentros frecuentes no tenía lógica en mi cabeza. Por eso me fui.

Me decía a mí misma que antes de tener una relación debía conocer el mundo. Encontrar mi propio camino porque me daba terror depender de un hombre y que éste haya vivido mucho más que yo. Hice casi todo lo que había planeado en mi maldita mente siniestra de 20 años. Viví sola, viaje a varios países, me tiré a media ciudad, tuve trabajos increíbles y descubrí que lo que realmente quería hacer en mi vida era escribir. Pasó casi una década para poder darme cuenta de todo eso. 

Mientras tanto, la única persona a la que le había dicho «Te amo» continuaba con su vida sintiendo un profundo rechazo hacia mí. Nunca sabré todo lo que hizo durante esos años, tampoco quiero saberlo. Digamos que si tuviéramos que contar nuestra historia de amor, esa etapa sería un gran paréntesis vacío. Ambos avanzamos, pero a mí me gustaría que volvamos a encontrarnos, que volvamos a intentarlo, aunque me esté muriendo de miedo porque no creo poder lograr sostener esas responsabilidades de adultos que tenemos que asumir ahora. Me destroza no darme cuenta de que hemos crecido y que ya no podemos pensar solo en besarnos y tirar a todas horas del día. Me destroza pensar que si queremos estar juntos tenemos que pensar en el dinero y en contratos de trabajo. 

Realmente quiero intentarlo, pero me doy cuenta de que solo soy una ridícula mujer en sus treinta que todavía quiere disfrutar del amor como cuando tenía veinte años. ¡Qué incongruencia!



viernes, 30 de enero de 2026

Idea original de...

He pensado en tu absurda idea de no tener pareja hasta no tener el suficiente dinero que necesitas. A simple vista parece una decisión responsable, pero detrás se esconde un genuino problema: no te conformas con nada. No tienes suficiente dinero, tu trabajo no es suficientemente perfecto, no tienes suficiente tiempo en el día. En fin, nada es suficiente para ti. Pero lo cierto es que no eres el único hombre en esa situación. De hecho, más de la mitad de los habitantes del planeta subsisten de la misma manera, me incluyo dentro de ellos. Cada vez es más difícil alcanzar la independencia económica y he quedado sorprendida por cómo ese factor influye determinantemente en las relaciones de pareja. He pensado que ese puede ser un tema increíble para un guión de película. Si logro hacerlo realidad te pondré en los créditos como creador de la idea original, con la esperanza de que eso te ayude a solucionar tu problema. Obtendrías regalías si la película se convierte en un éxito, aunque quizá ese dinero tampoco sea suficiente para ti y pongas otra excusa para evitar tener una relación conmigo. ¿Cómo saberlo? 

lunes, 26 de enero de 2026

Un final alternativo para El amor en los tiempos del cólera

Escribo estas líneas mientras espero que llegues a buscarme. No sé cómo terminará el día, lo más probable es que terminemos peleando como ha sucedido en nuestros últimos encuentros. No he podido pensar en lo que me contaste sin llorar porque cada vez que lo intento se me aparece tu imagen en alguno de esos lugares oscuros con luces fluorescentes. Tú rodeado de mujeres, habiendo elegido estar ahí, pudiendo elegir con quién estar y reforzando un sistema que mercantiliza el cuerpo de las mujeres. Y me siento pequeña, me siento tonta y poca cosa porque alguna vez te escuché decir que me amabas, pero ahora dices que por la misma razón elegiste estar ahí. No tiene sentido. Me pregunto si en este punto todavía vale la pena entender por qué lo hiciste. 

Tú y yo ya no teníamos una relación, pero siempre estuvimos conectados de alguna manera. Pensé muchas veces que el momento para nosotros sería después de haber recorrido un camino por separado. Pensaba que siendo adultos, quizá un poco más maduros y con mayor estabilidad económica que es lo que siempre te había preocupado a ti, podríamos volver a encontrarnos. Ambos decidimos continuar con nuestras vidas y jamás te reprocharía por haber salido con otras mujeres. De hecho, en la posición en la que estoy no podría o debería reclamarte nada. Pero lo que hiciste me afecta, me duele demasiado y no sé si algún día podré superarlo. Me siento decepcionada, pero sobre todo absurdamente tonta. Es la segunda vez que uso este adjetivo porque no encuentro otra palabra que me describa mejor. Tonta por haberte imaginado de una manera. Tonta por haber pensado que compartíamos los mismo valores sobre el cuerpo de las mujeres. Y tonta porque alguna vez te pregunte si lo habías hecho y me dijiste que nunca pagarías por sexo.

Sé que eventualmente seguirás yendo a esos lugares porque una vez que lo haces es difícil salir de ahí. Lo digo porque yo misma tuve que enfrentarme a eso cuando decidí dejar de ver pornografía. Sé lo difícil que es dejar algo tan adictivo como el sexo. Yo no puedo hacerte cambiar de opinión sobre cómo valorar el cuerpo de las mujeres porque esa es la forma en que tú entiendes el mundo, pero no es la mía. Y que me lo hayas contado me permite entender algunas actitudes tuyas como el hecho que solo me trates bien cuando tenemos sexo, cuando mi cuerpo es útil para ti, pero cuando ya no puedes disfrutar de él, ni siquiera me respondes ni me preguntas cómo estoy, puedes pasar meses sin saber de mí. Me pides dinero para pagar el hotel en el que hacemos el amor, pero entregas el tuyo sin reproches cuando te acuestas con mujeres que por ningún dinero del mundo te dirían Te amo. Me duele pensar que me ves de la misma manera que a ellas porque aunque digas que no, ahora más que nunca estoy convencida de que sí. 

Mientras escribía esto, me he acordado cuando leí El amor en los tiempos del cólera, tenía apenas 13 años. Cuando pensaba en Florentino Ariza y las más de 600 mujeres con las que se acostó porque no podía estar con Fermina Daza, sentía emoción. Pensaba, un hombre nunca olvida al amor de su vida, puede estar con muchas mujeres, tan distintas entre ellas, pero siempre la lleva en su corazón. Idealicé tanto el libro que en algún momento llegué a pensar que quisiera tener como pareja a alguien tan persistente y "romántico" como él. Quizá eso explique porque te elegí como pareja, pero después de veinte años, ya no puedo pensar lo mismo. Tú no eres Florentino Ariza, ni yo Fermina Daza ni tampoco esto es El amor en los tiempos del cólera con una final feliz. Esto es lo más parecido a una novela tóxica de adolescentes y vampiros en donde el amor lo justifica todo. ¿Realmente queremos estar en esa situación?

Tratar de entenderte me destrozaría aún más por eso he decidido olvidarme del tema. Olvidar lo que me contaste porque de alguna manera quiero dejar abierta la posibilidad de que puedas entrar en mi vida. Y te escribo esta carta porque tampoco quiero olvidarme de que soy yo la que elije hacerlo porque quiero desesperadamente, que sigas siendo parte de mi vida. Quiero mantener la esperanza de cumplir, en algún momento, el sueño que teníamos de vivir juntos, teniendo sexo a todas horas del día y conversando de cualquier cosa desnudos tumbados sobre una cama. Disfruto tanto de esos momentos que haría lo que sea para que nunca se acaben.