domingo, 19 de abril de 2026

Nunca salimos de esa habitación

Una vez estaba tirada en mi cama. Tenía ganas de tirar, entonces entré a Tinder. Estaba dispuesta a todo. Hice match con un chico que vivía cerca y acordamos vernos, le dije que venga al departamento. No quiso, me dijo ven tú. Cancelé el match, no valía la pena, era una nena. Entonces seguí scrolleando y me encontré con Leandro, mi exenamorado del colegio. A los trece años me besó el cuello y, por primera vez, sentí lo que era estar excitada. Fue el primer hombre que alguna vez entró a mi habitación y el primero también en ponerse encima de mí. Nunca pasó nada. Yo no quería. La verdad que fue mejor porque luego me engañó con otra chica. En fin. Hicimos match. Le dije que viniera y me dijo que sí. Yo estaba en pijama. Pensé que si alguien te invitaba a su casa a la medianoche era una señal clara de que era para tirar. Leandro no lo entendió así y se apareció bien vestido, estaba lindo, la verdad. Me miró de pies a cabeza, yo estaba descalza y el seguía luciendo tan lindo. Estuvimos en la cocina conversando, tomando chelitas como hasta las dos de la mañana. No recuerdo cómo hice para llevarlo a mi cuarto, él estaba un poco tímido. Cuando entramos quiso prender la luz y yo le dije que no que mejor sintiera mi cuerpo con sus manos. Y me comenzó a tocar. Me dijo «Prende la luz, siempre he querido verte sin ropa». Yo le dije que no y le puse las manos en mi culo. Terminamos tirando. A la mañana siguiente, me levanté a preparar café. Le traje una taza a él y me dijo «Qué genial estuvo ayer», yo le dije que sí que qué bien que al fin logramos tirar. A los trece años, Leandro había intentado una y mil veces tirar, pero yo nunca había querido. Luego pidió pan con chicharrón y desayunamos juntos. Fue lindo, yo seguía en pijama y el con su camisita abierta y en bóxer. Terminamos de comer y nos echamos a conversar del pasado, le pregunté por qué me había engañado, pero no quiso entrar en detalles. También le pregunté si cuando estaba conmigo ya había tirado con alguien y me dijo que no «Quería que mi primera vez fuera contigo», «Sal de acá» le dije yo. Conozco a Leandro como la palma de mi mano, a pesar de no haberlo visto hace más de diez años. Lo hicimos una vez más, esta vez con luz natural. Leandro siempre ha usado lentes y, en el colegio, lo molestaban mucho por eso. Cuando estábamos tirando frente a frente no los tenía puestos, pero cuando me volteé, me dijo «Espérate, mis lentes». Yo me reí. Entonces se los puso y me siguió dando en cuatro. «Hay que hacer un video», me dijo y yo le respondí «No porque sino ya no regresas». Y me siguió dando. Luego me fui bañar porque tenía que ir a almorzar con unos amigos y Leandro se cambió. Nos fuimos junto en el taxi porque el restaurante estaba cerca a la ruta de su casa. Cuando estábamos ahí le dije «Gracias por venir» y me dijo «Ah, ¿entonces me agradeces porque te hice un favor?». Yo me reí coquetamente. «O sea, sí tenía ganas de tirar». «¿Por qué no salimos el próximo sábado», me preguntó. Yo no pensaba en eso, «¿Salir?» Me dije a mí misma. «¿A dónde?» «Vamos a tomar unas chelitas a Miraflores». «¡Uyy, sí! Vamos a Barbarian». Barbarian era mi bar favorito. Quedamos en salir. Bajé del taxi y nos despedimos con un beso en la boca. Vi a mis amigos y me preguntaron que por qué estaba tan feliz. Yo solo podía pensar en lo mucho que un cache te alegra el día.

El siguiente sábado, el estado emitió un anuncio de precaución sobre Covid-19. Todo el mundo tenía miedo. Te aconsejaban no salir. Entonces le escribí y le dije que me daba miedo que mejor viniera mi casa y nos quedáramos aquí. Leandro llegó con un sixpack de chela. Esta vez no lo recibí en pijama, sino con una ropa un poco más apretadita. Las chicas se habían ido, teníamos la casa para nosotros. Nos quedamos en la sala conversando. Luego comenzaron los besos y otra vez para el cuarto. Lo hicimos muchas veces y después me pidió un pollito a la brasa. Era como la una de la mañana. El pedido nunca llegó, yo me molesté, y él se puso fuerte «No es mi culpa», «Sí tienes razón», pidió Bembos. Comimos. Al día siguiente, ya era domingo, me levanté como siempre a hacer café, traje las dos tazas y pidió desayuno criollo. Comimos y nos volvimos a tirar a la cama a seguir hablando. Me contó que había estado con una chica como cuatro años y yo le dije que también. Nos dimos cuenta que ambos habíamos sido malas personas. Llegó la hora de almuerzo y pedimos algo para comer. Talía me escribió un mensaje «Oye a qué hora sales del cuarto desde ayer estás metida ahí». «Chica, no voy a salir, estoy en la gloria». Y es que nadie puede negar que no hay mejor plan que tirar, comer y conversar, encima en un domingo. No podía desaprovechar esa oportunidad. Tiramos varias veces entre comida. Luego llegó las 7 de la noche, Leandro no se iba, a mí no me molestaba. Le dije «¿Oye y si te quedas toda la semana?» «¿En serio? ¿No te dicen nada las chicas?» «No creo, el enamorado de Talía vive prácticamente aquí». «Lo pensaré», me dijo. Yo ya me imaginaba haciendo mi vida con él. Luego me dijo que el presidente iba a dar un mensaje a la Nación. «Prende la tele». Puse canal 4. Vizcarra anunciaba que el país entraba en cuarentena desde la medianoche. Leandro se desesperó. Lo llamaron de su chamba, lo llamó su mamá. Yo hablé con Paolo que estaba en Argentina y no sabía qué hacer. Entramos en caos. Luego me fui a bañar y le dije «Me voy a casa de mis papás». «Te acompaño» «No, no te preocupes, mejor anda a tu casa, no vaya a ser que luego no consigas taxi». Me ayudó a hacer mi maleta para «15 días». Me acompañó al banco para sacar efectivo y luego me pidió un taxi para mi casa. Todavía se acordaba mi dirección. No lo podía creer. Nos despedimos frente al Chilis que está en Av. Angamos y nunca más lo volví a ver. Seguimos hablando un par de meses después, pero la situación lo hacía inviable. Después estuvo con una chica, seguí toda su historia de amor por redes hasta que terminaron. Me volvió a escribir y ya no le respondí.

Estaba un poco molesta, no lo voy a negar, pero me quedo con el recuerdo de aquel día en que nunca salimos de mi habitación.

xoxox