Me aterra la idea de que, en el último suspiro de mi vida, el recuerdo de nosotros dos tirados en un pasto húmedo se me cruce por la mente. Tú girándote hacia mi lado para darme un beso en la frente. Nosotros abrazados panza arriba, en una noche de verano, sin pensar en cuánto tiempo pasó. Me tortura que ese recuerdo pueda tirar por la borda todo lo que construí después de ti. Es una verdadera pesadilla que ni siquiera ha comenzado.
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