domingo, 20 de septiembre de 2015

Cuando el flash deja de encenderse

Hace algunos días estuve recordando cuando realicé una competencia que, posteriormente, marcaría mi vida. En ese momento, no era consciente de cuán trascendental llegaría a ser para mi. Quizá por ello no me preocupé en querer retratar cada segundo de lo que transcurría. Además de ello, convenientemente, ninguno de los presentes tenía una cámara cerca; cosa rara, pues vivimos en el imperio de los smartphones. El evento había sido espectacular, cada segundo fue tan intenso y quienes me acompañaron en ello dieron todo lo mejor de sí. Al terminar, apareció alguien y nos dijo "lo hicieron muy bien, a ver una foto" y de pronto: "Flash". La única foto al terminar el evento, el único recuerdo de aquella tarde tan apasionada. Solo una imagen que , a veces, me gusta verla y recordar cada segundo de cómo comenzó todo, de cómo se desarrolló todo y, al final, reniego de por qué no hay más fotos de aquella tarde. Me pregunto si hubiera valido la pena tener un álbum completo, lleno de poses ficticias y con cada movimiento muy bien retratado. 
¿Cómo competir con un recuerdo impreso? Mis recuerdos se encuentran al pie del abismo, me aseguro de no olvidar jamás aquel momento, pues aquella fotografía solo muestra una parte de lo que fue toda esa tarde y yo quiero recordarlo todo. Constantemente lucho contra el tiempo por querer preservar un momento que tiende a idealizarse en mi cabeza porque no hay más recuerdos impresos que me digan que las cosas sucedieron así. Entonces, a veces cuestiono los hechos "¿fue así o no?, realizo ejercicios de ucronía, "ah, pero pude haber hecho esto" y todo ello es divertido, pero corrompe mi memoria.
El recuerdo que ahora es más lúcido, pronto se hará más frágil quizá al punto extremo de desaparecer. No sé si seguiré conservando aquella fotografía, no sé cuánto tiempo más aquel recuerdo estará en mi memoria, pero sé también que no hay necesidad de retratar cada segundo de lo que vivimos. Digo esto porque sé que si hubiera sabido que alguien me estaba grabando o tomando infinidades de fotos, no habría podido actuar como lo hice. La cámara nos condiciona, pues intentamos tomar posturas ficticias: sabemos que es una recuerdo a largo plazo. Quizá el sentido que le damos ahora a una foto no maneje el mismo concepto de larga duración, más bien diría yo que tiene el efecto de diez minutos. Entonces ahí viene el gran problema, ¿qué es lo que realmente vale la pena retratar?¿cómo reconocer la funcionalidad de una foto? o¿ es que acaso ahora ya nadie asocia el recuerdo con la fotografía y más bien la ve solo como una manera de proyección y representación? ¿Una foto ya no me sirve para recordar? Increíble sería conocer lo que piensa la gente sobre esto, pues nuestra "memoria" ya no está dentro de nosotros, sino en un usb o en Facebook. Quizá sea necesario apropiarnos un poco de ellas, seleccionar qué cosas son importantes en la vida, y vivir su transcurso. Una fotografía podría proyectar a alguien bailando, pero esconder otro tipo de actitudes que solo es posible conocer a partir de nuestra memoria. Las fotografías nos inducen a ello, a recrear un momento que ya pasó, pero ¿por qué sacaría 350 fotos de un bautizo? No tiene sentido retratar el conjunto de un hecho porque en el intento de abarcar todo dejamos de notar la sensibilidad de una sola acción.
Aquella fotografía, en donde salimos triunfadores, no muestra cómo conseguimos el triunfo, sino cuán felices fuimos de haberlo conseguido, a veces es suficiente para mi, pero otras veces lucho con mi memoria para recordar cada momento, cada detalle y, sin embargo, siempre regreso al mismo punto de partida: la sensibilidad que muestra una fotografía es lo que debe ser importante. Verme sonriente, completamente feliz debe poder ser suficiente porque resume cada uno de los segundo que transcurrieron en aquella competencia. La particularidad de una fotografía hace que mi recuerdo se fortalezca que me apropie de él.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Sin fondo

"Amar sin lastimar es imposible" solía pensar, pues nunca había sido yo la damnificada. El aura de mi suerte comenzó a cambiar algunos meses atrás, quizá por esta época en donde todos solíamos  juntarnos alrededor de un par de botellas. En ese entonces, la ignorancia me había hecho su presa favorita. No sabía nada, no entendía nada, no especulaba jamás todo lo que luego iría a venir. En ese entonces, yo solo miraba a un punto fijo y nada me distraía, en ese entonces, sentía seguridad, pero luego todo cambió. Comenzó como un pensamiento/semilla que fue germinando en mi cabeza, creció tanto que se ramificó hacia todos los aspectos de mi vida. De pronto, me encontré volteada, mirando hacia otro punto, irreconocible, desvariada, había perdido la cabeza: ¿estaba realmente enamorada?. No, susurraban todos con voz de protesta, mientras mi mente se repetía: te amo, te amo, te amo, te amo...
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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los perros de la estación

Cuando me encuentro en la cola para entrar a la estación se avecinan dos perros rústicamente vestidos. Caminan como si la ruta no les fuera extraña, como si esquivar los pies de las personas fuera algo cotidiano. Y es que en verdad lo es, porque han hecho de la estación su hogar perenne y los empleados los han acogido de buena manera. Sospecho que son estos quienes le compraron aquella vestimenta para contrarrestar el frío que hace por acá y quienes también los alimentan al pie de los torniquetes. 
Por la mañana estos se encuentran muy despiertos, vivaces porque la gente comienza a llegar muy temprano y a hacer bulla. Pero ellos viven en su mundo, deambulan en círculos sin querer dejar la estación, no cruzan la pista se quedan ahí. Por la noche, siguen ahí al costado de los torniquetes, pero esta vez ya durmiendo, la gente transita por su lado y ellos siguen ahí sin inmutarse de la bulla, de las personas que los pisan: ellos solo duermen.
No tienen nombre, la gente los llama con sonidos de besos, o con onomatopeyas "Guau, guau" dice una pequeña que se anima a acariciarlos, pues son tranquilos, no muerden ni gruñen. Asumen esa actitud pacífica quizá porque son conscientes de que no deben causar ningún disturbio. A las 11 de la noche, la estación cierra sus puertas, ya nadie puede quedarse adentro, entonces estos salen y duermen al pie de la puerta, abrigados y alimentados- quizá por los empleados, quizá por los usuarios-. Se quedan ahí enroscados en su propio calor. Al día siguiente comienza la misma rutina, deben levantarse a las 5:50 que abren las puertas, entran un momento y continúan con el sueño interrumpido, a las 6:30 vuelven a despertar y pasan entre las largas colas, nadie los bota, nadie les dice nada, son los perros adoptados por la estación, quizá porque el escenario en que esto transcurre hace posible esto. No podría ser posible en la ciudad en donde no hay perros callejeros, en donde hay grandes avenidas y la municipalidad te multa si no cruzas debidamente por las líneas peatonales. Aquí en los conos, hay más flexibilidad -por no decir informalidad- siempre hay perros en las calles; de ahí que nadie se inmuta.

Mañana florecerá

Hace 5 años decidí escribir todo lo que pensaba, decidí hacerlo porque pensé que a alguien podía interesarle lo que una chica de, entonces, 16 años podía pensar. No encontraba un lugar en donde ser escuchada, quizá porque pensaba que lo que creía no era interesante, no eran suficiente las clases, los debates, ni las reuniones amicales. En ese entonces pensaba en el amor como un camino de refelxión, pronto me di cuenta que era la sociedad en la que en verdad debíamos detenernos a reflexionar. Decidí entonces desviar los intereses del blog a una causa más justa, a un objetivo primordial, pero sin perder el propósito inicial: dar voz a las ideas reprimidas, a las historias sin contar, a los que escriben en secreto, a la gente que ni si quiera sabe hacerlo. Darle voz a los que, verdaderamente, quieren ser escuchados. 
Comencé a creer entonces que lo que me enseñaban en la universidad debía ser aplicativo y nunca jamás quedarse solo en mi cabeza como teoría que algún día sería utilizada para la creación de un articulillo. Tuve la gran suerte de conocer a gente que cambió mi vida: profesores, amigos de otras carreras  que me cuestionaban constantemente qué iba a hacer con todo el conocimiento que tenía bien aprendido: "hay que abrir las canchas solía pensar". He pensado, dentro de toda esta renovación del blog, en incluir algunas entrevistas. No soy periodista de profesión, pero me siento en la capacidad de hacerlo. Conversacions interesantes con personas que nos calificadas como tal: la señora que vende emoliente en la Estación, el señor que barre las calles de la universidad, un cobrador de combi. Mi interés va hacia cómo llegaron a esa profesión, cómo interiorizaron esa realidad que para muchos es tan lejana y desdeñable. Es una opción, quizá viable -en la medida que tenga el tiempo para realizarlo-.
Había pensado, además, en seguir escribiendo sobre el amor, la decepción y la soledad: todos temas jamás agotables. Insisto en ello porque creo haber tenido un público seguidor que se acostumbró a ello, y también porque me gusta. Por ello, he creado algunas etiquetas que podrán servir para identificar la temática de cada post.
Finalmente, espero que esta etapa de renovación me sirva mucho y también, a ustedes, lectores anónimos a quienes agradezco cada visita. Me alegro mucho cuando dejan comentarios o tan solo se suma una visita al contador. Toda mi vida lo único que interesó fue escribir, escribir e influenciar en la sociedad en la gente y que pudiera reflexionar sobre lo que somos, lo que hacemos y cómo lo hacemos. Creo estar en un momento en donde la conciencia nacional ha tocado mi alma fervientemente, no sé si producto de la madurez o de haber conocido a las personas correctas, pero sea lo que fuere no me arrepiento de nada de lo que escribí aquí. Cada decepción, cada memoria, cada amor no correspondido, cada reflexión sobre ello me preparó para algo más grande y real.

Gracias totales

Mari

lunes, 7 de septiembre de 2015

Holocausto de amor

- Deja que tu corazón hable por ti
- Eso no sirve
- Te ayudará a creer que hay posibilidad. No sirve, pero es la misma basura de autoayuda
- No quiero placebos, en verdad quiero estar tranquila. Dejar de pensar en él.
- Entonces, mejor, ¿por qué no enfrentas las cosas?, lo miras a los ojos y le dices “¿qué chucha te pasa, déjame en paz?”
- Porque no puedo…
- No quieres, no puedes.., ¿qué es lo que harás? ¿Tragarte el dolor?.
- No, quizá pueda tomar el placebo un tiempo más, hasta buscar una solución final.
- Sabes que el Holocausto terminó mal.
- Nunca comenzó bien, tampoco fue predecible y ya ves todo lo que pasó. 
- Las soluciones finales intentan desaparecer el problema, pero en su afán se llenan de fanatismo y sentimentalismo que impide ver lo que realmente se quiere desparecer.
- Quiero desaparecer este dolor, esta angustia de pensar cada segundo en él, esta pena que siento cada vez que lo veo caminar a mi lado.
- Vamos a alistar las cámaras de gas...
- Vamos, pero esta vez me quedaré yo adentro.


viernes, 4 de septiembre de 2015

Fama o trascender: el eterno cuestionamiento

Todo es tan irrelevante, las discuciones en clase; "las corrientes historiográficas definen un enfoque..." blablabla, después "¿qués es el virreinato?, ¿qué es la figura del poder?" Todo en mi mente es blablabla. ¿Para qué escribir si nadie va a leerme? El gran amigo me dice "tienes que ser como el causa Tito" Claro, pienso yo, claro que sí y quiero que me elogien los académicos y quiero ser la gran inspiración de una generación de estudiantes y quiero que cuando muera sigan hablando sobre mí y quiero que digan que después de mi, nada. 
-"Claro, amigo, yo quiero eso, pero primero tengo que comenzar a escribir algo interesante" 
- "Que no sea la colonia, pues" 
- "Créeme, va a ser trascendental" 
-"Te pareces a mi, chica rebelde, eterna contradictora del discurso académico"
- "!Ay, no!yo escribo sencillito no más"
-"Tsssssssssssssssss"

jueves, 3 de septiembre de 2015

Preguntas para el profesor C. ...

El profesor decía en clase, "Tampoco hay que caer en la idealización de lo popular", y sentí como si me dispararan en el centro del corazón. "Profe, eso es inevitable" quise decir, pero callé. Seguí pensando, "Enfrentarse a lo popular -desde afuera- es muy complicado, sobre todo, si ni si quiera se ha tenido algún tipo de contacto previo. Con esto tampoco quiero decir que los "no populares" o, para efecto prácticos, "los ricos" no puedan estudiar lo popular. Pero es por estos casos, en donde la lejanía evidente crea un puente de identificación, que la 'idealización' se hace inevitable. Pasa lo mismo, con quienes lo estudian desde adentro, 'idealizan' sus acciones y le encuentran explicaciones académicas, es como si intentasen una manera de reivindicación a través del estudio de su propia cultura, tantas veces marginada". Tampoco le mencioné esto al profe. Temí la crítica certera de los presentes, temí por mi concepción tan marginal y cerrada, "si no te has ensuciado los zapatos, ¿cómo chucha piensas estudiar la cultura popular? No puedo evitar pensar, "quizá porque me revienta la manera en que se tratan estos temas: la lejanía, la utilización convenida de la cultura popular. Quieren darla a conocer a quienes no la conocen, ¿cómo puede contribuir a esta misma cultura? ¿Importa la mirada desde afuera? cuando lo que se debe pretender es construir una mirada interna. Que lo popular sea llevado a la afanada burbuja académica no debe ser el objetivo, nuestra labor final son las personas, su cultura: solo ellos son los únicos herederos y verdaderos beneficiarios de lo que se produce sobre su propia cultura". "Ay no, dirían por atrás y apelarían a sus conceptos tan complicados de cultura, Ay no, y apelarían a los autores clásicos" y yo simplemente respondería "Primero anda haz tu cola en un Vaso de leche y siéntate en un silo antes de habar así". El profe me diría, "A ver, Marilyn, pero no estás considerando..." "Sí, profe, a ver lo escucho (solo sus palabras pueden calmar mi ira)".


Dedicado a uno de mis profesores favoritos, el profesor C. 

Abre los ojos..

Podría preguntarme cada segundo si en verdad quiso algo serio conmigo, podría reventarme la cabeza tratando de adivinar si fui una más de su lista o si en verdad fui alguien especial. ¿Tiene sentido hacerlo ahora? ¿Por qué atormentarnos con el fracaso de una ilusión, si a simple vista es solo eso: una ilusión, pasajera y volátil. Quizá porque estos fracasos y no los de el verdadero amor son los que más duelen. Si fracasó entonces no fue nunca el verdadero amor, pero si una ilusión fracasa sin antes haber empezado siempre nos preguntaremos ¿cómo habría sido? y eso es lo que perturba más. Es una explicación simplista, pero el amor más que un sentimiento es una manera de pensar, una tendencia, una moda de la cual solo algunos logran trascender y los que no, se quedan sumergidos en el eterno y cuestionador ¿por qué?
¿Cómo dejar de pensar en lo que pudo haber sido?, ¿cómo convivir con un recuerdo ficticio?, ¿cómo mirar al protagonista del mundo maravilloso en el que actuó por un algún tiempo? La ilusión es un mundo apacible para quiénes se encuentran en crisis existenciales, es una manera fácil de escapar de la realidad; es también, una excelente terapia, solo que - a veces - otras personas pueden salir lastimadas, sobre todo, si nunca pidieron estar en aquel mundo imaginario.
La o el causante de tus reflexiones nocturnas, de tus preguntas agobiantes no debe ocupar un lugar que jamás intentó obtener. Cuando crees que alguien te mira, pero en verdad mira lo que hay detrás de ti o cuando alguien es amable contigo y, automáticamente, crees que intenta algo más: todo esto y otras cosas más son parte de tu imaginación y es difícil llegar a comprenderlo, es difícil ser consciente que en nuestra mente se está creando un mundo en donde no somos los úicos, sino que hay otro protagonista. Pero estas ideas son falsas, son guiones creados por nosotros mismos para intentar mejorar nuestra "situación". Lo peor de todo es que es necesario realizar este excurso porque solo así seremos conscientes de nuestra realidad. El choque, el abrir los ojos, será doloroso, pues todo lo que hemos construido lo veremos caer ante nuestros ojos. El protagonista que creímos que nos miraba revelará su verdadera intención y eso nos perturbará. Pero luego vendrá la mejor parte, empezar a vivir de verdad.
Alguna vez, alguien frente al mar me dijo: "¡Qué linda es tu voz, carajo!" y me obsesioné con ello, me grababa día y noche tratando de adivinar por qué a alguien le parecería linda mi voz. De pronto un día deje de hacerlo, de pronto dejé de entonar y querer mejorar mi sonoridad vocal. De pronto, solo abrí los ojos y me di cuenta que tenía a un gran amigo al lado, a una buena persona que solo hacía lindos cumplido. Empecé a vivir, miré a mi costado y me di cuenta que había dejado de lado muchas cosas por crear un mundo ficticio en donde todo se hacía de acuerdo a mis reglas. Ya no es más así, la vida no es así. En el mundo real, la gente no te invita a ver cémo el sol se esconde en el mar, en el mundo real te llevarán a la parte más fea de la playa para conversar del fracaso de la política nacional y no te llevará tu idealizado protagonista, sino solo una persona. Abre los ojos
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