viernes, 24 de abril de 2026

Mi primera vez


La primera vez que tuve sexo con un chico fue a los 19 años. De alguna manera, yo me encargué de que sucediera. Muchos hombres me lo habían propuesto, incluso había llegado demasiado lejos con algunos, pero ninguno me daba la confianza que yo necesitaba, hasta que conocí a David. Él era mi compañero en la facultad. Era tímido, no hablaba mucho y eso era lo que más me gustaba de él. Me gustó desde la primera vez que lo vi, aunque no lo suficiente como para decidir que mi primera vez fuera con él. Pero, una tarde, estaba descansando con mis amigas, tiradas en un pastito por el Comedor Central de la universidad y soñé con él. Soñé que me cogía de una manera increíble. En esa época yo solía ver mucho porno, entonces tenía muchas referencias gráficas de lo que se le podía hacer a una chica en la cama. Me desperté con los gritos de Karen, que decía que había zancudos y que ya no quería seguir durmiendo ahí. Yo estaba recontra mojada. Nos levantamos y cada una se fue para su clase. Yo me quedé pensando en David y me di cuenta de que tenía que ser él. Inconscientemente lo había elegido.

A partir de ahí comencé a elaborar mi plan. Le hablaba todos los días por Messenger, me sentía más cómoda así. Me daba verguenza hablarle en persona porque me sentía tonta a su lado. Él sabía muchas cosas y yo nada. Estuve en ese plan semanas. Hablándole de cosas sin importancia. «¿Ya viste Asu Mare? ¿Ya leíste el texto de Millones? ¿Me recomiendas películas?» Un sinfín de preguntas tontas, pero que de alguna manera me permitieron conocerlo un poquito más y darme cuenta de que era una gran persona y me gustaba mucho más de lo que podía imaginar. Llegué a pensar de que quizá no aceptaría tirar conmigo, pero no me intimidé. Yo seguí con el plan

 La oportunidad se dio en una reunión en casa de Talía. Me demoré cinco horas en arreglarme para esa noche. Entre que me bañaba, me depilaba, me arreglaba el cabello, elegía mi ropa: nunca me había demorado tanto.  Lo que pasó ahí es largo de contar y quizá hasta un poco irrelevante, ¿si saben para qué se junta la gente en sus 20's, verdad? Ajá para tomar. Pero yo estaba ahí por otra razón, quería que David me viera y supiera que me gustaba. Me aseguré de no embriagarme de más porque quería estar consciente de todo lo que sucedía e intenté estar lo más cerca que podía de él. En un momento alguien dijo para jugar Botella borracha y eso no me puso muy contenta. Me daba igual besar a cualquiera, pero no quería besar a David así, en un juego cómo ese. En fin, en la primera vuelta me tocó con Alberto y fuah beso. Luego me tocó con David y no quise. Lo dije públicamente «No quiero» y a él le dije mirándole a los ojos «Es diferente» (o algo así). Lo que quería decir es que no quería besarlo así, aunque quizá se interpretó de otra manera. Al final terminamos besándonos y fue grandioso. En un momento, todos se fueron y nos quedamos solos en la sala. Yo estaba sentada muy cerquita de él, podía sentir todo su cuerpo sobre el mío. Dijimos algo bonito que, por alguna razón, ahora no logró recordar.

Luego amaneció y pensé «Bueno no hubo tire hoy, pero el beso fue grandioso». Me acompañó a tomar el bus y se subió conmigo. Esa ruta lo dejaba lejos de su casa, pero él seguía ahí porque planeaba bajarse en algún punto medio. En algún momento, puso sus manos sobre mi pierna y yo sobre la suya. Nos miramos y le dije «No te vayas» y él dijo «No me voy». Y apareció la pregunta ¿a dónde vamos? No recuerdo qué hablamos ahí porque el siguiente recuerdo que tengo soy yo llevándolo al único hotel que se me vino a la mente en ese momento. No era el más bonito, de hecho era horrible, pero realmente no conocía otro. Creo que pagó 20 soles. Eran los tiempo de los Humala. Entramos a la habitación, era horrible. Yo me eché sobre la cama y él comenzó a quitarse la ropa y le dije «Wow, eres... muy delgado». No lo dije con mala intención, de hecho me gustan los chicos de su contextura. En verdad no sé por qué lo dije, pero bueno. Luego se echo encima de mí y comenzó a besarme. Le dije que era mi primera vez y se asustó. Le propuse chupársela, lo había hecho cientos de veces, pero me dijo que no. Nos quedamos echados en la cama conversando sobre los textos que no habíamos comenzado a leer y en las excusas que le contaríamos a los demás después. Me sentí tan tranquila a su lado. Creo que fue en ese momento en que me comencé a enamorar de él.

Ese mañana no pasó nada, no tuvimos sexo, pero supe que él no solo sería el primero, sino el único con el que disfrutaría hacerlo genuinamente. 

Gracias por tanto, David.


jueves, 23 de abril de 2026

¿Cuántos hombres más?

Me pregunto a cuantos hombres más me tendré que tirar para encontrar alguno que realmente me quiera. Para mi el sexo es la única forma de darme cuenta si un hombre vale la pena, es buena persona o amable. Lamentablemente, para muchos de ellos solo soy una chica más. Alguien más cuerdo podría decirme, entonces deja de tirartelos y conócelos. Ehhhh la única vez que lo hice, la única vez que decidí no tirar con alguien y conocerlo primero terminé en terapia como dos años. Mejor me quedo así, primero un tire y luego la cita romántica. Funciono con la relación mas larga que tuve y funcionó con algunos tires que incluso me propusieron ser su novia. Puede funcionar, puede funcionar, pero ¿después de cuantos hombres puede funcionar?

miércoles, 22 de abril de 2026

No funcionó



Intenté suicidarme dos veces, ninguna funcionó. Lo hice cuando me di cuenta de que mis amigas ya no me necesitaban, ya no era útil en sus vidas. Todas tenían novio o estaban casadas y, naturalmente, discutían sus problemas con ellos. Fue catastrófico para mí sentir que ya no me necesitaban, también lo fue saber que yo no podía contar con ellas. En el 2022 me quedé sin trabajo, había tomado una mala decisión laboral y me derrumbé. Se lo conté a mi mejor amiga y ella, probablemente sin darse cuenta de lo que decía, me escribió: «Hay cosas más importantes que quedarse sin trabajo». Su prima se había ido a tirar con su enamorado y nadie sabía dónde estaba. ¿Era importante? Sí. ¿Más importante que lo que me estaba pasando a mí? Quizá no. Yo regresé a mi cama y me puse a dormir otra vez. Había estado echada sin comer, sin salir de cama dos días seguidos. Nadie en mi casa se había dado cuenta porque se iban a trabajar. El tercer día, recién tuve hambre. Cociné algo, me serví y calculé cuántas unidades de insulina debía colocarme. Soy diabética tipo 1, es lo primero que los doctores te enseñan. Cuando vas a comer, no puedes ponerte ni muy poca insulina porque sino la glucosa se te sube, ni mucha insulina porque sino la glucosa se te baja. Una doctora solía explicarlo de manera más gráfica «Si te pones mucho, te mueres». Esa tarde almorcé tranquila. En la noche, me medí la glucosa, tenía 90, una cifra normal, pero yo me puse 40 unidades de insulina. Solo para que lo tengan en cuenta, si un diabético tipo 1 con esa glucosa quisiera comerse un turrón de doña pepa de kilo necesitaría 25 unidades de insulina para que su glucosa se mantenga en un buen nivel. Esa noche yo me coloqué 40 y me fui a dormir con el deseo de no volver a despertar. En la madrugada mis papás me encontraron convulsionando. ¿Cómo lo hicieron si mi cuarto queda en el primer piso y el de ellos en el segundo? Mi mamá dijo que se había levantado al baño y quiso ir a ver cómo estaba yo. Al parecer suele ir a ver cómo duermo. Ahí fue dónde me encontró convulsionando. Cuando abrí los ojos, tenía a mi papá dándome cachetadas en la cara y a mi mamá poniéndome agua con azúcar entre las encías. 

Yo me puse a llorar porque no había funcionado. 



Imposibilidad absoluta



En las tragedias clásicas, la historia se acaba cuando uno de los amantes muere, casi siempre es el personaje femenino. Fue el caso de Antígona, Eurídice, Desdémona, Isolda y uno de los casos mas representativos, el de Julieta. Algunas fueron asesinadas, otras murieron por sus propias manos. En la tragedia clásica, la muerte es el único cierre de la historia, es una forma de redención para sus personajes que, desde que fueron concebidos en la mente de su creador, fueron diseñados para morir. La muerte, entonces, se convierte en la vía para liberar a los personajes del dolor o una imposibilidad absoluta. En la tragedia no hay grises, o es o no es. Y el mundo real no es tan diferente. Vinimos predestinadas a este mundo bajo el diseño de nuestro creador. Sin embargo, la Psicología, como disciplina y brazo mecánico del sistema capitalista, no puede permitir que más mujeres sufran o se quiten la vida, siendo que ellas serán las encargadas de sostener el hogar que muchos hombres "importantes" habitarán en un futuro. Y la problemática se extiende aún más si nos enfocamos ahora en las feministas liberales que se contraponen a ideas como "sufrir por amor", como si sufrir por la indeferencia de un hombre no fuera un problema real. Hay mujeres que no logran recuperarse nunca de una decepción. Estoy segura de que no se han puesto a pensar en cuántas mujeres querrían dejar este mundo por la enorme tristeza que guardan en sus almas por un hombre que casi nunca vale la pena. Señalan desde un superioridad moral que sufrir por amor no vale la pena, que hay cosas más importantes como el dinero, la enfermedad o los hijos. ¿Y el desamor? Eso no importa. Por eso no creo más ni en la Psicología ni en el Feminismo. No creo en las terapias que solo buscan hacerte funcional al sistema sin explorar la complejidad de las mujeres; no creo en una lucha feminista que no incluye en su discurso de empoderamiento los episodios de tristeza y/o depresión. 

El contacto con la muerte, entonces, es necesario si lo que se busca es redención. Mientras más lo sigan negando, más mujeres infelices habrán. Solo una mujer que se ha enfrentado a la muerte sabe que, a partir de ahí, lo único que te queda es avanzar.



domingo, 19 de abril de 2026

Nunca salimos de esa habitación

Una vez estaba tirada en mi cama. Tenía ganas de tirar, entonces entré a Tinder. Estaba dispuesta a todo. Hice match con un chico que vivía cerca y acordamos vernos, le dije que venga al departamento. No quiso, me dijo ven tú. Cancelé el match, no valía la pena, era una nena. Entonces seguí scrolleando y me encontré con Leandro, mi exenamorado del colegio. A los trece años me besó el cuello y, por primera vez, sentí lo que era estar excitada. Fue el primer hombre que alguna vez entró a mi habitación y el primero también en ponerse encima de mí. Nunca pasó nada. Yo no quería. La verdad que fue mejor porque luego me engañó con otra chica. En fin. Hicimos match. Le dije que viniera y me dijo que sí. Yo estaba en pijama. Pensé que si alguien te invitaba a su casa a la medianoche era una señal clara de que era para tirar. Leandro no lo entendió así y se apareció bien vestido, estaba lindo, la verdad. Me miró de pies a cabeza, yo estaba descalza y el seguía luciendo tan lindo. Estuvimos en la cocina conversando, tomando chelitas como hasta las dos de la mañana. No recuerdo cómo hice para llevarlo a mi cuarto, él estaba un poco tímido. Cuando entramos quiso prender la luz y yo le dije que no que mejor sintiera mi cuerpo con sus manos. Y me comenzó a tocar. Me dijo «Prende la luz, siempre he querido verte sin ropa». Yo le dije que no y le puse las manos en mi culo. Terminamos tirando. A la mañana siguiente, me levanté a preparar café. Le traje una taza a él y me dijo «Qué genial estuvo ayer», yo le dije que sí que qué bien que al fin logramos tirar. A los trece años, Leandro había intentado una y mil veces tirar, pero yo nunca había querido. Luego pidió pan con chicharrón y desayunamos juntos. Fue lindo, yo seguía en pijama y el con su camisita abierta y en bóxer. Terminamos de comer y nos echamos a conversar del pasado, le pregunté por qué me había engañado, pero no quiso entrar en detalles. También le pregunté si cuando estaba conmigo ya había tirado con alguien y me dijo que no «Quería que mi primera vez fuera contigo», «Sal de acá» le dije yo. Conozco a Leandro como la palma de mi mano, a pesar de no haberlo visto hace más de diez años. Lo hicimos una vez más, esta vez con luz natural. Leandro siempre ha usado lentes y, en el colegio, lo molestaban mucho por eso. Cuando estábamos tirando frente a frente no los tenía puestos, pero cuando me volteé, me dijo «Espérate, mis lentes». Yo me reí. Entonces se los puso y me siguió dando en cuatro. «Hay que hacer un video», me dijo y yo le respondí «No porque sino ya no regresas». Y me siguió dando. Luego me fui bañar porque tenía que ir a almorzar con unos amigos y Leandro se cambió. Nos fuimos junto en el taxi porque el restaurante estaba cerca a la ruta de su casa. Cuando estábamos ahí le dije «Gracias por venir» y me dijo «Ah, ¿entonces me agradeces porque te hice un favor?». Yo me reí coquetamente. «O sea, sí tenía ganas de tirar». «¿Por qué no salimos el próximo sábado», me preguntó. Yo no pensaba en eso, «¿Salir?» Me dije a mí misma. «¿A dónde?» «Vamos a tomar unas chelitas a Miraflores». «¡Uyy, sí! Vamos a Barbarian». Barbarian era mi bar favorito. Quedamos en salir. Bajé del taxi y nos despedimos con un beso en la boca. Vi a mis amigos y me preguntaron que por qué estaba tan feliz. Yo solo podía pensar en lo mucho que un cache te alegra el día.

El siguiente sábado, el estado emitió un anuncio de precaución sobre Covid-19. Todo el mundo tenía miedo. Te aconsejaban no salir. Entonces le escribí y le dije que me daba miedo que mejor viniera mi casa y nos quedáramos aquí. Leandro llegó con un sixpack de chela. Esta vez no lo recibí en pijama, sino con una ropa un poco más apretadita. Las chicas se habían ido, teníamos la casa para nosotros. Nos quedamos en la sala conversando. Luego comenzaron los besos y otra vez para el cuarto. Lo hicimos muchas veces y después me pidió un pollito a la brasa. Era como la una de la mañana. El pedido nunca llegó, yo me molesté, y él se puso fuerte «No es mi culpa», «Sí tienes razón», pidió Bembos. Comimos. Al día siguiente, ya era domingo, me levanté como siempre a hacer café, traje las dos tazas y pidió desayuno criollo. Comimos y nos volvimos a tirar a la cama a seguir hablando. Me contó que había estado con una chica como cuatro años y yo le dije que también. Nos dimos cuenta que ambos habíamos sido malas personas. Llegó la hora de almuerzo y pedimos algo para comer. Talía me escribió un mensaje «Oye a qué hora sales del cuarto desde ayer estás metida ahí». «Chica, no voy a salir, estoy en la gloria». Y es que nadie puede negar que no hay mejor plan que tirar, comer y conversar, encima en un domingo. No podía desaprovechar esa oportunidad. Tiramos varias veces entre comida. Luego llegó las 7 de la noche, Leandro no se iba, a mí no me molestaba. Le dije «¿Oye y si te quedas toda la semana?» «¿En serio? ¿No te dicen nada las chicas?» «No creo, el enamorado de Talía vive prácticamente aquí». «Lo pensaré», me dijo. Yo ya me imaginaba haciendo mi vida con él. Luego me dijo que el presidente iba a dar un mensaje a la Nación. «Prende la tele». Puse canal 4. Vizcarra anunciaba que el país entraba en cuarentena desde la medianoche. Leandro se desesperó. Lo llamaron de su chamba, lo llamó su mamá. Yo hablé con Paolo que estaba en Argentina y no sabía qué hacer. Entramos en caos. Luego me fui a bañar y le dije «Me voy a casa de mis papás». «Te acompaño» «No, no te preocupes, mejor anda a tu casa, no vaya a ser que luego no consigas taxi». Me ayudó a hacer mi maleta para «15 días». Me acompañó al banco para sacar efectivo y luego me pidió un taxi para mi casa. Todavía se acordaba mi dirección. No lo podía creer. Nos despedimos frente al Chilis que está en Av. Angamos y nunca más lo volví a ver. Seguimos hablando un par de meses después, pero la situación lo hacía inviable. Después estuvo con una chica, seguí toda su historia de amor por redes hasta que terminaron. Me volvió a escribir y ya no le respondí.

Estaba un poco molesta, no lo voy a negar, pero me quedo con el recuerdo de aquel día en que nunca salimos de mi habitación.

xoxox

jueves, 16 de abril de 2026

Nunca me voy a olvidar de eso

Yo sí quiero hacerte daño. ¿Por qué no querría que sientas todo el dolor que me causaste con tu indiferencia? Yo no voy a ser hipócrita como tú. Yo voy a dedicar mi vida entera a que te arrepientas cada segundo de haberme tratado así. Fuiste la cosa más bonita que le pasó a mi vida, pero de qué me sirvió si en el momento que más te necesité no estuviste ahí. Yo nunca me voy a olvidar de eso. 

Una noche para recordar


Una noche, en una fiesta en la playa un tipo se me acercó y me trajo una piña colada servida en un coco. Lo miré y le dije «Yo solo tomo chela». Se fue y regresó con una chela abierta, le dije «No tomo chelas abiertas». No me dijo nada, pero me miró coquetamente y se fue. Cuando regresó vino con un Águila cerrada y me preguntó «¿Así está bien?» y yo le dije que sí «Así me gusta», saqué mi destapador y le di un sorbo. 

Hablamos un rato, luego bailamos y después terminamos besándonos detrás de los precarios baños que suelen haber en una playa. Con sus manos, comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Primero, la cintura, la bordeaba una y otra vez apretandome por los lados. Se sentía riquísimo. Luego recorrió con sus manos mis piernas, desde la rodilla hasta la cadera, metió sus dedos entre mis piernas hasta llegar ahí. Me dijo «Qué calentita estás» y me siguió besando mientras sus dedos se mojaban cada vez más. Yo estaba explotando. Luego me volteó y me apoyó sobre la pared y me preguntó «¿Alguna vez te ha cogido un negro?» y yo le dije que no. «Ahora vas a saber lo que se siente». Se bajó el pantalón, la tenía grande, aunque no era la más grande que había visto, y cuando ya estaba a punto de meterla me volteé y le dije «No lo voy a hacer sin condón». Se llevó las manos a la cabeza un poco desesperado y me dijo «No te vayas, espérame aquí, no te vayas, por favor» Y se fue. 

Yo me quedé esperando. Aproveché en buscar a mi amiga para saber cómo estaba. Todo estaba ok. Regresé al lugar donde estaba antes para seguir esperando al tipo. A lo lejos escuché un silbido y era él haciéndome señas con un condón en la mano. Me decía que vaya hacia él. Yo fui. Me dijo «Hay que hacerlo aquí, por allá hay mucha gente». A mí me daba igual. Me volvió a poner contra la pared, me subió la falda y me la metió despacito como me gusta. Había pasado casi un año desde la última vez que había cogido. Estaba en la gloria. Se acercó hacia mi oído y me dijo «Yo te vi bajar del bus con tus amigos y dije Qué bonita esa chica, no hay chica más bonita». «¿En serio?» le pregunté como si no supiera que eso siempre le dicen a las chicas para que se dejen coger sin problemas. «De verdad, esta blusita rosadita y esa faldita pegadita mmm. Eres una diosa». Yo solo me reía. «¿No me crees?» «No» le dije y me volteé, lo senté sobre un murito que conveniente había por ahí y me senté sobre su pinga recontra erecta dándole la espalda para que me vea rebotar, le puse las manos sobre mis tetas y le dije «No te creo nada». Él no dejaba gemir. Me encanta cuando los hombres hacen eso. «¿Si tan bonita te parezco por qué no me preguntaste mi nombre», «Te llamas Mari», respondió. Me levanté. «¿Cómo sabes?», «Tus amigos te llaman así. Tienes cara de Mari». Eso me puso más caliente, me agaché y se la chupé cómo nunca antes se lo había hecho a alguien. El tipo casi acaba en mi boca, pero pude salirme a tiempo para que acabara entre mis tetas. Ese privilegió no se lo doy a cualquiera.

Después de ese gran tire me llevó a caminar por la playa de San Andrés. «Me dijo hay que bañarnos un rato» Yo no tenía muchas ganas. Nos echamos en la arena a ver el cielo y me contó toda su vida. Hablaba demasiado, no era molesto, de hecho me gusta cuando los hombres me cuentan sus cosas. Mientras hablaba yo solo podía pensar en la estrategia que este tipo había utilizado para lograr cogerme (siempre pienso en eso) y me di cuenta de que lo único que había hecho era hacerme caso y prestarme atención. Como me calienta que los hombres me hagan caso. Me vuelve loca, estoy dispuesta a hacer lo que me pidan.

Realmente fue una noche para recordar.


miércoles, 15 de abril de 2026

Me voy a cachar a todo Lima


Me voy a cachar a todos los hombres de Lima que pueda hasta que alguno de tus amigos/conocidos/familiares te enseñe un video y diga «Mira a esta flaquita qué rico me ha cachado» y me veas a mí siendo una diosa, saltando desenfrenadamente sobre la pinga de alguno de ellos. Solo ahí voy a parar: cuando todos tus conocidos me tilden de puta y a ti te de rabia porque no vas a poder cacharme. Por primera vez una puta te de va a decir que no y yo me voy a reir en tu cara.

Día 1.

Nunca debimos habernos conocido

Todo sería más fácil si nunca nos hubiéramos conocido. Ojalá nunca hubieras decidido cambiarte de carrera y así haber estudiado algo que realmente te de la plata que tanto quieres. En esta ecuación siempre fuiste tú el que salió sobrando. Solo pienso en todo el tiempo que perdí, podría tener un esposo, una familia, una vida que disfrutar, pero yo me contuve porque en el fondo pensé que podrías cambiar. Realmente deseo nunca más cruzarme contigo, que nunca me de ganas de hablarte o buscarte porque antes de hacerlo prefiero cortarme un dedo. Nunca entenderé qué carajos me faltó para que pudieras tomarme en cuenta. En fin, recién ahora entiendo que fui mucho para alguien como tú.

miércoles, 8 de abril de 2026

Me tortura ese recuerdo

Me aterra la idea de que, en el último suspiro de mi vida, el recuerdo de nosotros dos tirados en un pasto húmedo se me cruce por la mente. Tú girándote hacia mi lado para darme un beso en la frente. Nosotros abrazados panza arriba, en una noche de verano, sin pensar en cuánto tiempo pasó. Me tortura que ese recuerdo pueda tirar por la borda todo lo que construí después de ti. Es una verdadera pesadilla que ni siquiera ha comenzado.

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lunes, 6 de abril de 2026

Un duelo

Es más fácil olvidarte de alguien cuando intentas convencerte de que es la peor persona del mundo. Te dices una y otra vez que es un fracasado, un bueno para nada, sin aspiraciones, vicioso, perverso, inútil, degenerado que denigra a las mujeres, piromaníaco y cuanta cosa más. Sin embargo, a pesar de que lo repites sucesivamente, no lo crees. No puedes convencerte de que alguna vez amaste a alguien así. Y te conviertes en una villana que te pone en contra de tí misma. Por un lado eres severa, mantienes firmeza porque crees saber que alguien como él  no es para ti, pero, por otro lado, te muestras dócil e intentas defenderlo para justificar que todavía es posible construir algo a su lado. Ningún lado gana nunca.

La historia queda reducida a dos mujeres dentro de un mismo cuerpo que se baten a duelo por un tipo a quien no le importa nada. 

Fin.


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