"Ayer escribí cuatro páginas. Lo hago por terapéutica, pero sin dejar de pensar en que
podrán ser leídas. ¡Qué débil es la palabra cuando el ánimo anda mal! Cuando el ánimo
está cargado de todo lo que aprendimos a través de todos nuestros sentidos, la palabra
también se carga de esas materias. ¡Y cómo vibra!"
"El zorro de arriba y el zorro de abajo"
José María Arguedas
26 de junio de 2019Quiero una pastilla. Pienso, quizá me ayude a dormir y a olvidarme de todo, pero no puedo hacerlo. Mañana debo entregar dos trabajos, entregar las notas de mis alumnos y hacer una presentación parcial de mi investigación. No me puedo dormir, pero tampoco quiero coexistir con este dolor. Me bebí una cerveza porque siempre lo hago cuando escribo, me cayó fatal parecía que nunca hubiese tomado y comenzaron a llegar todos los recuerdos de rupturas amorosas. No sé qué hacer. No he salido de este cuarto desde la 7 de la mañana que me levanté. Escribí un par de párrafos y nuevamente No sé qué hacer. Todas mis amigas están ocupadas y cansadas de la misma historia de siempre, ya basta, tú sabías lo que iba a pasar. Pero, por favor, se supone que son mis amigas solo quiero a alguien que me escuche llorar un rato.
Ahora sí quiero dormir, dormir mucho para no pensar más, me abrumo, me nublo, me estresso y no avanzo ni una mierda. ¿Cómo me voy a parar frente a mis alumnos, amigos, profesores? ¿Cómo voy a ocultar esta cara de depresión y angustia? ¿Cómo puedo hacer para, por un momento, dejar de ser yo?
27 de junio de 2019
Realmente estoy sintiendo ansiedad, creo que nunca antes la había sentido o quizá no a este extremo. Mis problemas con la comida son nada al lado de lo que estoy sintiendo ahora. Mi cuerpo me gana, no hace lo que mi mente le dice: Ya deja de llorar, pero lo intensifica o Ya deja de ver el celular, y mis ojos no pueden apuntar hacia otro lado. Estoy consumida, pero no tanto como la niña con gorrita que se bajó del carro en el INEN. Me sonrió y me dio esperanza de que todo podría estar mejor que la cura llegará, no a través del tiempo, sino de mis propias acciones. Tengo una necesidad absurda de volver a leer mis diarios en los que escribía de Leandro y de Luis, me acuerdo todas las veces que lloraba pensando que no podría salir de ese hoyo, pero salí. Quiero leer lo que escribía, espero que no sea tan desagradable como esto.
Estoy leyendo los diarios de Arguedas y la novela de Bayly sobre los últimos días de la prensa. Intento mantenerme ocupada, pero todo me recuerda a esa basura. Mañana veré a mis alumnos, ellos siempre me sacan sonrisas. En nuestra última clase veremos películas y comeremos bocaditos que hemos acordado llevar todos juntos. Es la última vez que nos veremos, ahora que lo pienso no sé si la clase de mañana me haga sentir algo mejor, dictar es lo que más me encanta en el mundo y ahora que entramos a vacaciones significa que estaré nuevamente metida en mi cuarto. Señor, ayúdame a pensar en otras cosas, por favor.
28 de junio de 2019
Esa sonrisa no es real. Subo al ascensor y me veo frente al espejo y sé que mi sonrisa no es real. Quiero volver a sonreírme como lo hacia antes o al menos de la misma manera que lo hago frente a los demás, con la misma naturalidad y soltura. ¿Por qué no puedo hacerlo conmigo misma? ¿Por qué es tan difícil? He vuelto a llorar, no tengo ganas de comer lo hago para reestablecer mis medidas de glucosa y porque está interiorizado en mí. Hoy solo he comido para sobrevivir. Le he sonreído a cincuenta a alumnos, he tomado la cantidad necesaria de agua y comido una causa en todo el día. Hacerlo me alegró un poco el día: la causa es mi plato favorito.
14 de agosto de 2019
Hoy he vuelto a pensar en Tempo de una manera más melancólica. Después de mucho tiempo puedo llamarlo así y dejar de lado mi rencor, para tratarlo desde mi tristeza. Tenía la idea de que solo con él podría llegar a ser feliz, se convirtió en aquel futuro infinito de todas las mujeres que cuando fueron pequeñas vieron a las princesas de Disney. El problema es que yo nunca las vi, ni las tuve como referencia, entonces no entiendo por qué aún así decidí conformarme con creer que él me hacía feliz y me sacaría de algún hoyo existencial. Fue todo lo contrario porque más bien me hundió en uno muy profundo del cual hasta ahora no logro salir. Aún así, no tengo vergüenza en reconocer que si hoy en día estoy con una deuda al cuello es porque gasté más de mil soles en subsanar el daño inmenso que este supuesto buen hombre, hijo y hermano le hizo a mi salud mental.
27 de junio de 2019
Realmente estoy sintiendo ansiedad, creo que nunca antes la había sentido o quizá no a este extremo. Mis problemas con la comida son nada al lado de lo que estoy sintiendo ahora. Mi cuerpo me gana, no hace lo que mi mente le dice: Ya deja de llorar, pero lo intensifica o Ya deja de ver el celular, y mis ojos no pueden apuntar hacia otro lado. Estoy consumida, pero no tanto como la niña con gorrita que se bajó del carro en el INEN. Me sonrió y me dio esperanza de que todo podría estar mejor que la cura llegará, no a través del tiempo, sino de mis propias acciones. Tengo una necesidad absurda de volver a leer mis diarios en los que escribía de Leandro y de Luis, me acuerdo todas las veces que lloraba pensando que no podría salir de ese hoyo, pero salí. Quiero leer lo que escribía, espero que no sea tan desagradable como esto.
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Estoy leyendo los diarios de Arguedas y la novela de Bayly sobre los últimos días de la prensa. Intento mantenerme ocupada, pero todo me recuerda a esa basura. Mañana veré a mis alumnos, ellos siempre me sacan sonrisas. En nuestra última clase veremos películas y comeremos bocaditos que hemos acordado llevar todos juntos. Es la última vez que nos veremos, ahora que lo pienso no sé si la clase de mañana me haga sentir algo mejor, dictar es lo que más me encanta en el mundo y ahora que entramos a vacaciones significa que estaré nuevamente metida en mi cuarto. Señor, ayúdame a pensar en otras cosas, por favor.
28 de junio de 2019
Esa sonrisa no es real. Subo al ascensor y me veo frente al espejo y sé que mi sonrisa no es real. Quiero volver a sonreírme como lo hacia antes o al menos de la misma manera que lo hago frente a los demás, con la misma naturalidad y soltura. ¿Por qué no puedo hacerlo conmigo misma? ¿Por qué es tan difícil? He vuelto a llorar, no tengo ganas de comer lo hago para reestablecer mis medidas de glucosa y porque está interiorizado en mí. Hoy solo he comido para sobrevivir. Le he sonreído a cincuenta a alumnos, he tomado la cantidad necesaria de agua y comido una causa en todo el día. Hacerlo me alegró un poco el día: la causa es mi plato favorito.
14 de agosto de 2019
Hoy he vuelto a pensar en Tempo de una manera más melancólica. Después de mucho tiempo puedo llamarlo así y dejar de lado mi rencor, para tratarlo desde mi tristeza. Tenía la idea de que solo con él podría llegar a ser feliz, se convirtió en aquel futuro infinito de todas las mujeres que cuando fueron pequeñas vieron a las princesas de Disney. El problema es que yo nunca las vi, ni las tuve como referencia, entonces no entiendo por qué aún así decidí conformarme con creer que él me hacía feliz y me sacaría de algún hoyo existencial. Fue todo lo contrario porque más bien me hundió en uno muy profundo del cual hasta ahora no logro salir. Aún así, no tengo vergüenza en reconocer que si hoy en día estoy con una deuda al cuello es porque gasté más de mil soles en subsanar el daño inmenso que este supuesto buen hombre, hijo y hermano le hizo a mi salud mental.



















