jueves, 27 de junio de 2019

Diario no publicable


"Ayer escribí cuatro páginas. Lo hago por terapéutica, pero sin dejar de pensar en que podrán ser leídas. ¡Qué débil es la palabra cuando el ánimo anda mal! Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de todos nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y cómo vibra!" 

"El zorro de arriba y el zorro de abajo"
José María Arguedas


26 de junio de 2019

Quiero una pastilla. Pienso, quizá me ayude a dormir y a olvidarme de todo, pero no puedo hacerlo. Mañana debo entregar dos trabajos, entregar las notas de mis alumnos y hacer una presentación parcial de mi investigación. No me puedo dormir, pero tampoco quiero coexistir con este dolor. Me bebí una cerveza porque siempre lo hago cuando escribo, me cayó fatal parecía que nunca hubiese tomado y comenzaron a llegar todos los recuerdos de rupturas amorosas. No sé qué hacer. No he salido de este cuarto desde la 7 de la mañana que me levanté. Escribí un par de párrafos y nuevamente No sé qué hacer. Todas mis amigas están ocupadas y cansadas de la misma historia de siempre, ya basta, tú sabías lo que iba a pasar. Pero, por favor, se supone que son mis amigas solo quiero a alguien que me escuche llorar un rato.
Ahora sí quiero dormir, dormir mucho para no pensar más, me abrumo, me nublo, me estresso y no avanzo ni una mierda. ¿Cómo me voy a parar frente a mis alumnos, amigos, profesores? ¿Cómo voy a ocultar esta cara de depresión y angustia? ¿Cómo puedo hacer para, por un momento, dejar de ser yo?


27 de junio de 2019

Realmente estoy sintiendo ansiedad, creo que nunca antes la había sentido o quizá no a este extremo. Mis problemas con la comida son nada al lado de lo que estoy sintiendo ahora. Mi cuerpo me gana, no hace lo que mi mente le dice: Ya deja de llorar, pero lo intensifica o Ya deja de ver el celular, y mis ojos no pueden apuntar hacia otro lado. Estoy consumida, pero no tanto como la niña con gorrita que se bajó del carro en el INEN. Me sonrió y me dio esperanza de que todo podría estar mejor que la cura llegará, no a través del tiempo, sino de mis propias acciones. Tengo una necesidad absurda de volver a leer mis diarios en los que escribía de Leandro y de Luis, me acuerdo todas las veces que lloraba pensando que no podría salir de ese hoyo, pero salí. Quiero leer lo que escribía, espero que no sea tan desagradable como esto.

**

Estoy leyendo los diarios de Arguedas y la novela de Bayly sobre los últimos días de la prensa. Intento mantenerme ocupada, pero todo me recuerda a esa basura. Mañana veré a mis alumnos, ellos siempre me sacan sonrisas. En nuestra última clase veremos películas y comeremos bocaditos que hemos acordado llevar todos juntos. Es la última vez que nos veremos, ahora que lo pienso no sé si la clase de mañana me haga sentir algo mejor, dictar es lo que más me encanta en el mundo y ahora que entramos a vacaciones significa que estaré nuevamente metida en mi cuarto. Señor, ayúdame a pensar en otras cosas, por favor.

28 de junio de 2019

Esa sonrisa no es real. Subo al ascensor y me veo frente al espejo y sé que mi sonrisa no es real. Quiero volver a sonreírme como lo hacia antes o al menos de la misma manera que lo hago frente a los demás, con la misma naturalidad y soltura. ¿Por qué no puedo hacerlo conmigo misma? ¿Por qué es tan difícil? He vuelto a llorar, no tengo ganas de comer lo hago para reestablecer mis medidas de glucosa y porque está interiorizado en mí. Hoy solo he comido para sobrevivir. Le he sonreído a cincuenta a alumnos, he tomado la cantidad necesaria de agua y comido una causa en todo el día. Hacerlo me alegró un poco el día: la causa es mi plato favorito.

14 de agosto de 2019

Hoy he vuelto a pensar en Tempo de una manera más melancólica. Después de mucho tiempo puedo llamarlo así y dejar de lado mi rencor, para tratarlo desde mi tristeza. Tenía la idea de que solo con él podría llegar a ser feliz, se convirtió en aquel futuro infinito de todas las mujeres que cuando fueron pequeñas vieron a las princesas de Disney. El problema es que yo nunca las vi, ni las tuve como referencia, entonces no entiendo por qué aún así decidí conformarme con creer que él me hacía feliz y me sacaría de algún hoyo existencial. Fue todo lo contrario porque más bien me hundió en uno muy profundo del cual hasta ahora no logro salir. Aún así, no tengo vergüenza en reconocer que si hoy en día estoy con una deuda al cuello es porque gasté más de mil soles en subsanar el daño inmenso que este supuesto buen hombre, hijo y hermano le hizo a mi salud mental.





miércoles, 26 de junio de 2019

Todo se desploma

Todo se derrumba,
Todo se cae,
Lo veo desplomarse.
Veo como todo lo que construimos
Se viene abajo,
Desaparece,
Se convierte en polvo
Y el aire se lo lleva.
Ya no hay nada,
No hay más sonrisas
No hay más besos
Ni más abrazos
Solo lágrimas y rencor,
Lágrimas y dolor
Lágrimas y más lágrimas.
Y un cachito de resignación.

This entry was posted in

jueves, 20 de junio de 2019

Tú en Invierno

Siento el viento frío golpear mi cara y me pregunto
¿Cómo serías tú en invierno?
¿Preferirías un té o un chocolate caliente?
¿Una Ale o una Stout?
¿Chompas o impermeables?
¿Cómo serías tú cuando las lluvias invadieran la pista
y la garúa nos rebotara en la cara?
¿Preferirías limpiarlas o que se sequen solas?
¿Quedarte en casa o salir a empaparte?
Me pregunto también si volverías a dudar
De quedarte todo este invierno a mi lado,
Compartiendo una cobija,
Tomándonos de la mano,
Sintiendo nuestras respiraciones,
Mientras nos ponemos de lado,
Y te creo que estaremos juntos
Hasta que llegué el próximo verano.






This entry was posted in

lunes, 17 de junio de 2019

Todas te odian

Con amor para Flavio Pais

Mis amigas son la prueba viviente de lo efectiva que puede ser la sororidad. Debo confesar que nunca le tuve fe a la idea de apoyarnos por el simple hecho de ser mujeres, me parecía absurdo: el apoyo no depende del género. Pero en algunos casos, las chicas necesitamos otro tipo de soporte. Había escuchado tantas veces la frase "No te merece" que podía identificar el momento exacto en que sería pronunciado por mis amigas. El discursito de que podía encontrar algo mejor con un tronar de dedos ya me lo sabía de memoria. La búsqueda de algún ente masculino que no me esté negando cada dos cuadras era un tema recurrente en nuestras reuniones de papas fritas y chelas. Lamentablemente, siempre he sido un poco necia cojuda dirían algunos porque prefiero obligar a mi mente a ver lo que quiere ver en lugar de enfrentar la realidad. 

Los primeros meses, le creí el cuento de que había salido de una relación. Era comprensible de que quisiera estar solo después de haber estado con una loca que comenzó a stalkearme por todos lados cuando se enteró que su ex salía con otra chica. Lo que vino fue peor. Comenzó la fase "Todavía tenemos que conocernos más". Aparentemente, tres meses saliendo no había sido suficiente y quizá tenía razón, pero después de ocho meses esa frasecita ya no me parecía tan coherente y la cosa se puso más intensa. "Te quiero, pero no puedo estar contigo". ¿Dónde había escuchado eso antes? Ah sí, en tercero de secundaria, cuando a los 12 años, Luis Cotillo me mandó a terminar con su amigo. Al menos esta vez, este tuvo más huevos y me lo dijo directamente a la cara.

Mi lucha incansable por un reconocimiento público comenzaba a fracasar. No haber pasado Año Nuevo juntos fue el primer indicio de que algo andaba mal; mi ausencia en la celebración de su cumpleaños número 30 fue el siguiente. Pero lo que realmente me hizo abrir los ojos fue el hecho de pasar días enteros sin decirnos ni siquiera un "Hola" y luego retomar la conversa como si nada hubiera pasado. ¿Me estás hueveando no? Un meme fue el remate final para que abriera los ojos. La imagen de una chica diciendo emocionada "¡Hablamos todos los días, definitivamente me ama!" fue derribada con una grandiosa respuesta: "¿Hablan o solo te responde?". ¡Auch! Era momento de tomar decisiones.

Lo más incómodo de todo fue el no haber podido conversarlo con nadie. Si se lo contaba a las chicas, la respuesta unísona sería "Te lo dijimos" y mis aires de necedad no me iban a permitir reconocer que, efectivamente, ellas ya me lo habían dicho no una, sino mil veces. "¿Hasta cuándo vas a esperar?" solían preguntarme cada vez que nos veíamos y yo solo decía que las cosas podrían tomar otro rumbo: una formalización parcial podría ser suficiente. ¿Qué tal un "estemos, pero no publiquemos nada en redes"? Había comenzado mi transformación: me estaba convirtiendo en una copia barata de Tilsa Lozano.

Quizá debí prestar atención a todas las señales: ante el primer ¡Odio a ese tipo! de mis amigas debí suponer que no era el correcto para mí. Ellas son las hermanas que decidí elegir para compartir mi vida, me conocían a profundidad y fueron las primeras en darse cuenta de que no la estaba pasando bien. Aunque todas tenían personalidades tan diferentes siempre concordaban en que debía terminar con esto de una vez. ¿Por qué era tan difícil hacerlo? ¿Por qué me costaba dejar a un tipo que lo único que quería era pasar sus ratos libres conmigo? Todavía no logro descubrirlo. El punto es que esta situación las llevó a odiarlo mucho más. No importaba los bonitos momentos que me había hecho pasar, lo único que querían era despotricar contra él porque no valoraba a la grandiosa chica que tenía a su lado. Y yo no quería permitirlo, simplemente no quería que lo odien. Pero ahora que lo veo en perspectiva, recién puedo ponerme en el lugar que estuvieron ellas. Diego, Marcos, Francisco y Alejandro, a simple vista, parecían ser buenos chicos, pero el haberlas hecho derramar lágrimas fue motivo único y suficiente para odiarlos de la misma manera que ellas odiaban a Tempo. Ninguna de nosotras merecía sentir ese dolor, pero lo hicimos. Lloramos por tipos que no valían la pena. Ahí supe que estábamos en todo nuestro derecho de odiarlos.

Julio Jaramillo escribió en 1956 una obra maestra "odio quiero más que indiferencia porque el rencor duele menos que el olvido". Ya no tengo problema en que las chicas lo odien, tienen toda la libertad de hacerlo porque eventualmente se les va a pasar. Pero respecto a mí, ¿para qué perder el tiempo odiando este tipo? ¿Realmente se le merece? Claro que no. Además, no podría odiarlo: el infeliz se ha quedado con uno de mis libros y necesito que me lo devuelva. Después de eso, ya veremos.



A Silvana, Malú, Gaga, XXX y YYY
Por nuestra lucha incansable contra los Voldemort



jueves, 13 de junio de 2019

El Poeta que me hizo llorar


*El siguiente texto es un ejercicio de autoficción presentado en la Maestría de Escritura Creativa de la PUCP.


Siempre he sido la llorona oficial. En mi familia, entre mis amigos, en el colegio e incluso en la universidad. "Marilyn, ya deja de llorar es solo una nota", "Ya no llores, si no te quiere hablar, no te quiere hablar pues". Yo hacía caso y me secaba las lágrimas para complacerlos, pero seguía llorando por dentro. Desarrollé un arte que hasta el día de hoy he logrado perpetuar: puedo llorar sin lágrimas. De vez en cuando me animo a sacar algunas que tengo acumuladas en mi interior, pero la gran mayoría de veces intento poner en práctica mis destrezas. Entonces, hay momentos en los que soy capaz de llorar un día entero: la mitad del día con lágrimas y la otra en absoluto silencio. Eso me ayudó a no hostigar tanto a la gente que tenía a mi alrededor. Ya no se incomodaban, ni sentían la obligación de preguntarme "¿Qué te sucede? ¿Todo anda bien?"

Quizá lo que más les confundía era mi capacidad para llorar por nimiedades: una mala mirada, una palabra fuera de lugar, la ruptura con mi enamorado de tres semanas o un perrito intentando cruzar la pista. Pero cuando realmente era necesario llorar no lo hacía. Ni una lágrima caía por mis mejillas y mis ojos tampoco se ponían más chinitos. No lo hice cuando murió mi perro, ni mis abuelos, ni siquiera cuando murieron mis padres. ¿Qué contradicciones no? La gente iba a los velorios pensando que yo protagonizaría un espectáculo digno de telenovela mexicana. Me imaginaban abrazando el ataúd, tirada en el piso derramando lágrima o pasando el anisado para llorar en los brazos de mis primos. Pero nada de eso sucedió. Siempre me mantuve inmune. Mis reacciones fueron tan sobrias y ecuánimes que parecía no estar presente.

El velorio de mi papá coincidió con uno de los ataques de alergia más severos que había atravesado en mi vida. La búsqueda de esa camiseta de Alianza Lima del 2000, tan fea y con la estampa de Pilsen Callao en todo el pecho me trajo severas consecuencias. Estaba refundida con otro centenar de camisetas blanquiazules que mi papi resguardaba con tanto recelo. La del 2000 era especial porque se la había firmado César Cueto una vez que lo encontramos en el cine cuando fuimos a ver la primera película de Shrek.

Siempre que salíamos se ponía una camiseta blanquiazul. A mi mamá le molestaba porque creía que un día nos íbamos a cruzar con la barra brava de la U y nos iban a agarrar a piedrones por su culpa. Pero a mi papá parecía no importarle nada de eso. Y así fue que un día, mientras hacíamos la cola en el cine para comprar la canchita, un señor con rulos esponjosos y cara de malo me chocó y me hizo tirar al suelo mi vaso de gaseosa que tenía la cara de Fiona y Burro. Como era de esperar, me puse a llorar: no tanto por haber derramado la gaseosa, sino porque el vaso de Fiona era de lo más lindo y el único que quedaba. Lloraba y lloraba y el señor ruloso me decía que me iba a comprar otra gaseosa, pero nada, yo seguía necia. Mi papá se acercó: "¿Qué está pasando?" Y yo: "Papi, mi gasesosa..." y de pronto uno pensaría que mi papá voltearía directamente a pechearle al tipo que había hecho llorar a su hija, pero no. Lo que pasó fue totalmente fuera de lugar. El recuerdo de mi papá quitándose la camiseta y diciéndole "Muchas gracias, Poeta. Póngale bien grande: Para mi gran amigo, Víctor Hugo Céspedes" jamás se me borrará de la cabeza y es por eso que cuando llegó el momento de vestirlo para su último viaje, no dudé ni un segundo en que llevara puesto esa camiseta autografiada por su jugador de fútbol favorito.

Ese día se me pusieron los ojos llorosos y estornudaba cada cinco minutos. Uno de los ataques más fuertes sucedió cuando me detuve a leer la tarjeta de uno de los arreglos florales. ¿Quién iba a imaginar que también era alérgica a las gerberas blancas? La tía Victoria se me acercó y me tomó por el brazo para decirme "Fuerza sobrina. A todos nos duele. Sécate esas lágrima y consuela a tu madre que lo necesita más". Yo solo asentí moviendo la cabeza de arriba a abajo con la convicción de que era innecesario explicar que no lloraba, sino que  el aguantarme los estornudos me había puesto en ese estado tan calamitoso.

Cuando todos se fueron, me quedé sola frente al ataúd. Diez minutos y ni una lágrima caía. Comencé a sentirme mal conmigo misma. Tu papi se ha ido y ¿no puedes regalarle ni una lágrima? ¿Qué pasaba conmigo? Veinte minutos frente al ataúd y todavía nada. Decidí  inducirme al llanto, ya que siempre lloraba por situaciones superficiales decidí buscar alguna para rendirle un último homenaje a mi papito. Entonces, volví a recordar aquella vez que vimos al Poeta y la sensación que tuve cuando en medio de mi llanto vi a mi papá con el torso desnudo y con una cara de felicidad tremenda porque finamente había conocido a su ídolo. De pronto, una lágrima comenzó a recorrer mi mejilla.



miércoles, 12 de junio de 2019

Backstage "El Encuentro"


13 de octubre de 2018

5:00 p.m

¿Ya debería cambiarme? Mejor primero me plancho el pelo, ahí se van unos veinte minutos. En lo que me cambio, otros veinte hasta las 5:40. Mientras alisto mis cosas: insulina, glucómetro, efectivo, dni, otros diez. Como que a las seis ya estoy lista. ¿Y luego qué? ¿Qué hago hasta las siete? Mejor me alisto en una hora.

Condiciones climatológicas. Es improbable que llueva. ¡Perfecto! Se conserva el laciado y no tengo que llevar la casacota. Entonces la blusa blanca queda bien con el blazer verde ¿Pero con el leggin azul? Me levanta el poto, no importa. Queda. ¿Y los zapatos? Soy muy chata y él parece ser alto ¿Qué tal los botines marrones? ¡¡Queda!!

----------------------------------------------------------------------------------------------------

5:50 p.m.

- Todavía no salgas, espérate hasta las 7.
- Pero va a haber tráfico.
- Que no salgas. Tú no puedes llegar primero.
- Pero mira, salgo temprano y espero hasta las 8 por ahí. ¡Uy! Me puedo tomar un pisquito sour en el Bolívar para que se me pase la tembladera.
- Llegas a las 8, te vas al Bolívar y después le escribes para saber dónde está.
- Pero voy a llegar tarde.
- Esa es la idea.

----------------------------------------------------------------------------------------------------

6:50 p.m.

Creo que la mejor ruta sería por la avenida Abancay, hasta el peatonal de Ucayali. Está lindo para caminar por ahí. De pasada entro un toque al Starbucks y le metemos un expresso doble. ¿Y luego? Será todo jirón de la Unión, pues. Voy a ir alistando el playlist: Así mismo, Y la felicidad qué, Advertencia y Stop porque ni cagando la hago por ahí sin música. En el carro le agrego las demás ¿podría ser Oasis? No, mejor Residente. Me pregunto si me reconocerá con lentes, quizá no deba llevarlos o mejor me los quito cuando lo vea porque si no tampoco voy a ver ni mierda. No hay forma que me vea con lentes.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

7:10 p.m.

- Señorita, ¿la 412 es la que va por todo Abancay?
- Sí...
- Eh.... ¿y esta es la cola?
- No. Es la de allá.

Trabajo nueve horas al día, una sola es pa' la comida
En diez minutos como, cincuenta para hacer poesía
Por las noche leo y oigo beats de habito y leo
Y el domingo voy arrecho al techo a grabar lo que creo

[Qué buena, conchasumadre. Ojalá también le guste Canserbero]

                                                 
----------------------------------------------------------------------------------------------------

                                                                                                                   Cómo vas? 👀 7:19pm

Ya salí 7:22 p.m.
   Tú?  7:22 p.m.
                                                                                                                                  Igual 7:22 pm

Oka 7:24 p.m.

                                                                                                                                     Oki 7:30 pm

       Llegué 7:55 p.m.
               ✌️ 7:55 p.m.
Cómo vas? 7:55 p.m.
                                                                                                                            Cerquita 7:56 p.m.
                                                                                                         Por qué parte estás? 7:56 p.m.
                                                                                         
Abajo  del poto del caballo de San Martín  7:57 p.m.

                                                                                            Jajajajaja ya estoy cruzando 7:58 p.m.
                                                                            
Al costado de unos venecos bulleros 7:58 p.m.
                                                      Oka 7:58 p.m.

--------------------------------------------------------------------------------------------------

8:00 p.m.

Su obsesión por la puntualidad esta vez no le jugó en contra. Siempre había pensado que lo peor que puede haber en un chico es la impuntualidad, el irrespeto por el tiempo ajeno y la falta de compromiso ante un pacto programado con días de anticipación. Nada de eso sucedió esta vez. Al contrario, vio que su obsesión por llegar siempre a tiempo estaba replicada también en él. Diez minutos antes ya le estaba preguntando ¿Cómo vas? Lo que él no había imaginado es que ella había estado dando vueltas por ahí desde hace quince minutos intentando no parecer una ñoña puntualona.

¡Ah, los tiempos modernos! ¿Qué diría Chaplin si viera que la tecnología puede unir vidas? Quizá se asombraría de que su teoría se haya cumplido: las máquinas no solo se han conformado con apropiarse de nuestro tiempo, sino que nos han invadido hasta el fondo de nuestros corazones.
- ¿Que te puedes enamorar con un solo click? ¿Qués es un click?
- Bueno Charles, yo no diría que enamorar, lo llamaría "quedar". Y un click es algo parecido a la sensación de apretar una tuerca, aunque claro sin la desesperación de estar apretándolas por millones. Un click sería más con un símbolo de libertad como cuando le das click al perfil del chico que te gusta.... Ahhhh libertad por asumir mi derecho a decir quién me gusta
- Las máquinas no te dan libertad...
- En este caso sí, Charles y ya no quiero hablar de eso.

No tenía una cita desde hace mucho tiempo. ¿Podrían ser años quizá? Había interiorizado que por eso era mala para las citas. Tenía planeado llevarlo a ese lugar de mala muerte al que iba siempre con sus amigos de la Facultad ¡Vichama nunca tiene pierde! Pero puede que a él no le gustara tanto esa idea, así que estaba dispuesta a dejarse llevar. Casi nunca lo hacía prefería proponer porque así se hacía lo que ella realmente quería. Algunos lo veían como un acto de liberación feminista, pero en el fondo era más una sensación de caudillo autoritarista en el poder.

Ahora venía la mejor parte: encontrarse. ¿Cómo te encuentras con alguien al que nunca antes has visto? Las posibilidades de equivocarte son  muchísimas, ni siquiera podrías guiarte por la ropa: todos usan jeans azules, negros, verdes; todos visten polos o camisas. Podríamos guiarnos por una foto, pero vamos nadie luce igual en persona. Lo más probable es que si siguiéramos esa ruta acabaríamos decepcionándonos si al verlo no coincide ni siquiera en un 30% con su foto de perfil. Guiarse por una foto es un arma de doble filo. Pero una pista lo soluciona todo "Debajo del caballo de San Martín". Es una ubicación exacta, sin pierde: simplemente caminas hacía allá y listo. Así lo hizo. Se dejó los lentes hasta que pudo identificarlo. Efectivamente, jean azul, polo negro, casaca ploma. Al frente de él había un chico vestido con los mismo colores, pero él ni siquiera se había dado cuenta. ¡Qué bueno haber recurrido a las pistas!

Se acercó y convincentemente le dijo "Hola". Él se quitó los audífonos. ¿Qué estaría escuchando? La miró, de arriba a abajo. ¡Claro que ella se dio cuenta!, siempre le miran el culo. Ni siquiera pudo disimularlo, pero eso ya no importa. El silencio incómodo apareció algunos segundos después, aunque ella lo sintió como minutos interminables. "¿Y qué tal el partido?" ¿Qué tal el partido? Qué pregunta para más absurda, pero fue su intento por romper el hielo. Romper el hielo, siempre romper el hielo o ¿acaso era el miedo al silencio? Decidieron ir por unas chelas, Rincón Cervecero que estaba a la vuelta. Nunca había ido, así que la idea le pareció fenomenal.

Salir de la Plaza parece ser una de las cosas más sencillas. Por algo siempre arman las manifestaciones ahí. Cuatro rutas abiertas para poder escapar por si viene la Policía. Entonces, no entiendo cómo este par de bobos no pudieron salir de ahí. Se chocaron con una falsa salida y tuvieron que regresarse por la salida más cercana a Nicolás de Piérola. ¡Par de babosos! Caminaron un par de cuadras hasta llegar al bar y dos cervezas artesanales llegaron hasta su mesa. Una Chaski Porter para ella que respondía a su adicción al café. Luego una salchipapa: mitad y mitad porque ella no quería engordar. ¿De qué podrían hablar? Primero corroborar la identidad. "No, no tengo 26, tengo 25"; luego sobre la familia "Tengo cuatro hermanos"; ¿drogas? "Solo marihuana" "Yo nada, pero sí me gustaría probar". Fue suficiente para que ella supiera que lo conocía de toda la vida. "Se ve confiable, ya me está dando ganas de ir a tirar".

La hora de pagar. No era necesario que él lo mencione. Ella de todas formas lo iba a hacer. "¿Cómo se atreve a invitarme, ¿no sabe que estamos en el 2018? ¡Por Dios!" Se fueron a caminar por ahí. El Centro de Lima de noche es mucho más lindo, las calles despejadas sin la presencia de los tatuadores ofreciendo sus servicios por jirón de la Unión, solo la presencia de los barrenderos municipales que por fin han dejado esos uniformes amarillos asquerosos. "Vayamos hasta la otra plaza". A ella se le sale su perfil de profesora historiadora "Todas las plazas de la corona española tienen la misma estructura: el cabildo, la catedral y el palacio". Y él solo "Manya..."

Se acerca la señora de las rosas, "Joven regálele una flor a su novia, pues" y él se apresura a decir "No es mi novia". Y ella, "ridículo, como si a mí me gustaran esas cosas".
-¿No te gustan las flores?"
- No
 Ahora intenta acercarse, le mete cara varias veces. Ella solo piensa "Creo que ya me olvidé de ligar ¿cómo es que se hacía? ¿con lengua o sin lengua en la primera cita?". Le sigue metiendo cara y en una de esas, se la come porque ella por fin lo ha decidido. La besa y siente todas esas estupideces que le decían sus amigas cuando eran pequeñas "es como tener bichitos en el estómago" Por fin lo ha sentido, luego de tantos años por fin ha sentido las maripositas en su interior. 

--------------------------------------------------------------------------------------------------

14 de octubre de 2018

Amiga 2:18 p.m.
Saldremos el próximo sábado 2:19 p.m.

                 Omg 2:19 p.m.
Qué tal te fue? 2:19 p.m.
       Cuéntame 2:19 p.m.
    Se besaron? 2:19 p.m.

 Siiiiii 2:20 p.m.
Ay fue lindo en verdaaad 2:20 p.m.

OMG OMG OMG 2:20 p.m.

Estuvimos por la plaza Mayor 2:20 p.m.
Ay no, lindo 2:20 p.m

Jajajajajajaja 2:20 p.m.

Oye, pero ni siquiera me insinuó nada de sexo 2:20 p.m
O sea, algo chiqui pero no tanto como ya vamos a tirar  😂😂😂2:20 p.m.

Nunca has dicho eso 2:21 p.m.

Jajajajajajajajajajaaja 2:21 p.m. 

Creo que sí te gusta mucho 2:21 p.m.
                               Jajajaja  2:21 p.m.

Vamos a intercambiar libros el próx sábado 2:21 p.m.
🖤 2:21 p.m.

                  Ay que bello 2:22 p.m.
Le gusta leer también? 2:22 p.m. 

Parece que sí 2:25 p.m.
Tenemos varias cosas en común 2:25 p.m.
Pero no sé 2:25 p.m
No quiero emocionarme 2:25 p.m.

Sí vayan con calma 2:33 p.m.
Ay que lindo amiga 2:33 p.m.
            Ojalá que sí 2:33 p.m.

--------------------------------------------------------------------------------------------------

12 de junio de 2019

"No quiero emocionarme". Ojalá hubiera recordado esa frase los siguientes ochos meses. Así me habría ahorrado tanto drama. Ya sé que soy la Drama Queen por excelencia, pero a veces una se cansa de ser la reina. Quizá hubiera preferido ser una princesa o mejor una plebeya. Asumir con tranquilidad que la vida continúa y no estar buscando explicaciones absurdas de por qué me tuvo que pasar a mí. Ya lo he decidido: Voy a abdicar. Dejo el trono de Drama Queen para quien quiera tomarlo. Solo una advertencia. Ya no hay vuelta atrás.


Desayuno

Me gusta tenerte encima, sentir tu respiración así de cerquita. Que me comas las orejas, me muerdas la cara y me asfixies con tus dedos en el lado izquierdo de mi cuello: ahí se siente más. Me gusta cuando tus ojos recorren mi cuerpo y a lo lejos me dices "A ver voltea... Qué rica estás". Luego tocas mi cintura y antes de llegar más abajo dices convincentemente "Mío". Tu lengua se mete en mi boca y no hay nada que la detenga. Se convierte en una competencia de quien puede alcanzar una mayor profundidad. Te doy la espalda y dices al aire "Qué rico conchasumadre", te regalo una mordida en los labios de abajo. 
Abrimos unas chelitas, "Me gusta cuando hueles a borracha"; la verdad que yo también me gusto así. Sacas esa bala plateada que ya no sé cuántas veces la he visto humear, jugamos a que no quiero, aunque el fondo sé que quiero, pero tú me dices que no quiero porque "¿Qué dirían tus alumnos si te vieran así?" Dos pitadas y tus ojos se ponen rojos, tienes cara de sueño. Yo sigo un poco despierta, casi nunca me pega como a ti. La tele se apaga, me abrazas, yo me quiero zafar, me vuelves a abrazar aunque sabes que no amaneceremos en esa misma posición.
Yo me levanto primero, voy por una taza de café. Regreso y sigues durmiendo. Pienso "¿Puede haber algo más lindo?". El olor a expreso no te despierta, te das la vuelta, regresas a tu sitio, te estiras, ¿no se supone que dormías? Decido corregir exámenes, ya sabes... esa absurda idea de tener que aprovechar la mañana. Al fin te despiertas, no quieres desayunar, dices que ha sido una buena noche, pero "Hay que chambear", así que te vas. Te veo irte en por el ascensor, corro hacia mi ventana para verte ir por la puerta central. Hay un vacío en mi corazón... Seguramente no va a desayunar.

lunes, 10 de junio de 2019

Alberto está en casa

Las chicas están muy felices: Talía lo ha abrazado hasta quitarle la respiración y Ana Paula ha pisado el acelerador lo más rápido que su Toyota Yaris dorado se lo ha permitido. Alberto está en casa, hace un mes estuvo también aquí, pero parece que ha pasado mucho más. Los años de la facultad en que teníamos clases de  seis horas de corrido vuelven con nostalgia ahora que se ha mudado a Cusco.

Tres días no son suficientes para ponernos al tanto de los chismes de la universidad, tampoco para rajar de nuestros alumnos ni teorizar sobre el correcto desempeño que deberíamos intentar proyectar en clases. Con unas chelas todo parece fluir mejor. Dice que extraña su moto y me pregunta si no quiero tomar su lugar de profe de Historia el año que viene en Ausangate. No ve las horas de regresar. La independencia es buena, pero estar rodeado de amigas de toda la vida es mucho mejor. Ha venido para celebrar los 28 de Talía y también para probar de esa hierba de 20 dólares el gramo que tanto nos ha presumido en vísperas de su cumpleaños. Yo no la llegué a probar. La última vez que Alberto vino estuvimos drogados por horas en el cuarto de Talía, la resaca nos duró hasta el día siguiente y yo me la pase alimentando a cuatro estómagos con apetito de vaca. Así que esta vez dije: No hay forma, mañana tengo que chambear. Quizá él también  la dudó, pero vamos nadie se resiste a ese slogan: ¿20 dólares el gramo?

Me pregunta por Mauro que en verdad se llama Flavio, pero por alguna razón no puede llamarlo así. Entonces acordamos que de ahora en adelante ese maldito se llamará Mauro. Le respondo que todo va bien, que no ha venido porque me parecía que no tendría nada que hacer aquí, pero en realidad es porque me ha dado la gran choteada "Tengo mucha chamba que hacer". Creo que se ha dado cuenta, es más creo que puede ver cómo mi nariz crece más y más a medida que le cuento por qué Mauro no está aquí. Así que caletamente me cambia el tema de conversación, se nos une Ana Paula y comienzan las miradas cómplices. Hay algo que nos exige a gritos emborrachar a Apita como en los viejos tiempos. Pero todo con calma, paso a paso alcanzaremos el éxito.

La incursión de los 28 se traslada hacia Jirón Chota. El recuerdo que tenía de Talía echada en mi cama diciéndome "Este año no hay forma que acabemos en el centro" se va desvaneciendo poco a poco a medida que los taxis van cruzando la avenida Wilson. Al bajar, Alberto, Mori y yo nos miramos. Nadie quiere estar ahí, pero qué chucha es el cumpleaños de Talía y Alberto está aquí. Atravesamos la puerta de madera enmohecida, subimos las escaleras rechinantes y una cola nos detiene. Llega Talía hace unos arreglos y de pronto escuchamos "La gente de Talía, a ver. Suban, suban son diez". Y entramos. La Casa del Auxilio nos recibió con sus baños portátiles y habitaciones republicanas transformadas en recintos para el mejor perreo old school.

... continuará

Silvana


Escuchar su voz me tranquiliza. "Nadie es indispensable, amiga. Todo pasa, si no mírame a mí". No pudo haberlo dicho mejor. No son palabras de consuelo, ni de resignación, son de apoyo: ¿tú te metiste en esto? ¡Pues yo te voy a ayudar a salir! He llorado tanto, todo el día como la vez que me dejó Luis Cotillo hace trece años. De la misma forma, recostada en mi cama, llorando en silencio aunque no hubiera nadie en casa. Y la he llamado, tal como lo hice hace trece años. "Amiga, estoy triste" y de pronto: un vómito verbal mezclado con lágrimas y un tufillo a cebada. No sé qué haría sin ella. Ni siquiera lo he pensado. No lo quiero ni pensar, porque no concibo mi vida sin ella.

Whatever

No tienes idea la cantidad de veces que ha sonado Whatever en mi reproductor. Me imagino la cara de Liam odiándome por amar con locura lo que su hermano escribió para nuestra generación. Creo que esa canción sonaba la vez que me dijiste Te quiero. ¿O a caso escuché mal? ¿No dijiste "Te quiero"? ¿O sonaba Live Forever? Era Oasis definitivamente y comenzaste diciendo Te... En fin, ya no importa ahora. 
Prefiero estas suposiciones, hay que pasarla bien, Tempo. Hay que burlarnos de la cara de Liam, de las estupideces de Tempo. Espera, no tú ni yo, sino el verdadero Tempo, ¡Tampoco el salsero, Tempo! El verdadero y único Tempo, ese idiota que jamás podría...

Free to be whatever you
Whatever you say
If it comes my way it's alright

"Quiero estar solo"

Whatever you do
 Whatever you say
   Yeah I know it's alright

   "Está bien"




domingo, 9 de junio de 2019

Bye bye Tempo

Ahora ya no importa las decisiones que pudimos haber tomado, ni los consejos que nuestros amigos pudieron habernos dado en un escenario parecido a cuando juegas la Gallinita Ciega. 
A veces lo que nos toca vivir no es resultado de nuestras decisiones, sino de lo que nos llevo a optar por esos caminos. Ante esas situaciones desvirtuadas, lo mejor es saber saber afrontar con dignidad lo que te toca.
Y esto fue lo que nos tocó, Tempo: un clima incierto en el que la pasamos bien y me hiciste reír mucho, también subir muchos kilos, me enseñaste a escuchar buena música y fuiste quien me ayudó a encontrarle algún sentido a fumar hierba. 
Quizá pudimos haber hecho más. Nos quedaron pendientes las maratones de Hitchcock, mi pedido especial de happy brownies, ir en bicicleta por todo Surco y que probaras los postres que tanto te presumí. Pero no se pudo, realmente nunca estuvimos en sintonía ¿debí haberlo notado la vez que te pregunté por qué no quería estar conmigo? En fin.
Supongo que a veces es difícil explicar algunas cosas: "simplemente quiero estar solo" parece ser una de ellas. Pero para mí lo más difícil fue entender por qué aunque siempre decías querer estar solo, yo seguía manteniéndome a tu lado. Ya no vale la pena teorizar, es mejor ahorrarse todo el rollo. Siempre decías que complico las cosas, que tengo manías escondidas y que debería ser más fresh como tú. ¿Y sabes qué Tempo? Por primera vez te voy a hacer caso.

Bye.