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sábado, 10 de octubre de 2015

Los que vuelven

"Penas que arrastran mi alma me están matando,
Mamacha de las Mercedes ¿Qué es lo que pasa aquí?
Unos a otros se matan, sin compasión;
Mamacha de las Mercedes ¿Qué es lo que pasa aquí?"
Martina Portocarrero

Un saludo a los caídos, a los que se atrevieron a hablar y a los que nunca pudieron callar. Acá en la ciudad, los inconformes, los quejumbrosos y los más privilegiados les decimos en voz bajita para que no nos tilden de malagradecidos:  queremos enrrumbar nuestro camino al lado de ustedes. Acójannos, no como la ciudad acogió a sus hijos, acójannos como a hijos que regresan a casa después de un largo camino. Volvemos a nuestros orígenes porque es ahí, bien adentro en donde, verdaderamente, podremos saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Prepárennos el atado, extiendan el pellejo que volvemos llevando brisa nueva.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mañana florecerá

Hace 5 años decidí escribir todo lo que pensaba, decidí hacerlo porque pensé que a alguien podía interesarle lo que una chica de, entonces, 16 años podía pensar. No encontraba un lugar en donde ser escuchada, quizá porque pensaba que lo que creía no era interesante, no eran suficiente las clases, los debates, ni las reuniones amicales. En ese entonces pensaba en el amor como un camino de refelxión, pronto me di cuenta que era la sociedad en la que en verdad debíamos detenernos a reflexionar. Decidí entonces desviar los intereses del blog a una causa más justa, a un objetivo primordial, pero sin perder el propósito inicial: dar voz a las ideas reprimidas, a las historias sin contar, a los que escriben en secreto, a la gente que ni si quiera sabe hacerlo. Darle voz a los que, verdaderamente, quieren ser escuchados. 
Comencé a creer entonces que lo que me enseñaban en la universidad debía ser aplicativo y nunca jamás quedarse solo en mi cabeza como teoría que algún día sería utilizada para la creación de un articulillo. Tuve la gran suerte de conocer a gente que cambió mi vida: profesores, amigos de otras carreras  que me cuestionaban constantemente qué iba a hacer con todo el conocimiento que tenía bien aprendido: "hay que abrir las canchas solía pensar". He pensado, dentro de toda esta renovación del blog, en incluir algunas entrevistas. No soy periodista de profesión, pero me siento en la capacidad de hacerlo. Conversacions interesantes con personas que nos calificadas como tal: la señora que vende emoliente en la Estación, el señor que barre las calles de la universidad, un cobrador de combi. Mi interés va hacia cómo llegaron a esa profesión, cómo interiorizaron esa realidad que para muchos es tan lejana y desdeñable. Es una opción, quizá viable -en la medida que tenga el tiempo para realizarlo-.
Había pensado, además, en seguir escribiendo sobre el amor, la decepción y la soledad: todos temas jamás agotables. Insisto en ello porque creo haber tenido un público seguidor que se acostumbró a ello, y también porque me gusta. Por ello, he creado algunas etiquetas que podrán servir para identificar la temática de cada post.
Finalmente, espero que esta etapa de renovación me sirva mucho y también, a ustedes, lectores anónimos a quienes agradezco cada visita. Me alegro mucho cuando dejan comentarios o tan solo se suma una visita al contador. Toda mi vida lo único que interesó fue escribir, escribir e influenciar en la sociedad en la gente y que pudiera reflexionar sobre lo que somos, lo que hacemos y cómo lo hacemos. Creo estar en un momento en donde la conciencia nacional ha tocado mi alma fervientemente, no sé si producto de la madurez o de haber conocido a las personas correctas, pero sea lo que fuere no me arrepiento de nada de lo que escribí aquí. Cada decepción, cada memoria, cada amor no correspondido, cada reflexión sobre ello me preparó para algo más grande y real.

Gracias totales

Mari

jueves, 3 de septiembre de 2015

Preguntas para el profesor C. ...

El profesor decía en clase, "Tampoco hay que caer en la idealización de lo popular", y sentí como si me dispararan en el centro del corazón. "Profe, eso es inevitable" quise decir, pero callé. Seguí pensando, "Enfrentarse a lo popular -desde afuera- es muy complicado, sobre todo, si ni si quiera se ha tenido algún tipo de contacto previo. Con esto tampoco quiero decir que los "no populares" o, para efecto prácticos, "los ricos" no puedan estudiar lo popular. Pero es por estos casos, en donde la lejanía evidente crea un puente de identificación, que la 'idealización' se hace inevitable. Pasa lo mismo, con quienes lo estudian desde adentro, 'idealizan' sus acciones y le encuentran explicaciones académicas, es como si intentasen una manera de reivindicación a través del estudio de su propia cultura, tantas veces marginada". Tampoco le mencioné esto al profe. Temí la crítica certera de los presentes, temí por mi concepción tan marginal y cerrada, "si no te has ensuciado los zapatos, ¿cómo chucha piensas estudiar la cultura popular? No puedo evitar pensar, "quizá porque me revienta la manera en que se tratan estos temas: la lejanía, la utilización convenida de la cultura popular. Quieren darla a conocer a quienes no la conocen, ¿cómo puede contribuir a esta misma cultura? ¿Importa la mirada desde afuera? cuando lo que se debe pretender es construir una mirada interna. Que lo popular sea llevado a la afanada burbuja académica no debe ser el objetivo, nuestra labor final son las personas, su cultura: solo ellos son los únicos herederos y verdaderos beneficiarios de lo que se produce sobre su propia cultura". "Ay no, dirían por atrás y apelarían a sus conceptos tan complicados de cultura, Ay no, y apelarían a los autores clásicos" y yo simplemente respondería "Primero anda haz tu cola en un Vaso de leche y siéntate en un silo antes de habar así". El profe me diría, "A ver, Marilyn, pero no estás considerando..." "Sí, profe, a ver lo escucho (solo sus palabras pueden calmar mi ira)".


Dedicado a uno de mis profesores favoritos, el profesor C. 

viernes, 3 de abril de 2015

The once I was in Chosica

Comenzaré este post resaltando una de las cosas que a menudo nos decía la gente de las juntas vecinales y uno que otro apoyo municipal, “amiga, tienes que diferenciar entre damnificado y afectado, pues”. Entonces, mientras mi grupo y yo caminábamos nos dábamos cuenta del panorama al que nos enfrentamos: una disputa frenética entre los habitantes por dejar en claro quién era (actualmente) más pobre que otro: “Yo no tengo agua, señorita”, “Ella al menos tiene donde dormir, toda mi casa está destruida”. Y, efectivamente, todo lo que nos decían era cierto, ¿cómo negarles,  entonces, una botella de agua, una lata de atún a esa gente solo porque no requerían los niveles de ‘pobreza’ que los ‘organizadores’ nos incitaban a evaluar rigurosamente? En verdad, no tengo quejas con la excelente organización de la que fui parte hoy, pero sé que siempre, los que acuden a lugares dónde han ocurrido este tipo de desastres se van a enfrentar sí o sí con esta dicotomía y para poder solucionarlo a veces solo uno debe apelar a su intuición (o sea a su corazoncito).

El grupo con el que me estaba moviendo era agradable, mis amigos: Chris y Tefa; un chico que a menudo creía ser gracioso, pero en verdad nunca lo fue y uno un poco más callado. Obvio en el camino terminamos mimetizándonos con los de otros grupos. Mientras intentábamos llegar a San Antonio, un cerro bien empinado, pero con las escaleras amarillas bien puestas vimos una ciudad destruida y a miles de gente del ejército que intentaban reconstruirla. Nos rogaban por una botella de agua, mientras dejaban de lado su pala, su pico necesarios para ‘cumplir con su labor’, tenían los polos en la cabeza, mascarillas improvisadas, mucho sudor en la cara y axilas y el infaltable uniforme. “¿Cómo vas por aquí?”, le preguntó, y me responde “Todo es una cagada, pobre gente se van a quedar si nada por un buen tiempo” mientras no dejaba de mirar la botella de agua de 3 litros que tenía en mis brazos que, por supuesto, se la dejé. Es increíble, cómo la gente llega a desesperarse por agua. Un incidente bastante particular nos sucedió mientras ya estábamos de bajada. A una chica de otro grupo, que tenía como 4 botellas entre sus brazos, se le cayó una por las empinadas escaleras; la botella rodó hasta muy abajo y dejó a la vista un diminuto agujero por donde se filtraban una línea delgadita de agua. No era la primera vez que pasaba; de hecho, lo que habíamos estado haciendo cuando sucedía esto era utilizar esa botella rota para mojarnos la cara, lavarnos las manos: el solo era infernal!!! Sin embargo, en esta oportunidad algunos no estuvieron de acuerdo en seguir haciendo este procedimiento. Nos envolvimos en una gran discusión sobre qué hacer con la botella de agua que seguía filtrando una pequeña línea de agua. Yo estaba a favor de que la utilizáramos para refrescarnos, pues ya no había más gente a quién repartir (técnicamente todas las casas contaban con un mínimo de botellas de aguas); sin embargo, también era consciente que una botella más, aunque sea rota, sí le vendría bien a cualquier familia y esta era la postura que defendían los otros chicos. Finalmente terminamos usándola para aliviarnos del terrible calor, aunque los otros chicos optaron por no hacerlo. Me arrepentí tanto de esto porque sé que mi postura se vio influida por las circunstancias, mas no por un contexto más macro (bah!, egoísta de miércoles).
El huayco que había pasado por Chosica más allá de revelar la ineficiencia de un alcalde que tiene más de 15 años en el cargo (y no poder planificar un plan preventivo) revelaba también las condiciones humanas más 'primitivas'. Podría decirse que todos tenemos perder nuestras cosas materiales, pero en fin es la tele, el dvd, la refri, pero no me quites el agua, carajo que sin eso no vivo. Amigos, en Chosica no hay una sola gota de agua y el sol es asqueroso. ¿Cómo sobrevivir a eso sin revelar una amargura pontecializada? Esa gente no es malcriada, no, solo quiere un poquito de agua, no quiere billetitos (de nada serviría ahor). Quiere agua.

domingo, 14 de diciembre de 2014

You, woman, clean and cook


Hoy en día existe todo un discurso que intenta reivindicar a la mujer en donde un alejamiento de las "funciones domésticas" es imprescindible. Ahora, cada una de ellas se sienten mucho más independientes: trabajan, ganan muy bien, tienen mayores derechos, pueden acceder a un departamento propio y salir de juerga sin ningún remordimiento. Sin embargo, la mayoría se indigna si alguien les pide que cocinen algo,  que planchen su ropa, que boten la basura, que laven la ropa. Contrariedades que no solo responden a una cuestión "machista", opresora que quiere seguir restringiendo al género femenino. Si no a un " (mal ) ideal reivindicado" que te dice que por ser mujer no deberías ni acercarte a una cocina y menos aún limpiar la casa. De hecho este tipo de cosas, no solo deben ser ejecutadas por las mujeres, sino que cualquier persona que ansíe llamarse "independiente" debe saber hacerlas. Este tipo de pensamientos, suele confundir a las siguientes generaciones extendiendo el mal elaborado ideal y haciendo una división mucho más dañina que la provocada por el machismo: este tipo de tareas no son aptas para las mujeres profesionales, sino para aquellas que no pudieron acceder a una educación y que, como último recurso, tuvieron que anclar en los trabajos domésticos. En realidad, no tiene nada malo contratar o trabajar en el servicios doméstico. El problema es cuando se cree que realizar este tipo de labores nos coloca en una situación inferior de quienes no las hacen; algo así como si nos regresara a un pasado restrictivo que solo nos presenta una oportunidad sin retribución alguna. Quizá sea tiempo de reinterpretar la situación: después de mi chamba regreso a casa, preparo una rica cena, se la sirvo a mi novio. Ordeno un poco la casa, limpio un poco para que la persona que me ayude no tenga tanta carga. ¿Hago esto por ser mujer? NO, lo hago porque se me da la maldita gana.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Terrorismo Kid's

No pretendo hacer escarnio al titular, de la manera más yanqui este post, lo que pasa es que aún no puedo salir del asombro al saber que varios niños menores de 11 años son entrenados para matar por doquier, entrenados para ser fríos y no tener sentimientos, entrenados quizás para hacer una copia barata del FARC. Comandados por el "camarada José" estos niños repiten frases como si se tratará de aprender la tabla de multiplicar, sí está bien quizá ahora no entiendan lo que repitan pero en el futuro ,todo lo que dicen hoy, serán las bases de sus acciones. Sin investigar ahondadamente sobre el tema, me atrevo a opinar ,como la peruana que soy, que jamás en el mundo se vuelva a esos macabros años de terrorismo. Pero siendo fría y perdiendo la esperanza, cada vez me atrevo a pensar que regresar a esos años está a la vuelta de la esquina. Qué macabra y a la vez audaz mente psicótica es capaz de manipular a niños que deberían estar jugando en lugar de armarse con rifles de guerra que los llevarán a cometer una de las más bajas vilezas: quitar la vida a una persona. Va a ser muy difícil que estos pequeños puedan salirse de este mundo asquero del terrorismo. Siempre he respetado la ideología de las personas, incluso la de estos grupos terroristas pero ahora estamos hablando de una ideología invasiva, sembrada, manipulada. Alguien que solo recibe un solo tipo de información siempre va a creer que es la correcta y va a defenderla con su vida, pues no conoce otra.
No me imagino cómo será el país dentro de unos años. Por ahora solo espero no volver a escribir sobre estos niños y es más que imperativo que el Estado deba intervenir. El VRAE no solo es una zona ocupada por el terrorismo sino también por el narcotráfico, entran y salen personas y lo peor es que debe haber autoridades que lo permitan. Yo no sé qué es lo que podría hacer el Estado, yo no sé cómo llegaron esos niños ahí, yo no sé por qué esa gente tiene ese ideología. Solo sé que esto debe acabar y si es necesario que los que estamos fuera de esto, observando asombrados lo que ocurre, debamos intervenir pues hagámoslo.