domingo, 8 de febrero de 2026

Muévase de ahí


―Señorita, muévase de ahí.
―No puedo.
―Señorita, por favor. Estoy apurado.
―Señor...atropélleme, por favor.
―¿Cómo?
―Que me atropelle, que me pase por encima con su carro hasta quedar inconsciente ahí en la pista.
―¿Oiga pero usted está loca o qué?
―Sí, creo que me estoy volviendo loca.
―No puede andar por la calle pidiendo que la atropellen. Nadie se animaría a hacerlo. Si quiere morirse hágalo usted misma.
―No he podido hacerlo.
―¿Entonces me quiere chantar el trabajito a mí?
―Puedo intentar que parezca un accidente, en un descuido podría correr hacia su carro y lanzarme. Usted no tendría que hacer nada. Ni siquiera hay cámaras por aquí, nadie sabría lo que pasó.
―Voy a 30km no le pasaría nada. Además, ¿por qué lo haría? Yo ni la conozco.
―Así es mejor.
―No lo voy a hacer, ya muévase o llamo a la Policía.
―Por favor... señor.
―No, que lo haga el carro de atrás.
―No suelen pasar muchos carros por aquí...
―Entonces eligió mal el lugar para matarse. Váyase a la Javier Prado. Ahí no tiene que pedírselo a nadie. Solo cierre los ojos y cruce.
―Ya lo intenté. Un hombre se bajó a ayudarme porque pensó que estaba ciega.
―Entonces vaya y tírese en los rieles de tren.
―La gente nunca muere ahí, la mayoría queda cuadripléjico. En cambio los accidentes de auto sí son fulminantes.
―¿No ha intentado en la Vía Expresa? Si quiere yo la llevo.
―¿Entonces si me va ayudar?
―No, pero me queda en la ruta. Súbase, nadie merece morir solo en este mundo.