Cuando terminé de ver Stranger than fiction, protagonizada por Will Ferrell, sabía que había escuchado o leído alguna historia parecida antes. Traté de hacer memoria y mi recuerdo me llevó hasta 3ero de secundaria, exactamente a la clase de Literatura de mi profesor favorito, Paul Verde. Recordé que él mencionó una vez que un personaje de algún libro desafió al escritor que le daba vida porque este quería matarlo en su argumento. Esto era todo lo que recordaba. Gracias a Dios, hoy existe el internet y pude rastrear esta pista. El libro en cuestión era Niebla de Miguel Unamuno.
Aunque no resultaba un total desconocido para mí, confieso que Niebla fue el primer libro de Unamuno que leí. La experiencia me pareció enriquecedora y desafiante. A simple vista, el argumento podría ser encasillado en el formato de tragedias de amor -si es que acaso existiese tal género- pues cumple con los clásicos lineamientos: hay enamoramiento, sufrimiento, traición y muerte de por medio. Sin embargo, la intención de Unamuno no es profundizar en este tipo de sentimientos, aunque sí los usa como medio para explicar un cuestionamiento mayor: la existencia. En este sentido, Unamuno hace de esta novela una combinación perfecta entre narrativa y filosofía: la creación de Augusto Pérez es el claro ejemplo de ello.
Augusto Pérez es el personaje principal de Niebla, lleva una vida cómoda, con sirvientes y sin carencias económicas; lo cual, de una u otra forma, le permite ahondarse en las más profundas reflexiones sobre temas, aparentemente, triviales. A lo largo de la novela, le suceden distintos problemas amorosos que intenta solucionarlos conversando con sus amigos, sirvientes e incluso con su fiel perro Orfeo. Sin embargo, al no encontrar soluciones que llenen sus expectativas decide buscar a expertos como Antolín Paparrigópulos y, luego, al mismísimo Miguel de Unamuno. En este punto de la novela, nos damos cuenta que se ha saltado el muro que separa la ficción de la realidad, algo muy parecido a lo que en teatro se conoce como "romper la cuarta pared".
La genialidad de este libro radica en la visita que Augusto (el personaje) le da a Unamuno (su autor), en Salamanca. El personaje se entera de su inexistencia, más allá del argumento creado por Unamuno y se genera un diálogo existencial y trascendental que aborda temas relacionados al libre albedrío y la toma de conciencia. Veamos este primer fragmento en el que Augusto descubre su verdad por palabras de su mismo creador:
En este sentido, Augusto hace referencia a que la existencia no está basada en la toma de conciencia de una persona (yo incluso agregaría de "algo") tal y como propone Unamuno, sino más bien en condiciones externas; es decir, la existencia se da porque alguien más lo valida y no necesariamente, necesita ser tangible. De hecho, existen varios ejemplos de ello: Dios, los fantasmas, el recuerdo de nuestros ancestros; este último, lo podemos ver en el argumento de la película de Disney, Coco. Un familiar muerto vive, de una u otra forma, porque nosotros mantenemos vivo su recuerdo. Cuando ya no haya nadie que lo haga es cuando podremos afirmar que alguien, no solo ha muerto, sino que ya no existe En este sentido, para Augusto la existencia no significa tomar conciencia ni tener presencia. Así afirma:
Ahora, esta última afirmación -que de hecho, la encontramos en la parte final del libro- contrasta con lo que Augusto ha venido haciendo a lo largo de la novela: cuestionarse su existencia. Se pregunta por qué le pasan cosas desventuradas y decepcionantes; les hace la misma pregunta a sus amigos e incluso a expertos. Vemos, entonces, que Augusto ha estado en una constante búsqueda por definir quién es él y es recién con la entrevista con Unamuno que la encuentra: no existe. El final del libro es espléndido porque confirma las decisiones de Unamuno: él se reafirma como el director de la vida de Augusto; y Augusto, finalmente, logra su cometido: en su intento de cuestionar su existencia, encuentra que no existe. En ambos casos, tanto Unamuno como Augusto consiguen sus objetivos.
Definitivamente, este libro da para muchísimas perspectivas de análisis más. Unamuno me ha fascinado con esta novela, me ha dejado reflexionando mucho y, sobre todo, me ha dado el bichito de volver a leer filosofía; ¡vaya que desde que acabe la universidad no lo hacía! Será momento de retomarlo.
Más sobre Niebla
* Hay una película en YouTube --> https://www.youtube.com/watch?v=X1JEFLi0xPw
Augusto Pérez es el personaje principal de Niebla, lleva una vida cómoda, con sirvientes y sin carencias económicas; lo cual, de una u otra forma, le permite ahondarse en las más profundas reflexiones sobre temas, aparentemente, triviales. A lo largo de la novela, le suceden distintos problemas amorosos que intenta solucionarlos conversando con sus amigos, sirvientes e incluso con su fiel perro Orfeo. Sin embargo, al no encontrar soluciones que llenen sus expectativas decide buscar a expertos como Antolín Paparrigópulos y, luego, al mismísimo Miguel de Unamuno. En este punto de la novela, nos damos cuenta que se ha saltado el muro que separa la ficción de la realidad, algo muy parecido a lo que en teatro se conoce como "romper la cuarta pared".La genialidad de este libro radica en la visita que Augusto (el personaje) le da a Unamuno (su autor), en Salamanca. El personaje se entera de su inexistencia, más allá del argumento creado por Unamuno y se genera un diálogo existencial y trascendental que aborda temas relacionados al libre albedrío y la toma de conciencia. Veamos este primer fragmento en el que Augusto descubre su verdad por palabras de su mismo creador:
"No existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle"(Pág. 275)Consideremos esta frase como la revelación inicial que dio paso al del encuentro entre el mundo literario y la realidad. Unamuno hace referencia al libre albedrío cuando dice que las venturas y malandanzas de Augusto han sido escritas por él. Él es el creador de cada una de sus decisiones y por lo tanto podríamos deducir que Augusto es un ente literario que no está en la capacidad de tomar conciencia de su existencia, porque depende de la de Unamuno. Sin embargo, la replica de Augusto es alucinante porque hace énfasis en posibles "niveles" de existencia:
"Supongamos que es verdad que ese hombre me ha fingido, me ha soñado, me ha producido en su imaginación; pero ¿no vivo ya en las de otros, en las de aquellos que lean el relato de mi vida?" (Pág. 285)
En este sentido, Augusto hace referencia a que la existencia no está basada en la toma de conciencia de una persona (yo incluso agregaría de "algo") tal y como propone Unamuno, sino más bien en condiciones externas; es decir, la existencia se da porque alguien más lo valida y no necesariamente, necesita ser tangible. De hecho, existen varios ejemplos de ello: Dios, los fantasmas, el recuerdo de nuestros ancestros; este último, lo podemos ver en el argumento de la película de Disney, Coco. Un familiar muerto vive, de una u otra forma, porque nosotros mantenemos vivo su recuerdo. Cuando ya no haya nadie que lo haga es cuando podremos afirmar que alguien, no solo ha muerto, sino que ya no existe En este sentido, para Augusto la existencia no significa tomar conciencia ni tener presencia. Así afirma:"¡Yo no puedo morirme; solo se muere el que está vivo, el que existe, y yo, como no existo, no puedo morirme ..., soy inmortal! No hay inmortalidad como la de aquello que, cual yo, no ha nacido y no existe. Un ente de ficción es una idea, y una idea es siempre inmortal..." (Pág. 287)
Ahora, esta última afirmación -que de hecho, la encontramos en la parte final del libro- contrasta con lo que Augusto ha venido haciendo a lo largo de la novela: cuestionarse su existencia. Se pregunta por qué le pasan cosas desventuradas y decepcionantes; les hace la misma pregunta a sus amigos e incluso a expertos. Vemos, entonces, que Augusto ha estado en una constante búsqueda por definir quién es él y es recién con la entrevista con Unamuno que la encuentra: no existe. El final del libro es espléndido porque confirma las decisiones de Unamuno: él se reafirma como el director de la vida de Augusto; y Augusto, finalmente, logra su cometido: en su intento de cuestionar su existencia, encuentra que no existe. En ambos casos, tanto Unamuno como Augusto consiguen sus objetivos.
Definitivamente, este libro da para muchísimas perspectivas de análisis más. Unamuno me ha fascinado con esta novela, me ha dejado reflexionando mucho y, sobre todo, me ha dado el bichito de volver a leer filosofía; ¡vaya que desde que acabe la universidad no lo hacía! Será momento de retomarlo.
Más sobre Niebla
* Hay una película en YouTube --> https://www.youtube.com/watch?v=X1JEFLi0xPw
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