La otra vez me quejaba con un amigo mientras tomábamos una chata de ron a miles de kilómetros de mi casa: "la gente tiene miedo de bajar a los conos;ya nadie me quiere visitar". Este me respondía: "que se van a ensuciar los zapatos esos miedosos, del centro no pasan". Yo le decía que no eran miedosos, que había mucha razón para pensar dos veces antes de intentar cruzar Acho, pero él fulminante, como siempre, respondía: "el que quiere ir a verte te va a seguir sin reproches y a la hora que sea". Entonces le dije "vamos a mi casa un toque" y gritando respondió: "ta' webon, yo quiero vivir flaquita".
Así, me di cuenta que la duda se apodera hasta de los mas avezados, pero aquí es donde nos tocó vivir a más de 1 millón de personas; somos algo así como los marginados, pero sin taras físicas: solo con la carga de vivir frente a un penal, ser vecinos de unos pistoleros abastecedores de granadas y coca y tener las calles más 'inseguras'. ¿Qué dirían nuestros abuelos, cuando antes orgullosos invitaban a todo el mundo a sentarse en la sala recién construida?, ¿qué dirían si ya nadie quiere venir a visitar a sus nietos por culpa de los 'estigmas sociales' alimentados por la prensa amarillista? "No te preocupes hijita, acá siempre hay solcito, no tienes nada que envidiar".
Así, me di cuenta que la duda se apodera hasta de los mas avezados, pero aquí es donde nos tocó vivir a más de 1 millón de personas; somos algo así como los marginados, pero sin taras físicas: solo con la carga de vivir frente a un penal, ser vecinos de unos pistoleros abastecedores de granadas y coca y tener las calles más 'inseguras'. ¿Qué dirían nuestros abuelos, cuando antes orgullosos invitaban a todo el mundo a sentarse en la sala recién construida?, ¿qué dirían si ya nadie quiere venir a visitar a sus nietos por culpa de los 'estigmas sociales' alimentados por la prensa amarillista? "No te preocupes hijita, acá siempre hay solcito, no tienes nada que envidiar".












