viernes, 30 de enero de 2026

Idea original de...

He pensado en tu absurda idea de no tener pareja hasta no tener el suficiente dinero que necesitas. A simple vista parece una decisión responsable, pero detrás se esconde un genuino problema: no te conformas con nada. No tienes suficiente dinero, tu trabajo no es suficientemente perfecto, no tienes suficiente tiempo en el día. En fin, nada es suficiente para ti. Pero lo cierto es que no eres el único hombre en esa situación. De hecho, más de la mitad de los habitantes del planeta subsisten de la misma manera, me incluyo dentro de ellos. Cada vez es más difícil alcanzar la independencia económica y he quedado sorprendida por cómo ese factor influye determinantemente en las relaciones de pareja. He pensado que ese puede ser un tema increíble para un guión de película. Si logro hacerlo realidad te pondré en los créditos como creador de la idea original, con la esperanza de que eso te ayude a solucionar tu problema. Obtendrías regalías si la película se convierte en un éxito, aunque quizá ese dinero tampoco sea suficiente para ti y pongas otra excusa para evitar tener una relación conmigo. ¿Cómo saberlo? 

lunes, 26 de enero de 2026

Un final alternativo para El amor en los tiempos del cólera

Escribo estas líneas mientras espero que llegues a buscarme. No sé cómo terminará el día, lo más probable es que terminemos peleando como ha sucedido en nuestros últimos encuentros. No he podido pensar en lo que me contaste sin llorar porque cada vez que lo intento se me aparece tu imagen en alguno de esos lugares oscuros con luces fluorescentes. Tú rodeado de mujeres, habiendo elegido estar ahí, pudiendo elegir con quién estar y reforzando un sistema que mercantiliza el cuerpo de las mujeres. Y me siento pequeña, me siento tonta y poca cosa porque alguna vez te escuché decir que me amabas, pero ahora dices que por la misma razón elegiste estar ahí. No tiene sentido. Me pregunto si en este punto todavía vale la pena entender por qué lo hiciste. 

Tú y yo ya no teníamos una relación, pero siempre estuvimos conectados de alguna manera. Pensé muchas veces que el momento para nosotros sería después de haber recorrido un camino por separado. Pensaba que siendo adultos, quizá un poco más maduros y con mayor estabilidad económica que es lo que siempre te había preocupado a ti, podríamos volver a encontrarnos. Ambos decidimos continuar con nuestras vidas y jamás te reprocharía por haber salido con otras mujeres. De hecho, en la posición en la que estoy no podría o debería reclamarte nada. Pero lo que hiciste me afecta, me duele demasiado y no sé si algún día podré superarlo. Me siento decepcionada, pero sobre todo absurdamente tonta. Es la segunda vez que uso este adjetivo porque no encuentro otra palabra que me describa mejor. Tonta por haberte imaginado de una manera. Tonta por haber pensado que compartíamos los mismo valores sobre el cuerpo de las mujeres. Y tonta porque alguna vez te pregunte si lo habías hecho y me dijiste que nunca pagarías por sexo.

Sé que eventualmente seguirás yendo a esos lugares porque una vez que lo haces es difícil salir de ahí. Lo digo porque yo misma tuve que enfrentarme a eso cuando decidí dejar de ver pornografía. Sé lo difícil que es dejar algo tan adictivo como el sexo. Yo no puedo hacerte cambiar de opinión sobre cómo valorar el cuerpo de las mujeres porque esa es la forma en que tú entiendes el mundo, pero no es la mía. Y que me lo hayas contado me permite entender algunas actitudes tuyas como el hecho que solo me trates bien cuando tenemos sexo, cuando mi cuerpo es útil para ti, pero cuando ya no puedes disfrutar de él, ni siquiera me respondes ni me preguntas cómo estoy, puedes pasar meses sin saber de mí. Me pides dinero para pagar el hotel en el que hacemos el amor, pero entregas el tuyo sin reproches cuando te acuestas con mujeres que por ningún dinero del mundo te dirían Te amo. Me duele pensar que me ves de la misma manera que a ellas porque aunque digas que no, ahora más que nunca estoy convencida de que sí. 

Mientras escribía esto, me he acordado cuando leí El amor en los tiempos del cólera, tenía apenas 13 años. Cuando pensaba en Florentino Ariza y las más de 600 mujeres con las que se acostó porque no podía estar con Fermina Daza, sentía emoción. Pensaba, un hombre nunca olvida al amor de su vida, puede estar con muchas mujeres, tan distintas entre ellas, pero siempre la lleva en su corazón. Idealicé tanto el libro que en algún momento llegué a pensar que quisiera tener como pareja a alguien tan persistente y "romántico" como él. Quizá eso explique porque te elegí como pareja, pero después de veinte años, ya no puedo pensar lo mismo. Tú no eres Florentino Ariza, ni yo Fermina Daza ni tampoco esto es El amor en los tiempos del cólera con una final feliz. Esto es lo más parecido a una novela tóxica de adolescentes y vampiros en donde el amor lo justifica todo. ¿Realmente queremos estar en esa situación?

Tratar de entenderte me destrozaría aún más por eso he decidido olvidarme del tema. Olvidar lo que me contaste porque de alguna manera quiero dejar abierta la posibilidad de que puedas entrar en mi vida. Y te escribo esta carta porque tampoco quiero olvidarme de que soy yo la que elije hacerlo porque quiero desesperadamente, que sigas siendo parte de mi vida. Quiero mantener la esperanza de cumplir, en algún momento, el sueño que teníamos de vivir juntos, teniendo sexo a todas horas del día y conversando de cualquier cosa desnudos tumbados sobre una cama. Disfruto tanto de esos momentos que haría lo que sea para que nunca se acaben.