domingo, 23 de agosto de 2015

La 'ejecución' de "París en el siglo XX" de Julio Verne

- Querido Jacques- dijo Quinsonnas-, al presentarte a Michel Dufrénoy he querido que conocieras a un joven amigo que es de los nuestros, uno de esos pobres diablos a quienes la sociedad niega el uso de sus aptitudes, una de esas bocas inútiles a las que amordazan para no alimentarlas.
- ¡Entiendo! El señor Dufrénoy es un soñador- respondió Jacques.
- ¡Un poeta, amigo mío! Y te pregunto qué ha venido a hacer a este mundo, donde el primer deber del hombre es el de ganar dinero.
- Evidentemente- dijo Jacques-, se ha equivocado de Planeta.

Julio Verne escribía estos párrafos hacia finales del siglo XIX, con aquella característica visión futurista se aproximaba a una realidad que también vivimos hoy en día. El mundo de las bellas artes, de las letras, de los científicos sociales ha decaído, ya no tienen importancia en las decisiones del mundo.  En París en el siglo XX, Julio Verne nos muestra cómo sería el París de 1960, el cientificismo, las ciencias contables y matemáticas se han apoderado del mundo y lo han llevado al extremo de olvidar su esencia, su corazón porque se prioriza el ' ¿a dónde vamos?' y se deja de lado el '¿de dónde vinimos?'. Ya nadie quiere estudiar pintura, literatura, lenguas clásicas; porque, para ser sincero, ya no es necesario. La situación se vuelve más caótica cuando tampoco existe ya el legado de los grandes pensadores del mundo, Victor Hugo es un ser en extinsión, los pensamientos de los grandes filósofos se encuentran apilados en un sótano oscuro de la gran Sociedad General de Crédito Instruccional que arroja tal máquina industrial cantidades abismales de banqueros, contadores e ingenieros. No hay espacios para quien esté interesado en escribir, en reflexionar sobre los problemas sociales, no hay otro tipo de expresión que no sea la orientada hacia el 'progreso material' hacia la búsqueda de 'mayores ganancias'. 
Me pregunto hasta qué punto podemos comparar nuestra sociedad ya del siglo XXI con aquella que Verne nos presentaba de manera lejana, pero muy concreta en el siglo XIX. ¿Por qué es tan difícil entender que alguien quiera estudiar literatura y no finanzas? ¿por qué la sociedad subestima a quienes escriben, a quienes opinan, a quienes crean, a quienes enseñan? Quizá Julio Verne jamás pensó que una de sus profecías menos conocidas sería una de las que con mayor certeza llegaría a concretase, y aunque el libro concluya de una manera muy deprimente creo que estamos a tiempo de reivindicarnos. Este pequeño grupo que conformamos, amigos, aquellos que preferimos sentarnos frente a un teclado, reflexionar sobre el pasado, sobre la vida, sobre el arte, sobre las grandes historias estamos en la necesidad de reivindicarnos y demostrarle a la sociedad que en verdad nos necesita, que no trabajamos ni escribimos para que nuestra producción sea leída, y difundida en una esfera pequeña. Estamos en la obligación de divulgar lo que producimos y proyectarlo hacia una contribución social en pos de la personal. Quiero saber qué piensa el señor que camina por la calle sobre la literatura, quiero saber por qué un banquero cree que es incapaz de tener y entender un libro de historia sin pensar que solo es un manual de fechas, quiero saber por qué un administrador colombiano no considera relevante la pintura de Fernando Botero sobre la muerte de Pablo Escobar. De nada vale lamentarnos sobre cómo llegamos a parar aquí, si quieren saber algunas hipótesis interesantes los invito a leer este libro tan hermoso y a la vez tan deprimente de Verne, muchos dirían que el menos interesante porque se aleja totalmente de la temática de aventuras, pero creo que dentro de todo el París del siglo XX en el que se encuentra el protagonista es una verdadera aventura porque se encuentra solo, perdido en un mundo que cada vez lo reprime, que le recorta toda posibilidad de cubrir sus intereses. Aún no llegamos a este punto y, probablemente, quizá nunca lleguemos porque con toda la tecnología, las grandes obras pueden preservarse de muchas maneras, pero a lo que sí nos estamos aproximando es a la desaparición de los ejecutores de estas bellas artes, de estas ciencias y disciplinas, nos aproximamos también a que sus producciones se queden en la mente de pocas personas, cuando lo que deberíamos estar haciendo es un gran campaña de difusión en la que expliquemos a la sociedad POR QUÉ es importante lo que hacemos.





jueves, 20 de agosto de 2015

Reflexiones al pie de una falla geográfica


Cuando regreso en el tren, desde la puerta los cerros se nos presentan imponentes, no le hacemos mucho caso porque ahora nos es cotidiano; pero pasa lo mismo con quienes viven rodeados de edificios inmensos. Surgen las mismas preguntas: ¿cómo será vivir allá bien arriba? Para nuestra suerte el tren pasa muy cerca a la parte de atrás del cerro San Cristobal, podemos ver lo hacinada que vive esa gente, pero también su tranquilidad de tener algo "propio". El recorrido avanza y el paisaje se invade por segundos de medianos edificios, pero a lo lejos siempre se ven las puntas de los cerros; cuando es de noche es mucho más alucinante porque se ven lucecitas perfectamente ordenadas en cuadrantes que intentan delimitar las urbanizaciones de los AAHH. El panorama es realmente hermoso porque nos permite comprender la dimensión y diversidad del distrito. A veces me pregunto, cómo habría sido si no hubiera vivido rodeada de este paisaje. Quizá ya no limpiaría cada 2 segundos la mesa de vidrio o quizá no renegaría todos los días por los zapatos sucios, pero lo más importante es que quizá no habría descubierto la tranquilidad que inspira contemplar este paisaje. A pesar de toda la acústica intranquila que genera la marginalidad ( botellas rotas, gritos, silbidos, música a todo volumen) pararme en el 3er piso de mi casa y ver los cerros es un eficiente tranquilizante. Después me pongo a pensar en esta visión romántica y la contrasto con la gente que vive en estos cerros, también los contemplo a ellos, contemplo sus casas, sus carencias, su astucia para superarlo y lo único que puedo sentir es admiración también por esta gente que probablemente lo único que desea es salir de ahí, salir del cerro y encontrar casa en la "pista". Muchos me preguntan ¿cómo puedo vivir aquí?, si en verdad vale la pena el tiempo que demoro en llegar a casa; la respuesta siempre será sí, vale mil veces la pena regresar a este lugar porque cuando regreso lo único que siento es tranquilidad en medio de todo el caos que rodea al distrito, yo solo elijo mirar los cerros.