domingo, 23 de agosto de 2020

sábado, 22 de agosto de 2020

A mi abuela

Mi abuela era muy perspicaz cuando decía que debía buscar a un “amigo” que esté disponible siempre para mí. Alguien que me “acompañe” a todos lados para que nada malo me sucediera. Lo decía como si fuera tan fácil conseguir hombres que estuvieran dispuestos a hacer eso por mí. Quizá era sencillo para ella, que solo se dedicó a elegir entre sus miles de pretendientes.Tenía un carácter que volvía locos a los hombres, una voz dominante que los ponía inmediatamente en su lugar y una mirada fulminante que volvía endeble a los más impetuosos. Abuela, donde sea que estés, lamento mucho decepcionarte, pero no soy como tú. Nadie está detrás de mí, ni tampoco se disputan el acompañarme hasta el paradero. Abuela, yo estoy totalmente sola y no sé cómo sentirme al respecto.


lunes, 17 de agosto de 2020

Decisiones en medio de un pandemia


La idea de una ausencia impuesta resulta paradójica en medio de esta pandemia. Mucho más si nos enfocamos en el campo del amor, pues solemos pensar que quien no está presente es porque no tiene ningún interés hacia nosotros y no, necesariamente, porque se lo han impuesto. Sin embargo, la crisis sanitaria que estamos viviendo hoy nos ha revelado otra cara de esa ausencia. Mensajes como “porque te quiero me distancio” o “yo me quedo en casa para protegerte” nos hacen reflexionar sobre la importancia y responsabilidad que implica no estar presente físicamente con las personas que más nos importan. 

La naturaleza del virus que nos ataca hoy pone en cuestionamiento una de las creencias más arraigadas y populares de todos los tiempos: la necesidad del contacto físico como un elemento indispensable para demostrar afecto. Esto podría haber sido posible en un escenario en donde la tecnología no estuviera en su punto más álgido, pero esto no sucede en nuestra realidad. La masificación del black mirror nos sirve como un gran aliado para aliviar las ausencias físicas. Videollamadas, mensajes de texto y correos electrónicos son algunos sustitutos con los que podemos suplir esa ausencia impuesta.

Sin embargo, dentro de todo ese abanico de posibilidades que nos brinda la tecnología, solo hay algo que jamás podrá ser sustituible: una caricia. Ese delicado contacto que lo dice todo sin necesidad de recurrir al lenguaje o la mirada; más potente que una videollamada o un like en alguna red social. La tecnología jamás estará preparada siquiera para someterse a la búsqueda del sustituto de una caricia. Y es ahí, en medio de esta “nueva normalidad” en donde muchos nos cuestionamos ¿cuánto tiempo más estaré dispuesto a esperar por una caricia? 

El pensar que muchas personas ni siquiera podrán cuestionárselo porque ya no tienen a nadie nos revela dos caminos contrarios por los que podemos transitar. El primero implica arriesgarse y arriesgar a los demás con el fin de satisfacer una necesidad; el segundo, implica resignarse al confinamiento, mantenerse a salvo e intentar suplir con lo que se pueda esa ausencia. En ambos casos, lo único que importa es que las decisiones que se tomen estén basadas exclusivamente en el amor. De lo contrario, la satisfacción de esa necesidad o el confinamiento no tendrán ninguna razón de ser.


viernes, 7 de agosto de 2020