sábado, 28 de febrero de 2026

Nuestro hogar


Un departamento con tres cuartos y tres baños. El cuarto más grande con baño para mí, para tener una oficina en donde pueda escribir tranquila, poner una parte de mi biblioteca y mi closet. A un lado de todo eso, una cama plegable para cuando alguien quiera quedarse a dormir y, al otro, la cama de Rory. El cuarto más pequeño para ti, para que puedas instalar tu compu y juegues lo que sea que juegues, hasta pasada la medianoche. Supongo que también querrás colocar una parte de tu biblioteca, así que mandaremos a diseñar un espacio bonito para que todo entre perfectamente. Te tocará el cuarto más pequeño, pero es que las chicas tenemos muchas más cosas. Además, te sorprendería lo que una buena diseñadora de interiores puede lograr hacer. Y, finalmente, el cuarto mediano para los dos. Una cama King o Queen, honestamente me da igual, lo único que me importa es que haya una alfombra bonita, una ventana con vista a la calle y una zona para prender velas y todo ese rollo de aromaterapia. Quiero que nuestro cuarto siempre huela a vainilla y lavanda. No va a haber un televisor porque en las noches tendremos que conversar mucho, la tele nos distraería. Tú te distraes rápido y no quiero que perdamos nuestras pláticas absurdas. He pensado que para que esto funcione definitivamente debemos tener baños separados. Por nuestro bien nunca jamás deberíamos compartir el baño. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Muévase de ahí


―Señorita, muévase de ahí.
―No puedo.
―Señorita, por favor. Estoy apurado.
―Señor...atropélleme, por favor.
―¿Cómo?
―Que me atropelle, que me pase por encima con su carro hasta quedar inconsciente ahí en la pista.
―¿Oiga pero usted está loca o qué?
―Sí, creo que me estoy volviendo loca.
―No puede andar por la calle pidiendo que la atropellen. Nadie se animaría a hacerlo. Si quiere morirse hágalo usted misma.
―No he podido hacerlo.
―¿Entonces me quiere chantar el trabajito a mí?
―Puedo intentar que parezca un accidente, en un descuido podría correr hacia su carro y lanzarme. Usted no tendría que hacer nada. Ni siquiera hay cámaras por aquí, nadie sabría lo que pasó.
―Voy a 30km no le pasaría nada. Además, ¿por qué lo haría? Yo ni la conozco.
―Así es mejor.
―No lo voy a hacer, ya muévase o llamo a la Policía.
―Por favor... señor.
―No, que lo haga el carro de atrás.
―No suelen pasar muchos carros por aquí...
―Entonces eligió mal el lugar para matarse. Váyase a la Javier Prado. Ahí no tiene que pedírselo a nadie. Solo cierre los ojos y cruce.
―Ya lo intenté. Un hombre se bajó a ayudarme porque pensó que estaba ciega.
―Entonces vaya y tírese en los rieles de tren.
―La gente nunca muere ahí, la mayoría queda cuadripléjico. En cambio los accidentes de auto sí son fulminantes.
―¿No ha intentado en la Vía Expresa? Si quiere yo la llevo.
―¿Entonces si me va ayudar?
―No, pero me queda en la ruta. Súbase, nadie merece morir solo en este mundo.


Hombres malos



―Es un hombre malo. Siempre lo fue. Los hombres malos hacen cosas malas.
―Y los buenos también. Los buenos te joden y los malos te joden.
―Y los demás no saben cómo joderte, créanme. Lo digo por experiencia.
―Después de todo lo que sé, después de 20 años de todo lo que aprendimos tiré todo a la basura por poner su nombre en la suite matrimonial. No me reconozco.
―Ya que andamos por ese camino. No puedo creer que mi vida gire en torno de un hombre. ¿En qué planeta permití que sucediera esto?
―Pero lo amas...
―¿Eso me obliga a decir su nombre 50 veces más al día que el mío? ¿Y preocuparme más por sus necesidades que por las mías? ¿Eso es amor?¿Poner al otro primero?
―No. Eso es el matrimonio.

*Escena de Sex and The City

jueves, 5 de febrero de 2026

Quinto mandamiento

Necesito que te mueras,
que te entierren y
pongan una lápida con tu nombre
porque siento
que es la única manera de que
algún día pueda volver
a amar a alguien.

Necesito que haya una misa en tu honor
y el padre se refiera a ti en pasado
fue, tuvo, hizo, logró
que recoja todas las palabras que
te describen
para que yo ya no pueda
usarlas 
en otro ridículo poema de amor.


This entry was posted in

Pláticas con Hera




Estar contigo saca lo peor de mí y aunque quisiera echarte la culpa de mi comportamiento, no podría. Sé que soy como la esposa de Zeus, una histérica, orgullosa, engreída, demandante, monógama, celosa, rencorosa, pero sobre todo extremadamente majestuosa mujer. Los historiadores han atribuido el comportamiento desafiante de Hera a las acciones que el miserable de Zeus hacía en el Olimpo. Así, la historia se reduce a que Hera, cansada de todas las desatenciones e infidelidades de Zeus, tuvo que enfrentar su situación con la larga retafila de características que mencioné al inicio. ¿Pero qué hubiera pasado si tan solo el desgraciado de Zeus le hubiera dicho todas las noches «Qué descanses muy bien, amor»? ¿A caso la historia habría sido diferente? Lo pregunto porque quizá tendríamos a una Hera complaciente y contenta que es amada por su esposo aunque en secreto, y con más tino, sería engañada una y mil veces por Zeus, quien, en ninguna de las posibles líneas temporales de esta historia, podría ser diferente porque, en el fondo, lo que quería era humillar a Hera. Quería dejarle en claro que no tenía ni tendría jamás su atención y yo me pregunto si estás haciendo lo mismo conmigo. ¿Quieres humillarme mientras me dices que vivo atravesada por una supuesta locura ansiosa que no me permite entender por qué no respondes mis mensajes en todo el día o prefieres ver a mujeres desnudas en un scroll infinito sin el más mínimo remordimiento? 

Yo sí te entiendo, Hera. En el fondo eres solo una mujer pidiendo a gritos un poquito de atención, ¿pero realmente quieres la atención de un patán como Zeus?

martes, 3 de febrero de 2026

Los hombres no me soportan

Salgo a la calle y los hombre me miran. He pensado que no soy la mujer más hermosa del mundo, pero ellos siempre están ahí. Algunos se quedan como tontos al mirarme la cara; otros prefieren mirarme el culo o las tetas. De alguna forma siempre obtengo su atención y yo me rio de ellos. Aunque aquellos encuentros sean apenas fracciones de segundos, me hacen saber que me desean, que harían cualquier cosa por tenerme. He vivido así toda mi vida y lo cierto es que me he acostumbrado a siempre ser mirada y deseada. Por eso, cuando un hombre me niega su atención, algo se descuadra en mí. Y me pongo a pensar fehacientemente qué está pasando o qué estoy haciendo mal. Haciendo un balance de todas esas experiencias, me he dado cuenta de que esto ocurre cuando hablo. Los hombres me desean cuando tienen su propia idea de mí, pero cuando me conocen, ya no les parezco tan interesante. Yo no sé qué será, quizá es esa alegría asfixiante que me domina o quizá simplemente es porque les dejo saber que soy más inteligente que ellos. 

Como sea, ahora sé que aunque los hombres me desean, no soportarían estar más de una hora conversando conmigo. Simplemente no me soportan. 


domingo, 1 de febrero de 2026

El amor después del amor


Alguna vez lo tuve todo, pero dudé. No estaba preparada para esa responsabilidad. Me asustaba el largo plazo, la estabilidad y la idea de que siempre puede haber algo mejor. Me equivoqué no solo por dudar, sino por la forma en que salí de ese lugar. Volvía una y otra vez como las réplicas de un temblor que desacomodan todo y algunas veces destruyen mucho más que un terremoto. Me di cuenta de que mientras más grande me hacía, más miedo me daba la vida en pareja. Esa absurda idea de tener que compartir tu espacio personal con un hombre, más allá de encuentros frecuentes no tenía lógica en mi cabeza. Por eso me fui.

Me decía a mí misma que antes de tener una relación debía conocer el mundo. Encontrar mi propio camino porque me daba terror depender de un hombre y que éste haya vivido mucho más que yo. Hice casi todo lo que había planeado en mi maldita mente siniestra de 20 años. Viví sola, viaje a varios países, me tiré a media ciudad, tuve trabajos increíbles y descubrí que lo que realmente quería hacer en mi vida era escribir. Pasó casi una década para poder darme cuenta de todo eso. 

Mientras tanto, la única persona a la que le había dicho «Te amo» continuaba con su vida sintiendo un profundo rechazo hacia mí. Nunca sabré todo lo que hizo durante esos años, tampoco quiero saberlo. Digamos que si tuviéramos que contar nuestra historia de amor, esa etapa sería un gran paréntesis vacío. Ambos avanzamos, pero a mí me gustaría que volvamos a encontrarnos, que volvamos a intentarlo, aunque me esté muriendo de miedo porque no creo poder lograr sostener esas responsabilidades de adultos que tenemos que asumir ahora. Me destroza no darme cuenta de que hemos crecido y que ya no podemos pensar solo en besarnos y tirar a todas horas del día. Me destroza pensar que si queremos estar juntos tenemos que pensar en el dinero y en contratos de trabajo. 

Realmente quiero intentarlo, pero me doy cuenta de que solo soy una ridícula mujer en sus treinta que todavía quiere disfrutar del amor como cuando tenía veinte años. ¡Qué incongruencia!