martes, 26 de noviembre de 2019

Objeto a*



Por las mañanas al despertar, Emilia reposaba su mirada sobre el librero que tenía frente a su cama. Seguía en línea horizontal la continuidad de los libros que había acumulado desde que aprendió a leer. Con precisión, inspeccionaba que cada uno estuviera correctamente apilado en el lugar que le correspondía. De una manera inexorable, precipitaba su recorrido hacia la tercera repisa que le revelaría, una vez más, la ausencia de su libro más preciado.

—Algún día regresarás a tu lugar, Sabines. Todo es cuestión de tiempo y quién sabe si también de justicia— La ausencia de su libro la había llevado a cuestionarse en dónde residía ese sentido de justicia que, se supone, debería aplicarse a un caso como el suyo. No podía ser posible que la traición no fuera sancionada, pero ¿quién sería el encargado de ejecutar dicho castigo? O mejor aún ¿sobre quién debía recaer dicho castigo? Después de muchos intentos fallidos por recuperar lo que era suyo se convenció de que debía ser ella misma la encargada de poner fin a sus angustias.

—Si todavía te queda un poco de cariño hacia mí, Adrián, por favor devuélveme mi libro. No te sirve para nada tenerlo.
—Mañana pasaré a dejarlo— le había respondido Adrián en un escueto y protocolar email que nunca se llegó a concretar. Un mes después, Emilia todavía seguía revisando su librero con la ilusión de que el libro de Sabines apareciera mágicamente en la tercera repisa. La frustración la envolvía todos los días en eternos soliloquios que terminaban siempre en el mismo punto de partida: la ausencia del libro arrebatado.

 —¿Quién carajos se cree este tipo para quedarse con algo que no es suyo? ¿Acaso no le bastó con haberme puesto los cuernos y dejarme en ridículo frente a todo el mundo? ¿Qué más quiere de mí? Le he dejado todo: que se quede con la bicicleta, con la colección de Hitchcock, incluso con los pasajes a Arequipa. Lo único que le pedí a cambio fue que regresara lo que era mío y no se le dio la puta gana de hacerlo. ¡Maldita sea la hora en que se lo di!

La furia interminable y la rutinaria contabilidad de sus libros estuvieron a punto de llegar a su fin esa noche cuando Emilia se dio cuenta de que no tenía nada que perder. Se había asumido a sí misma como una justiciera que entregaba su alma para que el orden impere en la humanidad. Se apuró en recopilar todos los mensajes de amor que alguna vez Adrián le había escrito; se sumergió en el archivo de su computadora para recuperar de la Papelera las bellísimas fotos tomadas en Marcahuasi y Santa María, y, finalmente, reunió los pedazos destrozados con odio del retrato que Adrián le había dibujado el día que cumplió veinticinco años. Todo estaba consumado.

Sentada frente a su computadora, Emilia volvió a mirar el vacío inerte del lugar que ocupaba su libro y tomó el valor necesario para escribir ese vómito verbal que la había atragantado desde que se enteró que había sido la amante de Adrián por ocho meses. Adjuntó todas las “pruebas” y redactó un email confesional que no solo revelaría la verdadera cara de Adrián, sino que también sería la vía directa para recuperar su libro.

Transcurrieron algunas horas para que Emilia recibiera la llamada consternada de Adrián.

—No tenías por qué hacerlo, Emilia.
—Se llama sororidad, imbécil. Ella merece saber la basura que tiene a su lado. Y, sobre todo, lo hice porque no cumpliste con lo que me prometiste.
—No te voy a devolver nada, pendeja. No me vuelvas a buscar.

El sonido de la llamada descolgada y el pitido estridente de las operadoras telefónicas resonaron en su cabeza hasta el amanecer. Inerte, tendida en su cama miró hacia la ventana y pensó:

—Parece que es hora de dejarte ir, Sabines. Créeme que lo intenté hasta más no poder. Quizá pueda conseguir una nueva edición, una más bonita y con tapa más dura. Será distinta, pero por dentro seguirás siendo tú mismo, Sabines. Solo quiero una semana para entender las cosas porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

*Según Jacques Lacan el "Objeto a" es un significante de falta. No es un objeto tangible, sino la noción de un deseo inalcanzable que puede expresarse en cosas materiales o sensaciones.





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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Entre líneas

Soy otra mujer en la cama,
despojada de rutinas
me retuerzo entre las piernas
de algún hombre que nunca
logra seguirme los pasos.

Sobre mi piel
se impregnan los sudores
de proclamados sementales
que pasan inadvertidos
frente a la rebelión de mi
cuerpo.

Soy indiferente hacia ellos,
solos son cuerpos con
vida escondida entre los
pelambres de sus caderas.

Retozar ya no es lo mismo
desde que aparecieron
en mi camino
hombres que olvidaron
que el sexo
al igual que un cuento
solo se disfruta
cuando se lee entre líneas.


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lunes, 18 de noviembre de 2019

Objeto a

Ese libro
dejó de ser mío
cuando al leerlo
pensé en ti.
260 páginas de puro amor
siguen en tus manos,
abandonadas en una litera
que acumula polvo
entre sus hojas.
Ese libro ya no es mío
y a ti no te sirve para nada.


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Genésis 39: 2 - 3



Eres
ese nudo en mi garganta
que se estanca
cuando escucho a tu voz
pronunciar mi nombre
como parte de un guión.
Esa fuerza que atraviesa
mi conciencia,
el responsable de mi
falsa modestia,
el fundamento de mis hazañas,
quien me sostiene
cuando todo se desarma.
Eres,
sobre todas las cosas,
paciencia y perseverancia,
la presencia más sensata
en el aprendizaje más
virtuoso.

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martes, 5 de noviembre de 2019

Ese lugar vacío


Nos atemoriza quien ocupó antes el lugar que habitamos ahora. Sentimos el halo de las remotas inquilinas que se fueron por voluntad propia o porque fueron echadas del corazón de quien ahora amamos. Contra esos recuerdos no podemos luchar, ni reclamar solo podemos proyectar porque somos un presente construido con rezagos del pasado que emerge en una nueva oportunidad para amar. Somos porque hemos decidido ocupar ese lugar vacío incluso sabiendo el destino final de quien lo ocupó antes que nosotras. Somos, definitivamente, el horizonte en los sueños de un náufrago.





domingo, 3 de noviembre de 2019

Significados de triunfo


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¿Qué es un triunfo? ¿La validación de los demás o nuestra satisfacción por conseguir lo que deseamos? ¿Y si los demás no estuvieran dispuestos a opinar sobre nosotros o si la inconformidad nos corrompiera hasta hacernos dudar de nuestra capacidad? Entonces, ¿dónde residiría nuestro triunfo?


***

Me preguntan por qué no me alegro de haber ganado el primer lugar. No me desmerezco cuando no celebro, ni me reprocho el no haber logrado más. Para mí el podio es un escenario prolongado de la plataforma y dentro de ella siempre me he mantenido ecuánime, serena y sosegada. Por eso cuando me premian o felicitan persisto en esta misma actitud. Estoy tranquila porque la explosividad la llevo por dentro de la misma manera que realizo mis levantamientos.


***

La comodidad no es un aliado del triunfo. Un levantamiento es más prodigioso no por la cantidad de peso que le puedas meter a la barra, sino por la dificultad que significó para ti movilizarlo. Es por ello que solo triunfa quien, además del peso, logra superar su propia comodidad.