En las tragedias clásicas, la historia se acaba cuando uno de los amantes muere, casi siempre es el personaje femenino. Fue el caso de Antígona, Eurídice, Desdémona, Isolda y uno de los casos mas representativos, el de Julieta. Algunas fueron asesinadas, otras murieron por sus propias manos. En la tragedia clásica, la muerte es el único cierre de la historia, es una forma de redención para sus personajes que, desde que fueron concebidos en la mente de su creador, fueron diseñados para morir. La muerte, entonces, se convierte en la vía para liberar a los personajes del dolor o una imposibilidad absoluta. En la tragedia no hay grises, o es o no es. Y el mundo real no es tan diferente. Vinimos predestinadas a este mundo bajo el diseño de nuestro creador. Sin embargo, la Psicología, como disciplina y brazo mecánico del sistema capitalista, no puede permitir que más mujeres sufran o se quiten la vida, siendo que ellas serán las encargadas de sostener el hogar que muchos hombres "importantes" habitarán en un futuro. Y la problemática se extiende aún más si nos enfocamos ahora en las feministas liberales que se contraponen a ideas como "sufrir por amor", como si sufrir por la indeferencia de un hombre no fuera un problema real. Hay mujeres que no logran recuperarse nunca de una decepción. Estoy segura de que no se han puesto a pensar en cuántas mujeres querrían dejar este mundo por la enorme tristeza que guardan en sus almas por un hombre que casi nunca vale la pena. Señalan desde un superioridad moral que sufrir por amor no vale la pena, que hay cosas más importantes como el dinero, la enfermedad o los hijos. ¿Y el desamor? Eso no importa. Por eso no creo más ni en la Psicología ni en el Feminismo. No creo en las terapias que solo buscan hacerte funcional al sistema sin explorar la complejidad de las mujeres; no creo en una lucha feminista que no incluye en su discurso de empoderamiento los episodios de tristeza y/o depresión.
El contacto con la muerte, entonces, es necesario si lo que se busca es redención. Mientras más lo sigan negando, más mujeres infelices habrán. Solo una mujer que se ha enfrentado a la muerte sabe que, a partir de ahí, lo único que te queda es avanzar.








