martes, 3 de diciembre de 2019

Me doy cuenta de que me faltas


Por las mañanas al despertar, Emilia reposaba su mirada sobre el librero que tenía frente a su cama. Seguía en línea horizontal la continuidad de los libros que había acumulado desde que aprendió a leer. Con precisión, inspeccionaba que cada uno estuviera correctamente apilado en el lugar que le correspondía. De una manera inexorable, precipitaba su recorrido hacia la tercera repisa que le revelaría, una vez más, la ausencia de su libro más preciado.

—Algún día regresarás a tu lugar, Sabines. Todo es cuestión de tiempo y quién sabe si también de justicia— Aquella ansiada antología tenía las hojas dobladas en sus poemas favoritos; apuntes en los bordes de las páginas con una letra encriptada que solo ella sería capaz de descifrar y, en la parte de atrás, poemas improvisados inspirados en los versos del poeta chiapaneco. Emilia recordaba con frustración el momento en que decidió prestarle su libro a Adrián. La falsa promesa de una devolución debió haberla puesto en alerta de que su libro estaba en manos equivocadas, pero en ese entonces ella solo pensaba en el amor como una prórroga perpetua. No era consciente de los finales precipitados, ni de traiciones inesperadas, ni siquiera, de que los libros podían ser secuestrados.

La rutinaria contabilidad de los títulos de su librero la sumergían en eternos soliloquios sobre las diversas formas de recuperar el libro ausente. Pero esa mañana, mientras lanzaba teorías al aire, Emilia se detuvo a mirar con más precisión el vacío inerte que había dejado el libro de Sabines y se dio cuenta de que ahí había espacio suficiente para dos o incluso tres libros más. Tampoco se había percatado de que tenía algunos poemarios regados sobre su escritorio que pugnaban por una ubicación en el abarrotado librero. Por un momento, pensó lo bien que sería ver ahí las portadas de Ritsos y Larkin que acababa de comprar, pero se negó a usurpar ese vacío con cualquier otro libro.

—Esperaré un poco más. Todavía puede regresar— Pero en el fondo sabía que no sucedería. Había pasado ya un mes y Emilia todavía contemplaba ese vacío con la ilusión de que la antología de Sabines apareciera mágicamente ahí. Sentada, una vez más, frente a su librero, volvió a mirar ese espacio reservado y se preguntó si realmente valía la pena seguir esperando. Un sentimiento de culpa se apoderó de ella por todas las veces que había sido condescendiente con Adrián y se resignó a que debía ser ella misma la encargada de poner fin a sus angustias. Comprar un nuevo libro parecía ser la solución.

Caminó hasta la librería más cercana decidida a regresar con una nueva edición de la obra de Sabines. Volvería a doblar las hojas en sus poemas favoritos y a escribir con letra encriptada en los bordes de las páginas para recrear la esencia perdida. Al llegar, recorrió los pasillos de poesía y se emocionó con el anuncio de las nuevas reediciones de Varela y de Cornejo, pero recordó el motivo por el que estaba ahí. Comenzó a remover uno tras otro los libros del estante para sumergirse en una búsqueda milimétrica. Siguió con el dedo índice la ubicación incoherente de los libros colocados en la repisa de poetas latinoamericanos y encontró a Sabines en la mitad del camino recorrido.

Al tenerlo entre sus manos, Emilia buscó el poema que había desencadenado su desgracia y dejó a un lado su frustración para recordar el verdadero motivo porque había aceptado entregárselo a Adrián. Ese libro había dejado de ser suyo cuando al leerlo, pensó en él. Trescientas noventaiocho páginas estaban el poder de su destinatario, abandonadas en una repisa que acumulaba polvo entre sus hojas y se convertía en el hogar de persistentes polillas. Ese libro ya no era suyo y a él no le servía para nada.

—¿Lo va a llevar? —interrumpió el vendedor.
—No… Solo estoy viendo.
—Por si le interesa, acaban de llegarnos nuevas ediciones de Rimbaud.
—No me vendría mal otra temporada en el infierno.

Agradezco mucho a María Claudia Huerta y José Barrera
por los comentarios que le hicieron a la 
versión previa de este cuento.


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martes, 26 de noviembre de 2019

Objeto a*



Por las mañanas al despertar, Emilia reposaba su mirada sobre el librero que tenía frente a su cama. Seguía en línea horizontal la continuidad de los libros que había acumulado desde que aprendió a leer. Con precisión, inspeccionaba que cada uno estuviera correctamente apilado en el lugar que le correspondía. De una manera inexorable, precipitaba su recorrido hacia la tercera repisa que le revelaría, una vez más, la ausencia de su libro más preciado.

—Algún día regresarás a tu lugar, Sabines. Todo es cuestión de tiempo y quién sabe si también de justicia— La ausencia de su libro la había llevado a cuestionarse en dónde residía ese sentido de justicia que, se supone, debería aplicarse a un caso como el suyo. No podía ser posible que la traición no fuera sancionada, pero ¿quién sería el encargado de ejecutar dicho castigo? O mejor aún ¿sobre quién debía recaer dicho castigo? Después de muchos intentos fallidos por recuperar lo que era suyo se convenció de que debía ser ella misma la encargada de poner fin a sus angustias.

—Si todavía te queda un poco de cariño hacia mí, Adrián, por favor devuélveme mi libro. No te sirve para nada tenerlo.
—Mañana pasaré a dejarlo— le había respondido Adrián en un escueto y protocolar email que nunca se llegó a concretar. Un mes después, Emilia todavía seguía revisando su librero con la ilusión de que el libro de Sabines apareciera mágicamente en la tercera repisa. La frustración la envolvía todos los días en eternos soliloquios que terminaban siempre en el mismo punto de partida: la ausencia del libro arrebatado.

 —¿Quién carajos se cree este tipo para quedarse con algo que no es suyo? ¿Acaso no le bastó con haberme puesto los cuernos y dejarme en ridículo frente a todo el mundo? ¿Qué más quiere de mí? Le he dejado todo: que se quede con la bicicleta, con la colección de Hitchcock, incluso con los pasajes a Arequipa. Lo único que le pedí a cambio fue que regresara lo que era mío y no se le dio la puta gana de hacerlo. ¡Maldita sea la hora en que se lo di!

La furia interminable y la rutinaria contabilidad de sus libros estuvieron a punto de llegar a su fin esa noche cuando Emilia se dio cuenta de que no tenía nada que perder. Se había asumido a sí misma como una justiciera que entregaba su alma para que el orden impere en la humanidad. Se apuró en recopilar todos los mensajes de amor que alguna vez Adrián le había escrito; se sumergió en el archivo de su computadora para recuperar de la Papelera las bellísimas fotos tomadas en Marcahuasi y Santa María, y, finalmente, reunió los pedazos destrozados con odio del retrato que Adrián le había dibujado el día que cumplió veinticinco años. Todo estaba consumado.

Sentada frente a su computadora, Emilia volvió a mirar el vacío inerte del lugar que ocupaba su libro y tomó el valor necesario para escribir ese vómito verbal que la había atragantado desde que se enteró que había sido la amante de Adrián por ocho meses. Adjuntó todas las “pruebas” y redactó un email confesional que no solo revelaría la verdadera cara de Adrián, sino que también sería la vía directa para recuperar su libro.

Transcurrieron algunas horas para que Emilia recibiera la llamada consternada de Adrián.

—No tenías por qué hacerlo, Emilia.
—Se llama sororidad, imbécil. Ella merece saber la basura que tiene a su lado. Y, sobre todo, lo hice porque no cumpliste con lo que me prometiste.
—No te voy a devolver nada, pendeja. No me vuelvas a buscar.

El sonido de la llamada descolgada y el pitido estridente de las operadoras telefónicas resonaron en su cabeza hasta el amanecer. Inerte, tendida en su cama miró hacia la ventana y pensó:

—Parece que es hora de dejarte ir, Sabines. Créeme que lo intenté hasta más no poder. Quizá pueda conseguir una nueva edición, una más bonita y con tapa más dura. Será distinta, pero por dentro seguirás siendo tú mismo, Sabines. Solo quiero una semana para entender las cosas porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

*Según Jacques Lacan el "Objeto a" es un significante de falta. No es un objeto tangible, sino la noción de un deseo inalcanzable que puede expresarse en cosas materiales o sensaciones.





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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Entre líneas

Soy otra mujer en la cama,
despojada de rutinas
me retuerzo entre las piernas
de algún hombre que nunca
logra seguirme los pasos.

Sobre mi piel
se impregnan los sudores
de proclamados sementales
que pasan inadvertidos
frente a la rebelión de mi
cuerpo.

Soy indiferente hacia ellos,
solos son cuerpos con
vida escondida entre los
pelambres de sus caderas.

Retozar ya no es lo mismo
desde que aparecieron
en mi camino
hombres que olvidaron
que el sexo
al igual que un cuento
solo se disfruta
cuando se lee entre líneas.


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lunes, 18 de noviembre de 2019

Objeto a

Ese libro
dejó de ser mío
cuando al leerlo
pensé en ti.
260 páginas de puro amor
siguen en tus manos,
abandonadas en una litera
que acumula polvo
entre sus hojas.
Ese libro ya no es mío
y a ti no te sirve para nada.


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Genésis 39: 2 - 3



Eres
ese nudo en mi garganta
que se estanca
cuando escucho a tu voz
pronunciar mi nombre
como parte de un guión.
Esa fuerza que atraviesa
mi conciencia,
el responsable de mi
falsa modestia,
el fundamento de mis hazañas,
quien me sostiene
cuando todo se desarma.
Eres,
sobre todas las cosas,
paciencia y perseverancia,
la presencia más sensata
en el aprendizaje más
virtuoso.

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martes, 5 de noviembre de 2019

Ese lugar vacío


Nos atemoriza quien ocupó antes el lugar que habitamos ahora. Sentimos el halo de las remotas inquilinas que se fueron por voluntad propia o porque fueron echadas del corazón de quien ahora amamos. Contra esos recuerdos no podemos luchar, ni reclamar solo podemos proyectar porque somos un presente construido con rezagos del pasado que emerge en una nueva oportunidad para amar. Somos porque hemos decidido ocupar ese lugar vacío incluso sabiendo el destino final de quien lo ocupó antes que nosotras. Somos, definitivamente, el horizonte en los sueños de un náufrago.





domingo, 3 de noviembre de 2019

Significados de triunfo


***

¿Qué es un triunfo? ¿La validación de los demás o nuestra satisfacción por conseguir lo que deseamos? ¿Y si los demás no estuvieran dispuestos a opinar sobre nosotros o si la inconformidad nos corrompiera hasta hacernos dudar de nuestra capacidad? Entonces, ¿dónde residiría nuestro triunfo?


***

Me preguntan por qué no me alegro de haber ganado el primer lugar. No me desmerezco cuando no celebro, ni me reprocho el no haber logrado más. Para mí el podio es un escenario prolongado de la plataforma y dentro de ella siempre me he mantenido ecuánime, serena y sosegada. Por eso cuando me premian o felicitan persisto en esta misma actitud. Estoy tranquila porque la explosividad la llevo por dentro de la misma manera que realizo mis levantamientos.


***

La comodidad no es un aliado del triunfo. Un levantamiento es más prodigioso no por la cantidad de peso que le puedas meter a la barra, sino por la dificultad que significó para ti movilizarlo. Es por ello que solo triunfa quien, además del peso, logra superar su propia comodidad.




miércoles, 30 de octubre de 2019

Una revelación



Comienzo a pensar en J de otra manera. No es su contorneado físico lo que me atrae, sino lo que pueda llegar a decirme. He imaginado situaciones idílicas en las que discutimos sobre la prosa de Cisneros o Bukowski mientras destapamos dos chelas y me ha dado cuenta  de que no habría nada más perfecto para anticipar un buen tire. Por alguna razón creo que J puede ser bueno en la cama; eso me ha llevado a albergar muchas expectativas sobre algo que probablemente jamás llegue a suceder. ¿Qué hacer con estas ganas? No estaría mal superar nuestros "holas" y "chaus" para llegar a los "ala mierda qué rico" y "no pares conchatumadre". El tiempo y mis nuevos PRs revelarán el camino a seguir.


martes, 22 de octubre de 2019

Reseña "La Revolución y la Tierra"



El documental dirigido por Gonzalo Benavente “La revolución y la tierra” ha sido una de las grandes revelaciones audiovisuales del 2019. En la conmemoración de los cincuenta años de la Reforma Agraria de Juan Velasco Alvarado resulta de mucha importancia poner sobre el ojo público las grandes transformaciones que se desprendieron de su ejecución: la abolición del servilismo indígena perpetuado por los grandes hacendados y la justa redistribución de propiedades agrícolas.

Esta reseña no abordará en específico los hechos cronológicos de la Reforma, pues existe una extensa bibliografía sobre el tema. Lo que me interesa hacer aquí es analizar cuál es el discurso histórico y audiovisual que subyace al documental. Es necesario considerar dentro de este análisis un componente determinante en la narración, ya sea histórica y/o audiovisual: la objetividad. Es muy común que la gente que recurre a leer libros de historia y ver documentales busca encontrar la verdad absoluta sobre algún hecho específico. Sin embargo, se olvidan de que la verdad, por sí misma, es subjetiva y está condicionada por otros factores como las experiencias personales, la formación educativa, las orientaciones políticas, etc. que, finalmente, son los elementos que validan como verdadera o falsa la información en cuestión. En ese sentido, es desde esta perspectiva que debemos mirar el documental de Benavente: no como un cristal que nos revelará la verdad sobre los efectos de la Reforma Agraria o sobre el mismo gobierno de Velasco, sino más bien debemos prestar atención a los recursos que nos presenta: las fuentes de información que utiliza, la intención con la que nos la presenta y, sobre todo, qué valoración le damos nosotros mismos a todo ello.

El documental inicia con un recuento de la situación del indígena campesino desde la época colonial hasta los primeros años de la república del siglo XX. Es interesante ver la explicación de esta transformación de la mano de investigadores como Nelson Manrique, María Isabel Remy, Antonio Zapata y Enrique Mayer quienes concuerdan en que el indígena ha atravesado una situación de opresión y esclavitud desde muchos siglos atrás. Se deja claro que esta condición tiene raíces históricas y no aparece como un cuento que se le ocurrió a Velasco.

Para graficar este escenario, Benavente incluye extractos de películas realizadas en el contexto de la Reforma Agraria que fueron dirigidas por reconocidos cineastas como Fico García, Nora de Izcue y Armando Robles Godoy y que parecían haber quedado en el olvido hasta el día de hoy. Este recurso es el que más ha destacado a lo largo del documental porque en muchos casos tiene como protagonistas a los mismos líderes campesinos como Saturnino Hillca en Runan Caycu y nos permite comprender de una forma más cercana la situación que se vivía en ese contexto. La inclusión de estas cintas ha sido definitivamente un punto a favor de este documental, no solo por lo ya mencionado, sino porque pone en valor películas que fueron censuradas en su época o simplemente se dieron por perdidas.

Con el panorama presentado sobre la situación del indígena, el documental prosigue con la sucesión de gobiernos que se incluyen dentro de la llamada “República Aristocrática” que mantuvo la condición de opresión de los indígenas por muchos años más. Los investigadores entrevistados también coinciden y respaldan esta afirmación. Sin embargo, el discurso del documental cambia con la llegada al poder del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas de la mano de Juan Velasco Alvarado, pues se intenta demostrar que hubo un antes y un después en nuestra historia. Benavente es muy claro en afirmar que su documental acepta el cariz transformador del gobierno de Velasco no solo con la Reforma Agraria[1], sino también con la Reforma Educativa del 72. La opinión de los entrevistados también se vuelve unísona y concuerdan en la huella transformadora del Gobierno RRFFAA. Hasta este punto se podría pensar que el documental es una apología a Velasco y su gobierno, pero no. No es así.

Con el debate en torno a los efectos de la Reforma Agraria se puede evidenciar que el documental intenta presentar los puntos positivos y negativos al momento de su ejecución. Es preciso mencionar que se resalta las nefastas consecuencias que dejó la Reforma en la economía, pero también el gran cambio que hubo en la condición del campesino indígena y su liberación del yugo de los grandes hacendados. Benavente intenta mostrar los dos lados de la moneda, pero sus recursos resultan un tanto insuficientes si consideramos que no presenta las voces de todos los actores involucrados: el Estado, el campesinado y los exhacendados. Se presenta solo el testimonio de dos de las partes: la del campesinado con la representación de Zósimo Torres, dirigente de la Hacienda Huando y la de Hugo Blanco; la del Estado con Héctor Béjar y Morales Bermúdez, pero ninguna opinión de los ex hacendados. No quisiera especular sobre las posibles razones de esta ausencia ni tampoco desmerecer el gran intento por evidenciar a las voces del campesinado, pero considerando que la Reforma Agraria se llevó a cabo hace cincuenta años y que muchos de sus protagonistas ya deben haber fallecido, sí habría sido interesante recuperar las voces de este grupo.

En líneas generales el intento de Benavente ha sido muy fructífero por los recursos muy bien trabajados que presenta tanto a nivel audiovisual como histórico. Considero que la presencia de los investigadores ha sido variada, incluyendo a la nueva generación que se dedica al estudio del gobierno de Velasco. Así también, el contenido audiovisual ha sido extraordinario por la revalorización del cine social de la década de los 70. Sin embargo, más allá de las cuestiones “técnicas” del documental creo que lo que se debe rescatar es que haya otras plataformas que se interesen por abordar un tema histórico tan controversial. Ahora que vivimos en un mundo con más acceso a la información resulta paradójico que sea el cine una de las vías para poner a debate un tema que quedó recluido al círculo académico. Con el documental de Benavente el acceso a este tipo de información es más amplio, pero podría llegar a mucha más gente si se proyectara en los lugares que hoy aglutinan a los descendientes directos del campesinado que pudo emanciparse con la Reforma de Velasco.



* Si alguien está interesado en ver algunas de las películas que se incluyeron en este documental he visto que Nora Izcue tiene un canal en youtube con algunas películas colgadas. No sé si sea oficial, pero igual ahí se las dejo: https://www.youtube.com/channel/UCWV1z0oBzLyIY3JCKeRl4Tg/videos



[1] Esto se evidencia al leer la sinopsis de la película “La ley de Reforma Agraria de 1969 marcó un antes y un después en los rostros y en las historias oficiales de nuestro país (…) A 50 años de los experimentos sociales de la denominada “Revolución peruana”, toca preguntarnos si realmente el Perú se jodió o no con Juan Velasco Alvarado”.


MIRA LA RESEÑA EN VIDEO AQUÍ:




martes, 15 de octubre de 2019

Cinco minutos deplorables

Ha pasado mucho desde la última que tiré con alguien. El periodo podría extenderse un poco más si considero todas las veces que fueron desastrosas. En ese caso, ha pasado mucho más tiempo desde que no tengo buen sexo. Y no es que mis estándares sexuales sean muy altos de hecho, estoy segura de que han bajado debido a esta abstinencia o que me haya convertido en una ninfómana desabastecida que necesita sexo a todas horas. No. Lo único que he pedido en estos últimos encuentros ha sido el requerimiento mínimo que debe tener un acto sexual: que duren más de cinco minutos. Ya ni siquiera me importa el tamaño, el cuerpo del portador o los previos antes de la montada. Nada de eso. Ahora lo único que me importa es encontrar a alguien que lo sepa mover bien y no se venga en cinco putos minutos.

Parece sencillo, pero no lo es. Esta generación tan aclamada de nativos digitales, hijos de la globalización y todo el rollo que se les atribuye a los millennials, ha dejado de lado que también son una generación de eyaculadores precoces que se excusan en su adicción al porno y el hentai para justificar su deplorable desempeño en la cama. Como si el porno fuera el causante de su descontrol y falta de consideración por quienes tienen al lado. Y no felices con eso, algunos tienen la osadía de responsabilizar a su acompañante por la temprana llegada:

Es que con ese culito tan rico cómo no voy a venirme rápido.

¿Perdón? ¿Y yo qué chucha tengo que ver? Tu pichula también está rica y, sin embargo, hago el intento por no venirme antes que tú.

Para evitar todo eso prefiero entregarme a las exquisiteces del porno que menos indignación y grandiosas pajas me da. De hecho, es algo a lo que he estado recurriendo disciplinadamente durante estas semanas de abstinencia. No es lo mismo, pero es lo que hay mientras encuentro a alguien dispuesto a seguir el ritmo natural de un buen tire. ¿Qué tan difícil puede ser? Estoy casi segura de que el 50% de eyaculadores precoces realmente no lo son por una condición médica, sino que están guiados por la puta flojera y falta de empatía. Se satisfacen a sí mismos, acaban cuando se les da la gana y luego se voltean dándote una palmadita y agregando un nefasto:

¿Qué rico estuvo! ¿No?

Vete al carajo.




jueves, 10 de octubre de 2019

El poder de una barra




La primera vez que me puse frente a una barra tenía el corazón hecho pedazos. No soportaba la idea de los finales ni los absurdos nuevos comienzos. Estaba sumergida en un profundo hoyo del cual solo pude salir anclada en una barra de acero de 20kg y 2.20 metros de largo. Recuerdo cómo la coloqué sobre mis escápulas: totalmente desequilibrada hacia el lado izquierdo y con un agarre que le destrozaría las muñecas a cualquiera. No tenía idea de lo que hacía, pero cuando comienzas a creer que la vida no tiene sentido, hacer una mala sentadilla es lo de menos.

Saqué la barra del rack con fuerza, pues a pesar de no haber colocado ningún disco en los extremos pensé que no podría ni siquiera con el peso de la barra sola. Con mucho más control, di dos pasos hacia atrás. Uno. Dos. Y un tercero de remate para acomodar las puntas de mis pies que, instintivamente, habían quedado mirando hacia afuera. Levanté la cara y me encontré reflejada en el espejo. Ahí estaba yo sosteniendo mal una barra con la que le haría kintsugi a mi corazón; estaba con los cachetes inflados y rojos por una profunda inhalación que pedía a gritos la liberación de un suspiro ensordecedor. Era momento de bajar.

Regresé la mirada sobre el suelo y de inmediato retumbaron en mi mente aquellas palabras que circunstancialmente me habían puesto en este lugar:

Discúlpame, no sabía cómo decírtelo. Es algo que pasó de un momento a otro”

Esas palabras se convirtieron en los discos ausentes, en el peso abstracto más pesado que cualquier levantador arriesgaría poner sobre su espalda. Pero, aun así, yo ya había aceptado el reto de hacer una sentadilla con el peso de ese dolor.

Pendejo reconchatumadre

Preparé las rodillas y al flexionarlas noté cómo se convirtieron en un soporte idóneo para los buenos y malos recuerdos. Sentí el descenso lento y controlado de la barra y la espalda muy recta como si estuviera en mi hábitat natural. Estando abajo, con las piernas abiertas, con la barra mal sujetada y los cachetes a punto de explotar endurecí mis cuádriceps lo más fuerte que pude y fui consciente de que el peso de aquellas palabras no me aplastaría nunca más, sino que me darían el impulso suficiente para la subida. Y así fue.

Dejé la barra sobre el rack y miré las palmas de mis manos: tenía pequeñas marcas que dentro de unos años tomarían forma de perennes callos. Todavía tenía la cara roja por el descenso y sentía un pequeño hincón entre las escápulas. Una vez más me vi reflejada en el espejo: estaba con los brazos cruzados, apoyados sobre la barra pensando en por qué nunca antes se me había ocurrido hacer una sentadilla. Pensé en todas las veces que me había encontrado bajoneada y sumergida en el hoyo de la decepción. Había sido difícil salir de ahí, pero ahora una sentadilla me mostraba un nuevo camino: la única forma de salir del hoyo era sujetándome de una barra para volver a subir.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Antes de ti


Hoy me levanté a la hora que
solíamos echarnos a cenar. 
No hay más rezagos de 
comida chatarra 
entre mis sábanas, 
ni botellas de cerveza esparcidas por el suelo. 
Ahora solo soy yo, 
con un plato de ensalada 
una taza de café 
intentando volver a 
mi vida antes de conocernos. 
Hoy corrí diez kilómetros 
con la esperanza de 
conseguir en mí misma 
ese calor que antes 
solía emanar de tu cuerpo hacia el mío. 
He terminado con la cara tan roja como una hornilla 
me he dado cuenta de que, 
aunque 
ya no estás, 
todavía me puedo 
sonrojar.



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lunes, 9 de septiembre de 2019

La Espera

El calendario descuenta
la llegada de noviembre.
Me envuelve la falsa espera
de los que deciden
porque son
quienes más titubean.
Tú, sin embargo,
has asimilado mi ausencia,
No hay temor en tu mirada
solo la convincente
certidumbre
de quienes apuestan.
Subirás a ese avión
sabiendo que alguien te espera.
Flotando en una nube gris,
pero
todavía
te espera.




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lunes, 2 de septiembre de 2019

El arte de procastinar

Debería estar escribiendo los avances de una investigación que he postergado hasta decir basta. Creo que lo hago porque el tema no me interesa o porque me están pagando. Usualmente hago mejor las cosas que me las piden como "favor". 
Comencé a las 11 de la mañana respondiendo correos y luego comentarios de suscriptores en Youtube. Así transcurrió una hora hasta que decidí que era momento de almorzar. Me tome el tiempo suficiente para comer y pensar que la clave de una buena digestión es la excesiva masticación de los alimentos, pero el tener la barriga llena me llevo a pensar que no me caería mal una pequeña siesta. Llegó así las 2 de la tarde. Cuando ya estaba posicionada para escribir mi primer párrafo del día, atravesó por mi mente la palabra B I T C O I N. ¿Han escuchado de las criptomonedas? Pues, es todo un mundo que implica el conocimiento no solo de la economía mundial, sino también virtual. A pesar de todo, me pareció que ahora era el momento perfecto para aprender cómo funcionaba. Dos horas y medias después, estaba enterada de los orígenes y teorías financieras sobre una criptomoneda que evidentemente no pensaba adquirir jamás porque vivo en un país tercermundista en el que todavía sigue vigente la práctica de falsificación de billetes.
El pensar en la economía virtual, me llevó a pensar también en un antiguo interés que tuve hace un par de años de querer invertir en la bolsa de valores. Entonces, me puse a averiguar en internet en qué lugares dictaban cursos para principiantes. Resulta que la web de la Bolsa de Valores tiene un curso virtual y ¿qué creen que hice? Me sople dos horas más el curso virtual de cómo invertir en la bolsa de valores aunque lo único que tuviera en mi cuenta bancaria sea 300 soles. Así llegaron las 7 de la noche y para cerrar con broche de oro, me senté a escribir en este blog sobre las diversas formas en que se manifiesta la procastinación. 
No habré escrito nada, pero vaya que tuve varias revelaciones: mi capacidad para huevear y evadir las cosas es sorprendente.

jueves, 22 de agosto de 2019

Frases de Zorba, el griego

El baile de Zorba

—¿Bailas?— me preguntó apasionadamente— ¿bailas?
—No.
—¿No?
Dejó los brazos caídos, asombrado.
—Bueno— dijo al rato—. Entonces bailaré yo, patrón. Siéntate un poco más allá, que no te atropelle. ¡Ohe! ¡Ohe!
De un brinco saltó afuera de la barraca, se quitó los zapatos, la chaqueta, el chaleco, arremangóse los pantalones hasta las rodillas y comenzó a bailar. La cara, aún sucia de carbón, parecía negra. Los ojos brillantes, blancos.

Entró en el torbellino de la danza dando palmadas brincando luego, girando como una peonza en el aire, dejándose caer en elásticas flexiones de las piernas, volviendo a dar botes con las piernas dobladas, como si fuera de goma. Alzábase de repente en un impulso que parecía destinado a quebrantar las leyes de la naturaleza para echarse a volar. Advertíase en el carcomido cuerpo la lucha del alma por liberar a la carne y lanzarse con ella, como un meteoro en las tinieblas. Sacudía con fuerza el cuerpo, que volvía a caer por no hallar cómo sostenerse en lo alto; sacudíalo nuevamente, despiadado y conseguía llevarlo esta vez un poco más arriba; pero el pobre volvía a caer, jadeante.

(...)
Existe en mí un demonio que grita y yo hago lo que me manda. Cada vez que me encuentro a punto de ahogo, me ordena: ¡Baila! y yo bailo. ¡Y me siento aliviado! Una vez cuando mi pequeñin Dimitraki se me murió, en Calcídica, me levanté y me puse a bailar. Los parientes y amigos que me veían que danzaba ante el cuerpecito yacente se precipitaron con la intención de contenerme: "¡Zorba se ha vuelto loco, exclamaban— ¡Zorba se ha vuelto loco!" Pero si no hubiera bailado en ese momento, entonces sí hubiera enloquecido de dolor.

Sobre la muerte

—Ahora los cabellos me blanquean, los dientes se mueven, no me queda tiempo que perder. Tú eres joven todavía, podrías aguardar con paciencia. Yo no. Palabra de honor: cuánto más viejo me voy poniendo, más intensos son mis deseos. ¡Que no me vengan a mí con que la vejez calma al hombre! ¡Ni con que al acercarse la muerte tiende el cuello diciéndole: —Córtame la cabeza para ir cuanto antes al cielo!—Yo cada día que pasa me siento más rebelde. ¡No arrio pabellón, quiero conquistar el mundo!

Sobre la mujer

Digas lo que se te antoje, la mujer, en mi opinión, es cosa distinta, patrón, no es cosa humana. ¿Por qué guardarle rencor? Es algo que no entra en nuestra comprensión, la mujer, y todas lasleyes del Estado y de la religión se equivocan a su respecto. ¡No debían tratar así a la mujer, no! Son muy duras, patrón, esas leyes, y muy injustas. Yo, si alguna vez hubiera de dictar las leyes, no las haría iguales para los hombres y para las mujeres. Diez, cien, mil obligaciones para el hombre. Para eso es hombre, para aguantarlas. Pero no una para la mujer. Porque ¿cuántas veces será necesario que te lo diga patrón? la mujer es una criatura sin fuerza.

Sobre Dios

—No te rías patrón me represento a Dios muy semejante a mí. Solo que más grande, más fuerte, más chiflado. Y, por añadidura, inmortal. Está comodamente sentado en pieles de carnero muy muelles y por cabaña tiene el cielo. No de hojalata como la nuestra, sino de nubes. Lleva en la mano derecha, no una espada ni una balanza, —que estos instrumentos son propios de carniceros o especieros—; lleva él una gran esponja embebida en agua como en lluvia un nubarrón. A su derecha, el Paraíso; a su izquierda, el infierno. Y cuando el alma se acerca, pobrecilla, desnuda, pues ha perdido su manto, el cuerpo, y tiritando, Dios la mira, riéndose para su barba, aunque con simulado aspecto de espantajo, y le dice: —¡Ven para acá— con voz severa—, ven para acá maldita! Y da comienzo al interrogatorio. El alma se postra a los pies del Señor. —¡Perdóname! exclama. ¡He pecado! Y ahí la ves enumerando los pecados que ha cometido. Es una retahila que  no acaba nunca. Dios se harta de oírla. Boteza. —¡Calla ya, le grita, que me das jaqueca! Y ¡zas! la esponja de un golpe borra todos los pecados- —¡Hala, márchate ve al Paraíso! le dice. —Pedrín deja que entre esta también, ¡pobrecilla! Pues debes decirte, patrón que Dios es un gran señor, y la nobleza solo esto significa: perdonar.

Solo a terceros - Pxndx


Tal vez no sucedió
Tal vez esto sea una ilusión
Tal vez sea una obra dramatúrgica de corazones
Y tu eres la principal y ese de abajo
Es tu secundario,
Inicio la función,
¿Qué pasará al final, de este drama sexual?
¿Valdrá la pena esperare al final?
Me agrada sentir dolor
Ven a contármelo.
Que quiero escucharla y no!
Que quiero escucharla y no!
Pones tu cara de querer decir lo siento
Y te dejo sin aliento
Quiero escucharla y no!
Tienes talento para dar placer
Pero solo a terceros.
¿Cómo se sintió,
Al tocar a alguien que no era yo?
Al rozar las sabanas con alguien más
Sé que pensaste en mi
Espero que lo hayas gozado.
Y aunque nunca te alejaste de mi
Siempre existió temor
Que cometas fraude a mi amor
Y ahora comprendo que mi corazón
Merece una explicación, ven a explicárselo.
Que quiero escucharla y no!
Que quiero escucharla y no!
Pones tu cara de querer decir lo siento
Y te dejo sin aliento,
Quiero escucharla y no!
Tienes talento para dar placer
Pero solo a terceros.
No me arrepiento de siempre dudar,
Cuestionar tu fidelidad,
Y hasta tu forma de mirar,
Y la amargura futura soy yo,
Siempre presente yo,
Pues no quiero perdermelo.
Y quiero escucharla y no!
Y quiero escucharla y no!
Pones tu cara de querer decir lo siento
Y aveces lo aborresco
Quiero escucharla y no!
Tienes talento para dar placer
Pero solo a terceros... 

miércoles, 21 de agosto de 2019

Se busca

El día de mi primera comunión, recibí como regalo un diario con la portada de Hello Kitty. Le puse un candadito para disuadir a los curiosos de querer enterarse de mi vida privada. Escribí religiosamente ahí por casi quince años. Con la llegada de la tecnología, mis escritos se dividieron entre el papel y mi blog, pero siempre necesitaba volver a leer esa historia de vida que había comenzado a escribir a los siete años. Desde hace unos meses descubrí que no podré volver a leer a mi yo de aquellos años, pues ahora todas mis historias deben encontrarse debajo de un gran bloque de basura esperando a ser rescatadas por algún curioso samaritano que tanto me esforcé en alejar.


domingo, 4 de agosto de 2019

Un poquito de mi esencia

Te quedaste con lo más valioso de mí, y no me refiero a los libros que te di: esos son solo algunos rayitos de mi alma. Te quedaste con mi esencia, esa que aparecía entre líneas cuando decía que nos fuéramos a Andahuaylillas para vivir escribiendo y dibujando. Yo hablaba enserio porque toda mi vida gira entorno a las letras y pensé que la tuya, a los trazos. Pero hoy me doy cuenta que es muy probable que dibujar no sea realmente lo que te apasione en el mundo. ¿Cómo podría ser posible? Si has demostrado que ni siquiera puedes seguir el trazo de tus propias promesas. Pero no te preocupes siempre hay una solución: puedes usar un poquito de mi esencia, solo un poquito para mover con más ganas esa mano izquierda que no solo se te pone floja al momento de dibujar. Dale buen uso y pon en práctica lo que yo haría: dibujarte un par de huevos.

jueves, 27 de junio de 2019

Diario no publicable


"Ayer escribí cuatro páginas. Lo hago por terapéutica, pero sin dejar de pensar en que podrán ser leídas. ¡Qué débil es la palabra cuando el ánimo anda mal! Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de todos nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y cómo vibra!" 

"El zorro de arriba y el zorro de abajo"
José María Arguedas


26 de junio de 2019

Quiero una pastilla. Pienso, quizá me ayude a dormir y a olvidarme de todo, pero no puedo hacerlo. Mañana debo entregar dos trabajos, entregar las notas de mis alumnos y hacer una presentación parcial de mi investigación. No me puedo dormir, pero tampoco quiero coexistir con este dolor. Me bebí una cerveza porque siempre lo hago cuando escribo, me cayó fatal parecía que nunca hubiese tomado y comenzaron a llegar todos los recuerdos de rupturas amorosas. No sé qué hacer. No he salido de este cuarto desde la 7 de la mañana que me levanté. Escribí un par de párrafos y nuevamente No sé qué hacer. Todas mis amigas están ocupadas y cansadas de la misma historia de siempre, ya basta, tú sabías lo que iba a pasar. Pero, por favor, se supone que son mis amigas solo quiero a alguien que me escuche llorar un rato.
Ahora sí quiero dormir, dormir mucho para no pensar más, me abrumo, me nublo, me estresso y no avanzo ni una mierda. ¿Cómo me voy a parar frente a mis alumnos, amigos, profesores? ¿Cómo voy a ocultar esta cara de depresión y angustia? ¿Cómo puedo hacer para, por un momento, dejar de ser yo?


27 de junio de 2019

Realmente estoy sintiendo ansiedad, creo que nunca antes la había sentido o quizá no a este extremo. Mis problemas con la comida son nada al lado de lo que estoy sintiendo ahora. Mi cuerpo me gana, no hace lo que mi mente le dice: Ya deja de llorar, pero lo intensifica o Ya deja de ver el celular, y mis ojos no pueden apuntar hacia otro lado. Estoy consumida, pero no tanto como la niña con gorrita que se bajó del carro en el INEN. Me sonrió y me dio esperanza de que todo podría estar mejor que la cura llegará, no a través del tiempo, sino de mis propias acciones. Tengo una necesidad absurda de volver a leer mis diarios en los que escribía de Leandro y de Luis, me acuerdo todas las veces que lloraba pensando que no podría salir de ese hoyo, pero salí. Quiero leer lo que escribía, espero que no sea tan desagradable como esto.

**

Estoy leyendo los diarios de Arguedas y la novela de Bayly sobre los últimos días de la prensa. Intento mantenerme ocupada, pero todo me recuerda a esa basura. Mañana veré a mis alumnos, ellos siempre me sacan sonrisas. En nuestra última clase veremos películas y comeremos bocaditos que hemos acordado llevar todos juntos. Es la última vez que nos veremos, ahora que lo pienso no sé si la clase de mañana me haga sentir algo mejor, dictar es lo que más me encanta en el mundo y ahora que entramos a vacaciones significa que estaré nuevamente metida en mi cuarto. Señor, ayúdame a pensar en otras cosas, por favor.

28 de junio de 2019

Esa sonrisa no es real. Subo al ascensor y me veo frente al espejo y sé que mi sonrisa no es real. Quiero volver a sonreírme como lo hacia antes o al menos de la misma manera que lo hago frente a los demás, con la misma naturalidad y soltura. ¿Por qué no puedo hacerlo conmigo misma? ¿Por qué es tan difícil? He vuelto a llorar, no tengo ganas de comer lo hago para reestablecer mis medidas de glucosa y porque está interiorizado en mí. Hoy solo he comido para sobrevivir. Le he sonreído a cincuenta a alumnos, he tomado la cantidad necesaria de agua y comido una causa en todo el día. Hacerlo me alegró un poco el día: la causa es mi plato favorito.

14 de agosto de 2019

Hoy he vuelto a pensar en Tempo de una manera más melancólica. Después de mucho tiempo puedo llamarlo así y dejar de lado mi rencor, para tratarlo desde mi tristeza. Tenía la idea de que solo con él podría llegar a ser feliz, se convirtió en aquel futuro infinito de todas las mujeres que cuando fueron pequeñas vieron a las princesas de Disney. El problema es que yo nunca las vi, ni las tuve como referencia, entonces no entiendo por qué aún así decidí conformarme con creer que él me hacía feliz y me sacaría de algún hoyo existencial. Fue todo lo contrario porque más bien me hundió en uno muy profundo del cual hasta ahora no logro salir. Aún así, no tengo vergüenza en reconocer que si hoy en día estoy con una deuda al cuello es porque gasté más de mil soles en subsanar el daño inmenso que este supuesto buen hombre, hijo y hermano le hizo a mi salud mental.





miércoles, 26 de junio de 2019

Todo se desploma

Todo se derrumba,
Todo se cae,
Lo veo desplomarse.
Veo como todo lo que construimos
Se viene abajo,
Desaparece,
Se convierte en polvo
Y el aire se lo lleva.
Ya no hay nada,
No hay más sonrisas
No hay más besos
Ni más abrazos
Solo lágrimas y rencor,
Lágrimas y dolor
Lágrimas y más lágrimas.
Y un cachito de resignación.

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jueves, 20 de junio de 2019

Tú en Invierno

Siento el viento frío golpear mi cara y me pregunto
¿Cómo serías tú en invierno?
¿Preferirías un té o un chocolate caliente?
¿Una Ale o una Stout?
¿Chompas o impermeables?
¿Cómo serías tú cuando las lluvias invadieran la pista
y la garúa nos rebotara en la cara?
¿Preferirías limpiarlas o que se sequen solas?
¿Quedarte en casa o salir a empaparte?
Me pregunto también si volverías a dudar
De quedarte todo este invierno a mi lado,
Compartiendo una cobija,
Tomándonos de la mano,
Sintiendo nuestras respiraciones,
Mientras nos ponemos de lado,
Y te creo que estaremos juntos
Hasta que llegué el próximo verano.






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lunes, 17 de junio de 2019

Todas te odian

Con amor para Flavio Pais

Mis amigas son la prueba viviente de lo efectiva que puede ser la sororidad. Debo confesar que nunca le tuve fe a la idea de apoyarnos por el simple hecho de ser mujeres, me parecía absurdo: el apoyo no depende del género. Pero en algunos casos, las chicas necesitamos otro tipo de soporte. Había escuchado tantas veces la frase "No te merece" que podía identificar el momento exacto en que sería pronunciado por mis amigas. El discursito de que podía encontrar algo mejor con un tronar de dedos ya me lo sabía de memoria. La búsqueda de algún ente masculino que no me esté negando cada dos cuadras era un tema recurrente en nuestras reuniones de papas fritas y chelas. Lamentablemente, siempre he sido un poco necia cojuda dirían algunos porque prefiero obligar a mi mente a ver lo que quiere ver en lugar de enfrentar la realidad. 

Los primeros meses, le creí el cuento de que había salido de una relación. Era comprensible de que quisiera estar solo después de haber estado con una loca que comenzó a stalkearme por todos lados cuando se enteró que su ex salía con otra chica. Lo que vino fue peor. Comenzó la fase "Todavía tenemos que conocernos más". Aparentemente, tres meses saliendo no había sido suficiente y quizá tenía razón, pero después de ocho meses esa frasecita ya no me parecía tan coherente y la cosa se puso más intensa. "Te quiero, pero no puedo estar contigo". ¿Dónde había escuchado eso antes? Ah sí, en tercero de secundaria, cuando a los 12 años, Luis Cotillo me mandó a terminar con su amigo. Al menos esta vez, este tuvo más huevos y me lo dijo directamente a la cara.

Mi lucha incansable por un reconocimiento público comenzaba a fracasar. No haber pasado Año Nuevo juntos fue el primer indicio de que algo andaba mal; mi ausencia en la celebración de su cumpleaños número 30 fue el siguiente. Pero lo que realmente me hizo abrir los ojos fue el hecho de pasar días enteros sin decirnos ni siquiera un "Hola" y luego retomar la conversa como si nada hubiera pasado. ¿Me estás hueveando no? Un meme fue el remate final para que abriera los ojos. La imagen de una chica diciendo emocionada "¡Hablamos todos los días, definitivamente me ama!" fue derribada con una grandiosa respuesta: "¿Hablan o solo te responde?". ¡Auch! Era momento de tomar decisiones.

Lo más incómodo de todo fue el no haber podido conversarlo con nadie. Si se lo contaba a las chicas, la respuesta unísona sería "Te lo dijimos" y mis aires de necedad no me iban a permitir reconocer que, efectivamente, ellas ya me lo habían dicho no una, sino mil veces. "¿Hasta cuándo vas a esperar?" solían preguntarme cada vez que nos veíamos y yo solo decía que las cosas podrían tomar otro rumbo: una formalización parcial podría ser suficiente. ¿Qué tal un "estemos, pero no publiquemos nada en redes"? Había comenzado mi transformación: me estaba convirtiendo en una copia barata de Tilsa Lozano.

Quizá debí prestar atención a todas las señales: ante el primer ¡Odio a ese tipo! de mis amigas debí suponer que no era el correcto para mí. Ellas son las hermanas que decidí elegir para compartir mi vida, me conocían a profundidad y fueron las primeras en darse cuenta de que no la estaba pasando bien. Aunque todas tenían personalidades tan diferentes siempre concordaban en que debía terminar con esto de una vez. ¿Por qué era tan difícil hacerlo? ¿Por qué me costaba dejar a un tipo que lo único que quería era pasar sus ratos libres conmigo? Todavía no logro descubrirlo. El punto es que esta situación las llevó a odiarlo mucho más. No importaba los bonitos momentos que me había hecho pasar, lo único que querían era despotricar contra él porque no valoraba a la grandiosa chica que tenía a su lado. Y yo no quería permitirlo, simplemente no quería que lo odien. Pero ahora que lo veo en perspectiva, recién puedo ponerme en el lugar que estuvieron ellas. Diego, Marcos, Francisco y Alejandro, a simple vista, parecían ser buenos chicos, pero el haberlas hecho derramar lágrimas fue motivo único y suficiente para odiarlos de la misma manera que ellas odiaban a Tempo. Ninguna de nosotras merecía sentir ese dolor, pero lo hicimos. Lloramos por tipos que no valían la pena. Ahí supe que estábamos en todo nuestro derecho de odiarlos.

Julio Jaramillo escribió en 1956 una obra maestra "odio quiero más que indiferencia porque el rencor duele menos que el olvido". Ya no tengo problema en que las chicas lo odien, tienen toda la libertad de hacerlo porque eventualmente se les va a pasar. Pero respecto a mí, ¿para qué perder el tiempo odiando este tipo? ¿Realmente se le merece? Claro que no. Además, no podría odiarlo: el infeliz se ha quedado con uno de mis libros y necesito que me lo devuelva. Después de eso, ya veremos.



A Silvana, Malú, Gaga, XXX y YYY
Por nuestra lucha incansable contra los Voldemort