Mundialmente, el sentido de la navidad es “compartir” no sé si sea gracias al spot de Coca Cola o que realmente la doctrina católica haya calado en el imaginario de la gente. El punto es que, estas fechas, más que nunca, nos lleva a la unión familiar, al compartir y a desligarnos de lujos y exageraciones para optar una actitud más reflexiva. No faltan nunca las chocolatadas y padrinazgos de regalos organizados por las grandes empresas que escogen poblados más pobres para dar un servicio ayuda social. Confieso haber participado de tales actividades en las que se va a una comunidad llevando regalos, chocolates y panetones para repartir a diestra y siniestra. Sin embargo, algo que nunca me gustó fue la necesidad de evidenciar esta ayuda en las redes sociales. Gente con cámaras grabando a los niños beneficiados con los juguetes y/o comida y pidiendo que “agradezcan” y sonrían para las fotos. ¿El resultado? Fotos de personas contrariadas, confundidas sin saber qué cara poner.
¿Es que acaso ese es el verdadero sentido de la celebración? ¿Realmente ayudamos o el hecho de regalar ayuda a nuestra autoestima? Recuerdo que años atrás me gustaba ir a estas actividades, preparaba el chocolate, ordenaba a los niños para la entrega de regalos, me gustaba porque me hacía sentir útil para algo. Pero de aquí a unos años me ha ganado el asco de ver cómo la gente presume en las redes social su ayuda voluntaria. Fotos con pies de páginas “#Ayudar #NavidadEsCompartir” la verdad que son insufribles. Es que realmente trato de entender qué puede pasar por su cabeza para fotografiar esos momentos que deben estar desligados del beneficio personal. Obviamente, esto es una retroalimentación: dar un regalo, más allá de hacer sentir bien a la persona que lo recibe, genera un sentimiento de bienestar a quien lo da. Pero estas personas no se quedan con esta satisfacción – que hasta cierto punto es entendible–; ellos sienten la necesidad de mostrar al mundo su bondad, su falsa e interesada ayuda.
Desde el otro lado, los que reciben están acostumbrados a esperar cada año la llegada de la caravana con regalos y comida que probablemente sea lo único que reciban en estas fechas, gracias a la ineficiencia de un gobierno centralizado. A cambio de regalos, los organizadores piden fotografías, videos, snapchats, etc. rebajando y humillando a los beneficiados para dejar en claro que ellos están a favor de la ayuda social. Para mí no está mal el que se realicen estas actividades –aunque haya un gran debate acerca de las consecuencias negativas que se desprenden como la dependencia o fomentar la mendicidad– pues con todo y defectos se realizan ciertas veces al año y como dirían una vez al año no hace daño. Lo que realmente jode es que hagan alarde de esto. Si vas a un lugar a ayudar pues hazlo en silencio. Siéntate y conversa con las personas sobre cómo es su día a día y busca una manera viable de solucionarlo, porque darle un regalo no lo hará. Que estas actividades sean la excusa perfecta para compartir recursos duraderos, ideas de emprendimiento que fomenten la actividad: estas personas no necesitan regalos, necesitan un programa que los impulse a salir de la pobreza. Por lo tanto, todas las fotos que puedas subir a Facebook o twitter con la excusa de evidenciar la pobreza de un lugar, no solucionará nada; lo único que hará es generar miles de like a una persona que creyó que la ayuda material es lo único que podemos compartir en estas fechas. Terrible error.
Merry Cristmas
























