Comienzo a pensar en J de otra manera. No es su contorneado físico lo que me atrae, sino lo que pueda llegar a decirme. He imaginado situaciones idílicas en las que discutimos sobre la prosa de Cisneros o Bukowski mientras destapamos dos chelas y me ha dado cuenta de que no habría nada más perfecto para anticipar un buen tire. Por alguna razón creo que J puede ser bueno en la cama; eso me ha llevado a albergar muchas expectativas sobre algo que probablemente jamás llegue a suceder. ¿Qué hacer con estas ganas? No estaría mal superar nuestros "holas" y "chaus" para llegar a los "ala mierda qué rico" y "no pares conchatumadre". El tiempo y mis nuevos PRs revelarán el camino a seguir.
miércoles, 30 de octubre de 2019
martes, 22 de octubre de 2019
Reseña "La Revolución y la Tierra"
El documental dirigido
por Gonzalo Benavente “La revolución y la tierra” ha sido una de las grandes
revelaciones audiovisuales del 2019. En la conmemoración de los cincuenta años
de la Reforma Agraria de Juan Velasco Alvarado resulta de mucha importancia
poner sobre el ojo público las grandes transformaciones que se desprendieron de
su ejecución: la abolición del servilismo indígena perpetuado por los grandes
hacendados y la justa redistribución de propiedades agrícolas.
El documental inicia con
un recuento de la situación del indígena campesino desde la época
colonial hasta los primeros años de la república del siglo XX. Es interesante
ver la explicación de esta transformación de la mano de investigadores como
Nelson Manrique, María Isabel Remy, Antonio Zapata y Enrique Mayer quienes
concuerdan en que el indígena ha atravesado una situación de opresión y esclavitud
desde muchos siglos atrás. Se deja claro que esta condición tiene raíces
históricas y no aparece como un cuento que se le ocurrió a Velasco.
Para graficar este
escenario, Benavente incluye extractos de películas realizadas en el contexto
de la Reforma Agraria que fueron dirigidas por reconocidos cineastas como Fico
García, Nora de Izcue y Armando Robles Godoy y que parecían haber quedado en el
olvido hasta el día de hoy. Este recurso es el que más ha destacado a lo largo
del documental porque en muchos casos tiene como protagonistas a los mismos líderes
campesinos como Saturnino Hillca en Runan Caycu y nos permite comprender
de una forma más cercana la situación que se vivía en ese contexto. La
inclusión de estas cintas ha sido definitivamente un punto a favor de este
documental, no solo por lo ya mencionado, sino porque pone en valor películas que
fueron censuradas en su época o simplemente se dieron por perdidas.
Con el panorama presentado
sobre la situación del indígena, el documental prosigue con la sucesión de
gobiernos que se incluyen dentro de la llamada “República Aristocrática” que
mantuvo la condición de opresión de los indígenas por muchos años más. Los
investigadores entrevistados también coinciden y respaldan esta afirmación. Sin
embargo, el discurso del documental cambia con la llegada al poder del Gobierno
Revolucionario de las Fuerzas Armadas de la mano de Juan Velasco Alvarado, pues
se intenta demostrar que hubo un antes y un después en nuestra historia. Benavente
es muy claro en afirmar que su documental acepta el cariz transformador del gobierno
de Velasco no solo con la Reforma Agraria[1], sino también con la
Reforma Educativa del 72. La opinión de los entrevistados también se vuelve
unísona y concuerdan en la huella transformadora del Gobierno RRFFAA. Hasta
este punto se podría pensar que el documental es una apología a Velasco y su
gobierno, pero no. No es así.
Con el debate en torno a
los efectos de la Reforma Agraria se puede evidenciar que el documental intenta
presentar los puntos positivos y negativos al momento de su ejecución. Es
preciso mencionar que se resalta las nefastas consecuencias que dejó la Reforma
en la economía, pero también el gran cambio que hubo en la condición del
campesino indígena y su liberación del yugo de los grandes hacendados. Benavente
intenta mostrar los dos lados de la moneda, pero sus recursos resultan un tanto
insuficientes si consideramos que no presenta las voces de todos los actores
involucrados: el Estado, el campesinado y los exhacendados. Se presenta solo el
testimonio de dos de las partes: la del campesinado con la representación de Zósimo
Torres, dirigente de la Hacienda Huando y la de Hugo Blanco; la del Estado con Héctor
Béjar y Morales Bermúdez, pero ninguna opinión de los ex hacendados. No
quisiera especular sobre las posibles razones de esta ausencia ni tampoco
desmerecer el gran intento por evidenciar a las voces del campesinado, pero considerando
que la Reforma Agraria se llevó a cabo hace cincuenta años y que muchos de sus
protagonistas ya deben haber fallecido, sí habría sido interesante recuperar
las voces de este grupo.
En líneas generales el
intento de Benavente ha sido muy fructífero por los recursos muy bien
trabajados que presenta tanto a nivel audiovisual como histórico. Considero
que la presencia de los investigadores ha sido variada, incluyendo a la nueva
generación que se dedica al estudio del gobierno de Velasco. Así también, el
contenido audiovisual ha sido extraordinario por la revalorización del cine
social de la década de los 70. Sin embargo, más allá de las cuestiones “técnicas”
del documental creo que lo que se debe rescatar es que haya otras plataformas que
se interesen por abordar un tema histórico tan controversial. Ahora que vivimos en un mundo con más
acceso a la información resulta paradójico que sea el cine una de las vías para poner a
debate un tema que quedó recluido al círculo académico. Con el documental de
Benavente el acceso a este tipo de información es más amplio, pero podría llegar a
mucha más gente si se proyectara en los lugares que hoy aglutinan a los
descendientes directos del campesinado que pudo emanciparse con la Reforma de
Velasco.
* Si alguien está interesado en ver algunas de las películas que se incluyeron en este documental he visto que Nora Izcue tiene un canal en youtube con algunas películas colgadas. No sé si sea oficial, pero igual ahí se las dejo: https://www.youtube.com/channel/UCWV1z0oBzLyIY3JCKeRl4Tg/videos
* Si alguien está interesado en ver algunas de las películas que se incluyeron en este documental he visto que Nora Izcue tiene un canal en youtube con algunas películas colgadas. No sé si sea oficial, pero igual ahí se las dejo: https://www.youtube.com/channel/UCWV1z0oBzLyIY3JCKeRl4Tg/videos
[1]
Esto se evidencia al leer la sinopsis de la película “La ley de Reforma Agraria
de 1969 marcó un antes y un después en los rostros y en las historias oficiales
de nuestro país (…) A 50 años de los experimentos sociales de la denominada “Revolución
peruana”, toca preguntarnos si realmente el Perú se jodió o no con Juan Velasco
Alvarado”.
MIRA LA RESEÑA EN VIDEO AQUÍ:
MIRA LA RESEÑA EN VIDEO AQUÍ:
martes, 15 de octubre de 2019
Cinco minutos deplorables
Ha pasado mucho desde la
última que tiré con alguien. El periodo podría extenderse un poco más si
considero todas las veces que fueron desastrosas. En ese caso, ha pasado mucho
más tiempo desde que no tengo buen sexo. Y no es que mis estándares sexuales sean
muy altos —de
hecho, estoy segura de que han bajado debido a esta abstinencia— o
que me haya convertido en una ninfómana desabastecida que necesita sexo a todas
horas. No. Lo único que he pedido en estos últimos encuentros ha sido el
requerimiento mínimo que debe tener un acto sexual: que duren más de cinco minutos.
Ya ni siquiera me importa el tamaño, el cuerpo del portador o los previos antes
de la montada. Nada de eso. Ahora lo único que me importa es encontrar a
alguien que lo sepa mover bien y no se venga en cinco putos minutos.
Parece sencillo, pero no
lo es. Esta generación tan aclamada de nativos digitales, hijos de la
globalización y todo el rollo que se les atribuye a los millennials, ha dejado
de lado que también son una generación de eyaculadores precoces que se excusan
en su adicción al porno y el hentai para justificar su deplorable
desempeño en la cama. Como si el porno fuera el causante de su descontrol
y falta de consideración por quienes tienen al lado. Y no felices con eso, algunos
tienen la osadía de responsabilizar a su acompañante por la temprana llegada:
—Es que con ese culito tan
rico cómo no voy a venirme rápido.
—¿Perdón? ¿Y yo qué chucha
tengo que ver? Tu pichula también está rica y, sin embargo, hago el intento por
no venirme antes que tú.
Para evitar todo eso
prefiero entregarme a las exquisiteces del porno que menos indignación y
grandiosas pajas me da. De hecho, es algo a lo que he estado recurriendo
disciplinadamente durante estas semanas de abstinencia. No es lo mismo, pero es
lo que hay mientras encuentro a alguien dispuesto a seguir el ritmo natural de
un buen tire. ¿Qué tan difícil puede ser? Estoy casi segura de que el 50% de
eyaculadores precoces realmente no lo son por una condición médica, sino que
están guiados por la puta flojera y falta de empatía. Se satisfacen a sí mismos,
acaban cuando se les da la gana y luego se voltean dándote una palmadita y
agregando un nefasto:
—¿Qué rico estuvo! ¿No?
—Vete al carajo.
jueves, 10 de octubre de 2019
El poder de una barra
La primera vez que me
puse frente a una barra tenía el corazón hecho pedazos. No soportaba la idea de
los finales ni los absurdos nuevos comienzos. Estaba sumergida en un
profundo hoyo del cual solo pude salir anclada en una barra de acero de 20kg y
2.20 metros de largo. Recuerdo cómo la coloqué sobre mis escápulas: totalmente
desequilibrada hacia el lado izquierdo y con un agarre que le destrozaría las
muñecas a cualquiera. No tenía idea de lo que hacía, pero cuando comienzas a creer
que la vida no tiene sentido, hacer una mala sentadilla es lo de menos.
Saqué la barra del rack con
fuerza, pues —a
pesar de no haber colocado ningún disco en los extremos— pensé que no podría ni
siquiera con el peso de la barra sola. Con mucho más control, di dos pasos hacia
atrás. Uno. Dos. Y un tercero de remate para acomodar las puntas de mis pies
que, instintivamente, habían quedado mirando hacia afuera. Levanté la cara y me
encontré reflejada en el espejo. Ahí estaba yo sosteniendo mal una barra con la
que le haría kintsugi a mi corazón; estaba con los cachetes inflados y rojos
por una profunda inhalación que pedía a gritos la liberación de un suspiro ensordecedor.
Era momento de bajar.
Regresé la mirada sobre
el suelo y de inmediato retumbaron en mi mente aquellas palabras que circunstancialmente
me habían puesto en este lugar:
“Discúlpame,
no sabía cómo decírtelo. Es algo que pasó de un momento a otro”
Esas palabras se convirtieron
en los discos ausentes, en el peso abstracto más pesado que cualquier
levantador arriesgaría poner sobre su espalda. Pero, aun así, yo ya había aceptado
el reto de hacer una sentadilla con el peso de ese dolor.
“Pendejo
reconchatumadre”
Preparé las rodillas y al
flexionarlas noté cómo se convirtieron en un soporte idóneo para los buenos y
malos recuerdos. Sentí el descenso lento y controlado de la barra y la espalda
muy recta como si estuviera en mi hábitat natural. Estando abajo, con las
piernas abiertas, con la barra mal sujetada y los cachetes a punto de explotar
endurecí mis cuádriceps lo más fuerte que pude y fui consciente de que el peso
de aquellas palabras no me aplastaría nunca más, sino que me darían el impulso
suficiente para la subida. Y así fue.
Dejé la barra sobre el
rack y miré las palmas de mis manos: tenía pequeñas marcas que dentro de unos
años tomarían forma de perennes callos. Todavía tenía la cara roja por el descenso
y sentía un pequeño hincón entre las escápulas. Una vez más me vi reflejada en el
espejo: estaba con los brazos cruzados, apoyados sobre la barra pensando en por
qué nunca antes se me había ocurrido hacer una sentadilla. Pensé en todas las
veces que me había encontrado bajoneada y sumergida en el hoyo de la decepción. Había sido difícil salir de ahí, pero ahora una sentadilla me
mostraba un nuevo camino: la única forma de salir del hoyo era sujetándome de una barra para volver a subir.
miércoles, 2 de octubre de 2019
Antes de ti
Hoy me levanté a la hora que
solíamos echarnos a
cenar.
No hay más rezagos de
comida chatarra
entre mis sábanas,
ni botellas de
cerveza esparcidas por el suelo.
Ahora solo soy yo,
con un plato de ensalada
y
una taza de café
intentando volver a
mi vida antes de
conocernos.
Hoy corrí diez kilómetros
con la esperanza de
conseguir en mí misma
ese calor que antes
solía emanar de tu cuerpo hacia el mío.
He terminado con la cara tan roja como una hornilla
y
me he dado cuenta de
que,
aunque
ya no estás,
todavía me puedo
sonrojar.
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