Debería estar escribiendo los avances de una investigación que he postergado hasta decir basta. Creo que lo hago porque el tema no me interesa o porque me están pagando. Usualmente hago mejor las cosas que me las piden como "favor".
Comencé a las 11 de la mañana respondiendo correos y luego comentarios de suscriptores en Youtube. Así transcurrió una hora hasta que decidí que era momento de almorzar. Me tome el tiempo suficiente para comer y pensar que la clave de una buena digestión es la excesiva masticación de los alimentos, pero el tener la barriga llena me llevo a pensar que no me caería mal una pequeña siesta. Llegó así las 2 de la tarde. Cuando ya estaba posicionada para escribir mi primer párrafo del día, atravesó por mi mente la palabra B I T C O I N. ¿Han escuchado de las criptomonedas? Pues, es todo un mundo que implica el conocimiento no solo de la economía mundial, sino también virtual. A pesar de todo, me pareció que ahora era el momento perfecto para aprender cómo funcionaba. Dos horas y medias después, estaba enterada de los orígenes y teorías financieras sobre una criptomoneda que evidentemente no pensaba adquirir jamás porque vivo en un país tercermundista en el que todavía sigue vigente la práctica de falsificación de billetes.
El pensar en la economía virtual, me llevó a pensar también en un antiguo interés que tuve hace un par de años de querer invertir en la bolsa de valores. Entonces, me puse a averiguar en internet en qué lugares dictaban cursos para principiantes. Resulta que la web de la Bolsa de Valores tiene un curso virtual y ¿qué creen que hice? Me sople dos horas más el curso virtual de cómo invertir en la bolsa de valores aunque lo único que tuviera en mi cuenta bancaria sea 300 soles. Así llegaron las 7 de la noche y para cerrar con broche de oro, me senté a escribir en este blog sobre las diversas formas en que se manifiesta la procastinación.
No habré escrito nada, pero vaya que tuve varias revelaciones: mi capacidad para huevear y evadir las cosas es sorprendente.