despojada de rutinas
me retuerzo entre las piernas
de algún hombre que nunca
logra seguirme los pasos.
Sobre mi piel
se impregnan los sudores
de proclamados sementales
que pasan inadvertidos
frente a la rebelión de mi
cuerpo.
Soy indiferente hacia ellos,
solos son cuerpos con
vida escondida entre los
pelambres de sus caderas.
Retozar ya no es lo mismo
desde que aparecieron
en mi camino
hombres que olvidaron
que el sexo
al igual que un cuento
solo se disfruta
cuando se lee entre líneas.








