
Ha pasado mucho desde que no me interesaba algún chico, pero hace un par de meses conocí a alguien que me llamó mucho la atención. Desde que lo vi, me gustó, pero fue un gusto trivial como cuando vez a gente extraña por la calle y te parece simpática. Luego me enteré de que era fotógrafo, eso me gustó mucho más y me llevó a prestarle más atención a lo que decía. Después cuando conversábamos a través de un auditorio silencioso sobre temas de historia del siglo XX, me agradó su forma de hablar tan pausada, pero enfática al mismo tiempo. Se mostraba convencido del autoritarismo nazi y planteaba una idónea comparación de lo que podría suceder en mi país ante el inefable retorno del fujimorismo.
He seguido conociéndolo, de una forma más circunstancial y con más curiosidad que antes. Sin embargo, persiste aquella duda de no saber a dónde podría llegar esto. ¿Será una linda amistad? ¿No es muy pronto para saberlo? Sí, probablemente lo sea, pero me doy cuenta que me gusta adelantarme, dar el primer paso porque me gusta controlar la situación, pero todo ha salido al revés: que este escribiendo este post sobre él es una clara señal de que he caído rendida ante la mirada de un desconocido fotógrafo.








