miércoles, 3 de agosto de 2016

La teoría del buen estudio

Primero
Este es mi último año en pregrado; estoy apunto de egresar. Sin embargo, no me ilusiona como cuando estaba a punto de terminar el colegio; más bien me aterra y me deprime. Solía gustarme escribir, leer, pero creo que la carrera ha atrofiado un poco de eso o quizá he sido yo que dejé de leer literatura y escribir en algunos blogs. El punto es que me he dado cuanto que debo recobrar ese entusiasmo antes de acabar la carrera.

Segundo
Siempre me importaron las notas porque nunca sacaba las mejores, pero sentía que todo lo que aprendía me sería útil alguna vez y esa es la razón por la que aún puedo recordar algunos contenidos de mis clases de primaria y secundaria. "Una nota no te define", solía repetirme a menudo, pero sí te ayuda a entrar a los lugares más prestigiosos. Te ayuda a ingresar al mejor colegio, a la mejor universidad, a postular a una maestría, a un doctorado y también a una beca. Finalmente, es la única medición que se utiliza en los países de Tercer Mundo y por la que muchos chicos crecen inseguros y estresados por presión de ellos mismos o de sus padres.

Tercero
Acabo de recibir una nota de un trabajo que hice con 1 día de anticipación: 11, un casi jalado. ¿Y qué es lo que haré? Pues mejorarlo, no me dio ganas de hacer el trabajo durante el ciclo, me da ganas de hacerlo ahora: tengo la bibliografía, las fuentes, y -sobre todo- la intención. Hubiera sido genial que estas ganas se hubieran presentado durante el ciclo para poder tener listo el trabajo final a tiempo, pero no fue así.