martes, 14 de junio de 2016

Una taza de concentración


Todos los días llegó a la universidad, y la cafetería en el camino me hace recordar que no puedo iniciar mi día apagado y aletargado. De pronto, tras el primer sorbo todo queda iluminado.
A media mañana, me acerco a la sala de profesores y si la máquina funciona, voy por un cafecito sin endulzante, así es más agradable. Cuando la máquina no funciona casi siempresolo queda la sosa lata de café... esos días son terribles. Antes de iniciar mis clases en la especialidad; antes de dictar clases en Estudios Generales; al salir de la universidad: todo el día consumo café. 
Mientras camino por el Tontódromo veo pasar al antropólogo o al fotógrafo y me escondo tras los sorbos de un expreso y solo levanto la mano para saludar a distancia. Pienso en que mis citas serían más interesantes alrededor de una taza de café que en una función de teatro. 
Mi paladar se ha vuelto tan selecto que he aprendido a diferenciar los distintos tipos de café que existen en el mercado nacional. Me he convertido en una experta y he desarrollado una particular manera de socialización alrededor de esta bebida. Para leer, para escribir y para discutir, el café es el mejor combustible.
Al final del día, solo quedan 5 soles en mi billetera, el aroma de café sigue compitiendo con mi perfume de diseñador, pero ha valido la pena. Nunca es suficiente el café que puedas tomar. Es mi combustible diario, me malogra los dientes, pero ayuda a fluir las ideas entorno a una enredada tesis.