Ahora ya no importa las decisiones que pudimos haber tomado, ni los consejos que nuestros amigos pudieron habernos dado en un escenario parecido a cuando juegas la Gallinita Ciega.
A veces lo que nos toca vivir no es resultado de nuestras decisiones, sino de lo que nos llevo a optar por esos caminos. Ante esas situaciones desvirtuadas, lo mejor es saber saber afrontar con dignidad lo que te toca.
Y esto fue lo que nos tocó, Tempo: un clima incierto en el que la pasamos bien y me hiciste reír mucho, también subir muchos kilos, me enseñaste a escuchar buena música y fuiste quien me ayudó a encontrarle algún sentido a fumar hierba.
Quizá pudimos haber hecho más. Nos quedaron pendientes las maratones de Hitchcock, mi pedido especial de happy brownies, ir en bicicleta por todo Surco y que probaras los postres que tanto te presumí. Pero no se pudo, realmente nunca estuvimos en sintonía ¿debí haberlo notado la vez que te pregunté por qué no quería estar conmigo? En fin.
Supongo que a veces es difícil explicar algunas cosas: "simplemente quiero estar solo" parece ser una de ellas. Pero para mí lo más difícil fue entender por qué aunque siempre decías querer estar solo, yo seguía manteniéndome a tu lado. Ya no vale la pena teorizar, es mejor ahorrarse todo el rollo. Siempre decías que complico las cosas, que tengo manías escondidas y que debería ser más fresh como tú. ¿Y sabes qué Tempo? Por primera vez te voy a hacer caso.
Bye.









