domingo, 14 de diciembre de 2014

You, woman, clean and cook


Hoy en día existe todo un discurso que intenta reivindicar a la mujer en donde un alejamiento de las "funciones domésticas" es imprescindible. Ahora, cada una de ellas se sienten mucho más independientes: trabajan, ganan muy bien, tienen mayores derechos, pueden acceder a un departamento propio y salir de juerga sin ningún remordimiento. Sin embargo, la mayoría se indigna si alguien les pide que cocinen algo,  que planchen su ropa, que boten la basura, que laven la ropa. Contrariedades que no solo responden a una cuestión "machista", opresora que quiere seguir restringiendo al género femenino. Si no a un " (mal ) ideal reivindicado" que te dice que por ser mujer no deberías ni acercarte a una cocina y menos aún limpiar la casa. De hecho este tipo de cosas, no solo deben ser ejecutadas por las mujeres, sino que cualquier persona que ansíe llamarse "independiente" debe saber hacerlas. Este tipo de pensamientos, suele confundir a las siguientes generaciones extendiendo el mal elaborado ideal y haciendo una división mucho más dañina que la provocada por el machismo: este tipo de tareas no son aptas para las mujeres profesionales, sino para aquellas que no pudieron acceder a una educación y que, como último recurso, tuvieron que anclar en los trabajos domésticos. En realidad, no tiene nada malo contratar o trabajar en el servicios doméstico. El problema es cuando se cree que realizar este tipo de labores nos coloca en una situación inferior de quienes no las hacen; algo así como si nos regresara a un pasado restrictivo que solo nos presenta una oportunidad sin retribución alguna. Quizá sea tiempo de reinterpretar la situación: después de mi chamba regreso a casa, preparo una rica cena, se la sirvo a mi novio. Ordeno un poco la casa, limpio un poco para que la persona que me ayude no tenga tanta carga. ¿Hago esto por ser mujer? NO, lo hago porque se me da la maldita gana.