El atardecer es profundo y tú estás algunos pasos más allá, en aquella esquina dorada, llena de libros, planes y palabrerías. Luces estruendoso, bonachón, amigable, entrador. No me miras como yo, quizá aún piensas en tu viaje por la selva, en aquel viaje con ella.
Me detengo a pensarte, pienso dos veces si debo cruzar tu morada: la esquina dorada. Camino con la cabeza abajo, como queriendo pasar desapercibida, con la esperanza de que grites mi nombre, o mejor aún me grites uno nuevo (especialmente pensado en mí).
No hay señales de por medio, el amor es de a dos. Mentira, te estoy ansiando sola, te estoy pensando sola, te estoy buscando sola, te estoy recordando sola, te empiezo a querer sola.
Dame una señal que no te estás marchando, dame un señal que quieres quedarte, que quieres comenzar tu tan ansiada relación dialéctica entre varias disciplinas.
¿Dónde estás alma libre? Dónde quedó tu rebeldía, tus palabras sin sentido, tu sonrisa populista, tu mirada desafiante, tu pensamiento nada cohibido.
Estoy unos pasos más allá, no olvides visitarme, quiero conocerte desde otras perspectivas.
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