domingo, 29 de abril de 2018

Encuentro con mi asesor de tesis

Tres asientos más adelante, en un Congreso sobre las independencias, estaba sentado mi asesor de tesis de Licenciatura. Lo reconocí porque usaba la misma camisa que combinaba con el pantalón crema. Me quedé pensando si debía abordarlo y decirle con total sinceridad: "No tengo nada". Lo pensé mucho en verdad, tanto que dejé de seguir la discusión de la mesa central sobre las reformas económicas en el contexto de la independencia. Cuando esta terminó, respiré profundo y decidí que lo mejor sería escapar, esconderme o simplemente ignorar, pero las ganas por un poco de café me convencieron de salir de la sala con la certeza de que era muy probable que me lo encontrará afuera. Así fue.

Con mi café en la mano, lo vi a lo lejos y como si el momento estuviera predestinado, volteó su mirada hacía mí y me movió los dedos como suele hacerlo con casi todos sus alumnos a los que logra recordarles la cara. Se acercó, me dio un beso y me preguntó por mi tesis; le respondí que seguía en stand by y le cambié de tema: "¿Te vas a quedar para la mesa final?". Tomó un sorbo de su café y respondió evadiendo mi mirada: "Me vas a contar o nos evitamos la conversación". Me quedé callada intentando crear en mi cabeza la excusa perfecta para justificar que en casi un año de haber egresado no había escrito nada. Pensé en Ifemelu y su inseguridad por querer seguir un posgrado en Estados Unidos; al fin y al cabo yo había pensado en hacer el mío en Ciencias Políticas. Pensé también en mis múltiples trabajos y el poco tiempo que estos me dejaban para escribir; pero luego recordé mi entusiasmo por querer aprender sobre la hipertrofria muscular al punto de quedarme estudiando hasta las dos de la mañana. Mi conclusión fue que tenía tiempo, pero no era canalizado para mi tesis. 

Habían pasado quizá 5 segundos desde que me hizo la pregunta y todas estas ideas pasaron por mi mente; le contesté que era una cuestión de tiempo. Regresó su mirada hacia mis zapatos y me dijo: "Es bueno terminar las cosas, te vas a sentir mejor contigo misma". Mientras me habla yo solo podía pensar en que no se me daba la gana de hacerla; que me sentaba a leer los libros de Rosanvallon y no encontraba la emoción que sentí cuando leí por primera vez a Pocock y decidí que el pensamiento político decimonónico era el tema de tesis más idóneo para mí. ¿A caso era que leía al autor equivocado? Finalmente, ¿dónde residía la motivación?. Le sonreí confundida, aclarándole que no era la clase de persona que dejaba las cosas a medias y que realmente todo se resumía a una cuestión de tiempo. Me tocó el brazo izquierdo, como si quisiera consolarme pero sin tanta cercanía y se fue. Yo decidí entrar a la sala y sentarme en el lugar más lejano. Tenía mucho que pensar. 

Sentada en una esquina del auditorio me pregunté: ¿por qué escribes en tu blog y no tu tesis?; ¿por qué haces videos para YouTube y no tu tesis? ¿Por qué quieres escribir un libro sobre San Juan de Lurigancho si aún no redactas el primer capítulo de tesis? Volví a pensar en Ifemelu y su preocupación por lo alienante que puede llegar a ser el mundo académico: "A veces tengo la sensación de que viven en un universo académico paralelo usando su jerga académica en lugar de hablar en inglés, y a la hora de la verdad no saben qué ocurre en el mundo real". Me preguntaba a quién podría interesarle mi tema de tesis, quizá ninguna persona terminaría consultándola si es que la llegara a publicar. Me veía relegada, con un tema de tesis incomprensible y confirmando la consigna de mi asesor de que era una persona que dejaba las cosas a med... .