"La desaparición de las clases es una evidencia impresionante. La gente es toda igual, en el mismo nivel, vestida con ropa vieja y mal cortada y con zapatos de pacotilla [...] Sólo cuando se conversa con los moscovitas, cuando se les individualiza, uno descubre que aquella multitud pastosa está formada por hombres, mujeres y niños que no tienen nada de común y corriente" (Pg. 103)
En 1957, Gabriel García Márquez tomó la decisión de hacer un viaje por la famosa "cortina de hierro" que, por aquel entonces, era la frontera que dividía a los países socialistas de los capitalistas en dos grandes bloques continentales. Era sin duda un contexto muy polarizado y restringido porque no se sabía a ciencia cierta qué era lo que sucedía en el bloque comunista, el cual mantenía sus fronteras bajo un total hermetismo.

Mucho se ha dicho sobre las convicciones políticas de García Márquez: que era comunista, que creía fielmente en el socialismo y que, por ello, era gran amigo de Fidel Castro. No sabemos si estas razones fueron la motivación de su viaje o más bien la curiosidad de saber cómo se vivía el día a día en el bloque comunista. Lo cierto es que, aprovechando su estancia en París como corresponsal de prensa, Gabo - junto a dos amigos más- tomó la decisión de penetrar Europa del Este. Haciendo uso de un automóvil y después del magnífico transporte ferroviario europeo, recorrieron la Unión Soviética, la Alemania Oriental, Polonia, Hungría y otros países más. El resultado de sus aventuras son estas crónicas publicadas originalmente en la Revista Cromos de Colombia.
El objetivo de este viaje era claro: conocer cómo vivía la sociedad europea bajo los regímenes comunistas. Para ello, estaba descartado hacer una visita turística, la clave era conversar con los ciudadanos, caminar sin rumbo fijo, perderse entre las calles, superar la barrera del lenguaje y encontrarse con gente cosmopolita, que al igual que ellos, buscaban la razón de ser de la cortina de hierro.
"Yo no quería conocer una Unión Soviética peinada para recibir una visita. A los países, como a las mujeres, hay que conocerlos acabados de levantar" (Pág. 43)La condición de "extranjero" fue determinante para cumplir todos los propósitos, pues los ciudadanos locales parecían muy interesados en conocer a un occidental. Preguntaban cómo habían hecho para lograr entrar a su país; cómo se vivía al otro lado y qué grandes inventos habían aparecido allá. El contraste era evidente y Gabo lo sabía muy bien: se encontraba frente a una sociedad ansiosa por conocer el mundo, pero a la vez limitada por una política de aislamiento.
A lo largo del libro, podemos notar cómo Gabo se interesa por conversar con las personas, ya sea en inglés o francés, idiomas que dominaba con más precisión; a través de intérpretes o, incluso, a través de señas. Estas pláticas fueron un claro reflejo de su impecable faceta periodística; así también lo demuestran su naturalidad para hacer preguntas y su facilidad para ver en la cotidianidad rasgos imperceptibles de la política comunista.Aunque no sabemos, con exactitud, cuál es la postura inicial de Gabo sobre el gobierno, sí podemos afirmar que estas experiencias le permitieron formar una opinión más fehaciente respecto a la política comunista, sus representantes y el trato que estos les daban a sus ciudadanos. Las conclusiones finales pueden ser sorprendentes, si consideramos la afinidad que tenía Gabo con el socialismo, pues nos encontramos frente a una crítica certera al gobierno comunista. Así lo podemos ver, por ejemplo, en las visitas que hizo a Moscú y Alemania Oriental. Resalta sobre todo una crítica hacia las condiciones de vida de los ciudadanos y el desempeño de los líderes políticos. Aquí algunos ejemplos ejemplos de ello:
"Los moscovitas [...] creen que viven muy bien y en realidad viven mal. El gobierno debió prepararlos para que los extranjeros no viéramos el interior de las casas" (Pág. 108)
"El pueblo no ve el desarrollo de la industria pesada, le importa un pito los huevos fritos al desayuno y lo único nuevo que ve es que Alemania está partida en dos y hay soldados rusos con ametralladoras. Los habitantes de Alemania Occidental ven exactamente lo mismo: el país divido y soldados americanos en automóviles de último modelo [...] antes de hablar de socialismo o de capitalismo [quieren] la unificación de Alemania y la evacuación de las tropas extranjeras." (Pág. 38)
"[...] la Unión Soviética, en cuarenta años de revolución, decidió dedicar todos sus esfuerzos, toda su potencia de trabajo, al desarrollo de la industria pesada, sin prestar mayor atención a los artículos de consumo. Así se entiende que hayan sido los primeros en lanzar al comercio de la navegación aérea internacional el avión más grande del mundo, mientras la población tiene problema de zapatos*" (pg. 130)La experiencia de Gabo en los países socialistas es una información realmente valiosa para comprender desde otra perspectiva la historia de la sociedad comunista. A lo largo del libro también se desarrollan otros temas cómo la predominancia del capitalismo, la vigencia de Stalin y los efectos del Holacausto en la sociedad alemana. Con breves anécdotas y vivencias al estilo road trip, este libro describe de un modo perspicaz la lucha cotidiana de los ciudadanos para sobrevivir bajo la "cortina de hierro". Lo más resaltante, por su puesto, tenía que ser la narración: sencilla, llena de detalles y mucha crítica.
Realmente he disfrutado mucho leer este libro.
* Se refiere a la austeridad en la que vivían los ciudadanos soviéticos.
Puedes leer el libro en este link: https://goo.gl/iUk6M1
*Mira la videoreseña aquí








