martes, 7 de abril de 2015

Allá, de donde muchos salen y pocos entran (A short essay)

Allá donde abunda la suciedad, la informalidad y las malas costumbres casi nadie llega, pero sí que muchos salen. Las 4 de la mañana son las 6 de muchos metropolitanos; en los cerros de San Juan, la gente debe levantarse muy temprano y prepararse para el recorrido ritual. El desayuno no es opción, es una obligación, ¿quedarse sin comida más de 8 horas? No gracias. Suelen vestirse con rapidez y apremio para dirigirse a preparar el almuerzo, a planchar el uniforme
, a terminar la tarea, todo 3 horas antes de la hora de ingreso. El reloj se apresura y avisa que faltan solo dos: es momento de salir. A las 5 de la mañana comienzan a formarse pequeños grupos de personas en los paraderos que con el paso de los minutos terminan por extenderse en una fila desordenada. Todos pugnan por conseguir un asiento y continuar el sueño entrecortado; a la mitad de San Juan, la capacidad del bus está reventando de gente, ¿cómo sale de ahí los que viven en Caja de Agua? La vista desde la ventana de estos buses es fenomenal, incomparable y muy aleccionadora: te muestra la verdadera Lima, tan cambiante que sale desde estos cerros y llega hasta las playas de Miraflores y Barranco o hasta el lejano Surco. Algunos prefieren dormir, en cambio yo prefiero ver cómo la ciudad se vuelve más limpia y ordenada mientras pasamos el Centro, cómo hay más policías rondeando por las calles o cómo no hay tantos perros callejeros meditando por la veredas. El recorrido en las mañanas es apresurado, pues todos ansían llegar temprano al trabajo, a la escuela o universidad. Esta gente, se va dejando su casa, sus cosas, sus recuerdos para trasladarse a un espacio en donde pasan muchísimo más tiempo que en sus propias moradas a las que solo vuelven para dormir. Allá, en San Juan, 1 millón de personas salen a hacer su vida, no porque fuera imposible hacerla adentro, sino que, como en todos lados, las mejores oportunidades están afuera. Como ansío el día en que pudiera llegar a estos lugares grandes empresas, grandes bibliotecas, grandes teatros; sin embargo no reniego de los pequeños mercados que hacinan el distrito, tampoco de las improvisadas salas de lecturas de los colegios nacionales, ni del teatro municipal; de lo que reniego es del poco uso que hace su población de estos servicios. Aquí de donde muchos salen, es necesario NO que entre más cultura,sino que esta nazca desde nuestra propia realidad. Aquí, a pesar de que muchos salen, todavía se puede construir cultura.
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