Mi abuela era muy perspicaz cuando decía que debía buscar a un “amigo” que esté disponible siempre para mí. Alguien que me “acompañe” a todos lados para que nada malo me sucediera. Lo decía como si fuera tan fácil conseguir hombres que estuvieran dispuestos a hacer eso por mí. Quizá era sencillo para ella, que solo se dedicó a elegir entre sus miles de pretendientes.Tenía un carácter que volvía locos a los hombres, una voz dominante que los ponía inmediatamente en su lugar y una mirada fulminante que volvía endeble a los más impetuosos. Abuela, donde sea que estés, lamento mucho decepcionarte, pero no soy como tú. Nadie está detrás de mí, ni tampoco se disputan el acompañarme hasta el paradero. Abuela, yo estoy totalmente sola y no sé cómo sentirme al respecto.
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