La Shakira noventera suena bien para acompañar esas noches en las que decido darle rienda suelta a mi escritura. Son noches en las que tengo muchas ganas de escribir, pero no tengo un tema definido. En esas ocasiones, la música y una cerveza bien helada son de mucha ayuda. Decido darle play a esa canción que, a los cinco años y sin haber atravesado alguna situación parecida, disfrutaba cantar a todo pulmón. Veinte años después, me doy cuenta de que ahora sí tengo razones de sobra para cantar Si te vas con la intensidad que se merece.
Me detengo en la estrofa cumbre de esta canción. Esa que, muy probablemente, se convirtió en el refugio de aquellas muchachas que le regalaron sendas lágrimas a algún Bueno para nada que decidió cambiarlas sin mayor explicación. De pronto, me encuentro en armonía con mi Yo de cinco años; las lágrimas comienzan a formarse en estos ojos chinitos y un nudo seco se estanca en mi garganta. Comienzo:
Si te vas, si te vas, si te marchas
mi cielo se hará gris.
Si te vas, si te vas, ya no tienes
que venir por mí,
Si te vas, si te vas y me cambias
por esa bruja, pedazo de cuero
no vuelvas nunca más
Ya no estaré aquí.
mi cielo se hará gris.
Si te vas, si te vas, ya no tienes
que venir por mí,
Si te vas, si te vas y me cambias
por esa bruja, pedazo de cuero
no vuelvas nunca más
Ya no estaré aquí.
Me digo a mí misma: lo mejor que pudo haberte pasado es que Flavio Pais te haya dejado. Por un momento, estoy tentada a creerme, pero las secuelas del flagelo emocional que eso significó todavía me persiguen. Me doy cuenta de que esa estrofa en particular resume el camino que todas las que fuimos reemplazadas quisiéramos transitar: la superación. Tengo claro que ya no estoy disponible para Flavio País, pero ¿lo estoy para alguien más?
Le doy muchas vueltas a este asunto porque me da terror caer en esa generalidad de que “todos los hombres son iguales”. Meter a todos en el mismo contenedor no es mi estilo, pero cada vez más comienzo a tomar como cierta dicha creencia. Las experiencias de mis amigas son un claro ejemplo: chicos que un día se aburrieron y las cambiaron o lo que es aún peor: chicos que poco a poco fueron despareciendo sin dejar mayor rastro. ¿Por qué es tan sencillo para ellos? Nosotras nos quedamos suspendidas sin tener muy claro qué es lo que acaba de suceder: ¿Se va para siempre?, ¿se va y vuelve? ¿se va con ella y sigue conmigo? Infinitas posibilidades de interpretar ese Ghosting o Replace tan característico de nosotros, los Millenials.
Lo peor es lo que viene después: creer que estás lista para conocer a alguien más, pero ante la más mínima muestra de empatía sales corriendo. Todavía hay un temor latente. O al menos eso es lo que yo he sentido cuando me he dado cuenta de que le estoy gustando a alguien. Hago énfasis en el presente continuo de esta expresión porque con mi actitud tan contradictoria, es normal que a largo plazo esta persona termine por desentenderse. El magnífico ejemplo, de "no eres tú, soy yo". Para pintar mejor el escenario, la situación es la siguiente: de pronto, esta chica que lanza sonrisitas, regala libros caros y likea todas las fotos de un muchacho, se presenta ante él como una irreverente extraña cuando es consciente de que su siembra ha dado cosecha. Y es aquí donde debo preguntarme, ¿a qué le temes Mari? Por ahora, solo me queda responder, con otra estrofa de la Shak del nuevo milenio:
No se puede vivir con tanto veneno
No se puede dedicar el alma
A acumular intentos
Pesa más la rabia que el cemento.








