
Cuando regreso en el tren, desde la puerta los cerros se nos presentan imponentes, no le hacemos mucho caso porque ahora nos es cotidiano; pero pasa lo mismo con quienes viven rodeados de edificios inmensos. Surgen las mismas preguntas: ¿cómo será vivir allá bien arriba? Para nuestra suerte el tren pasa muy cerca a la parte de atrás del cerro San Cristobal, podemos ver lo hacinada que vive esa gente, pero también su tranquilidad de tener algo "propio". El recorrido avanza y el paisaje se invade por segundos de medianos edificios, pero a lo lejos siempre se ven las puntas de los cerros; cuando es de noche es mucho más alucinante porque se ven lucecitas perfectamente ordenadas en cuadrantes que intentan delimitar las urbanizaciones de los AAHH. El panorama es realmente hermoso porque nos permite comprender la dimensión y diversidad del distrito. A veces me pregunto, cómo habría sido si no hubiera vivido rodeada de este paisaje. Quizá ya no limpiaría cada 2 segundos la mesa de vidrio o quizá no renegaría todos los días por los zapatos sucios, pero lo más importante es que quizá no habría descubierto la tranquilidad que inspira contemplar este paisaje. A pesar de toda la acústica intranquila que genera la marginalidad ( botellas rotas, gritos, silbidos, música a todo volumen) pararme en el 3er piso de mi casa y ver los cerros es un eficiente tranquilizante. Después me pongo a pensar en esta visión romántica y la contrasto con la gente que vive en estos cerros, también los contemplo a ellos, contemplo sus casas, sus carencias, su astucia para superarlo y lo único que puedo sentir es admiración también por esta gente que probablemente lo único que desea es salir de ahí, salir del cerro y encontrar casa en la "pista". Muchos me preguntan ¿cómo puedo vivir aquí?, si en verdad vale la pena el tiempo que demoro en llegar a casa; la respuesta siempre será sí, vale mil veces la pena regresar a este lugar porque cuando regreso lo único que siento es tranquilidad en medio de todo el caos que rodea al distrito, yo solo elijo mirar los cerros.








