-"Mamita, pasa,pasa rápido"
- "Abuelitaaaa" le dijo abrazándola muy fuerte.
-"Mira lo que tengo aquí"
-"Espérate abuelita, quiero sacarme los zapatos primero"
-"No, ven primero aquí, mira...". La abuela se apresura a abrir un cajón y le muestra un cofre.
-"Abuelita, ¡¡¡son todos tus aretes!!!!, .¡Ahí están los rojos que tanto me gustan!"
-"Llevátelos, mamita, mételos a tu bolsa de una vez"
-"Ahhh, mi bolso está en la sala, mejor me los llevo puestos"
-"Está bien mamita, pero ahora agarra tus cosas porque te están esperando" La abuela se acerca a la ventana y ve llegar un carro negro y la nieta le pregunta:
-¿Qué?, ¿quién ha venido abuelita?
-"Nadie hijita, pero ya te tienes que ir..."
-" ¿A dónde?".
-"Sube al carro mamita, haz todo lo que el señor te diga".
-"Abuelita, pero ¿quién ese señor ¿a dónde me va a llevar?"
La abuela la toma de la mano y la acompaña hasta la puerta, le toca la mejilla, la abraza muy fuertemente y le dice:
-"Ojalá puedas visitarme otra vez, hijita"
La nieta, desde el carro, voltea a mirarla como si fuera la ultima vez: su abuela está recostada sobre las rejas rojizas, con su vestido de dormir color blanco, con las medias de distintos colores y con el cabello hacia la derecha que se le formaba por dormir de costado, le sonríe con cara engreidora mientras le dice con gestos que cuide mucho los pendientes rojos que lleva puestos...
-"No te preocupes abuelita" le dice "La próxima vez que venga..." y de pronto el carro arrancó rapidamente dejando la frase inconclusa. "Señor, ¡pare!, ¡pare!", pero este parecía no escucharla "¡le he dicho que pare!", le decía eufórica, pero este avanzaba cada vez más rápido. Entonces en un impulso desenfrenado, la nieta abre la puerta y se lanza, no por temor, pues sabía que su abuela no dejaria que nada malo le pasara, sino porque fue consciente de que estaba en un sueño de visita: ella había alistado a su abuela para colocarla en un ataud hace 9 meses atrás. El chofer era quien la llevaba de vuelta a la realidad y la unica manera de encontrarse con su abuela muerta era saltando del carro y corriendo hacia ella, pero ya era muy tarde, había cruzado el umbral que separa a ambos mundos. De pronto sintió el impacto del suelo y todo se volvió negro; 5 segundos después se encontró echada en su cama, sin los pendientes. Mientras se tocaba las orejas una y otra vez, pensaba "¿se me cayeron en el camino? o ¿nunca estuve ahí?".
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