viernes, 28 de noviembre de 2014

Chespirito y su mejor legado en mí


Mucho antes de la lamentablemente muerte de Chespirito hablar sobre él y sus producciones se había convertido en un tema difícil de tratar. Digo "había" porque recuerdo que hablar de sus programas era mucho más sencillo (para mí) en el colegio que en la universidad. No solo se debía a la crítica hacia sus contenidos, la estereotipación de sus personajes y la violencia en sus episodios, sino porque ya comenzaba a hablarse de un "mal legado" hacia la sociedad (pueblo/ clases bajas/ llámenlo como quieran). Sin embargo, siempre me quedo la duda sobre si los que lo criticaban se habían tomado el tiempo de ir más allá de sus superficiales conjeturas: ¿les preguntaron alguna vez "al pueblo" qué sentían cuando veían alguno de sus programas?, mejor aún ¿se tomaron la molestia de conversar con "el pueblo" que creció viendo los programas de Chespirito? Quizá no tenían por qué hacerlo, quizá esa labor era para los sociólogos, quizá solo quisieron hablar por hablar o quizá simplemente no parecía necesario.En fin, las críticas siempre estuvieron ahí; probablemente mucho más en México que en Perú donde la crítica no era tan severa y en donde, hoy en día, medio país le rinde miles de homenajes. 
No me aburre estar aclarando a quiénes me preguntan por qué me gusta Chespirito. No es tan difícil de explicar; de hecho, lo podría resumir en una frase: historias con propósito.
Una de las cosas que siempre me llamó más la atención del programa Chespirito (da click) fue la predilección de Gómez Bolaños por adaptar clásicos literarios, procesos históricos, leyendas, entre otros y llevárselas a un público que, probablemente, si no es por la televisión jamás habría podido enterarse de su existencia. Entre los que se me vienen a la mente están Otelo, Don Juan Tenorio, Cyrano de Bergerac, Romeo y Julieta, El Sastrecillo valiente, Guillermo Tell, Napoleón Bonaparte, la Conquista, La Llorona, y digamos que la lista es interminable. Recuerdo con alegría la emisión de estos sketchs y me doy cuenta que, realmente, dejaron gran huella en mí. Siento que parte de mi vocación y convicción se la debo a todas estas producciones. La televisión no sirve para educar, pero sí debe dejar en cada espectador un mensaje que este le asignará un valor positivo, negativo o quizá simplemente lo ignorará. Lo que hizo Gómez Bolaños con cada uno de sus programas fue presentarnos una historia (basada o no en la vida real) que permitiera una reflexión y/o cuestionamiento. Quizá muchos de sus críticos no se han percatado de este detalle porque subestiman a sus espectadores colocándolos como simples receptores pero no como parte activa que puede opinar y preguntárse ¿por qué le pegan a don Ramón?, ¿por qué el chavo es pobre?, ¿quién fue Cyrano de Bergerac? ¿qué es ser 'nazi'?. Incluso es probable que el mismo Chespirito no haya caído en cuenta de este detalle.
Jamás dejaré de agradecerle a este tipo por todo lo que nos ha entregado, por todo lo que pude rescatar de su gran legado. Definitivamente no es un ser perfecto, cometió algunos excesos, pero en ningún momento tuvo la intención de corromper mediocremente a la sociedad latinoamericana, sino más bien le dio posibilidad de cuestionar su propia realidad: ¿así somos?.