Lo que a uno le falta en palabras, a la otra le sobra en montones; es por ello que las miradas se presentan como único momento de confluencia. Aquellas son el preciso momento en donde no hay necesidad de leer su diario para saber qué siente realmente esa persona y si te ves reflejada en sus ojos, créeme, siempre piensa en ti. Cuando se rompe aquella línea imaginaria que une ambas pupilas solo queda el recuerdo de una travesía dantesca porque lograr que te miren desde el alma solo se consigue practicándolo y no con cualquiera, solo con alguien de pocas palabras.
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