Recuerdo el juramento que Florentino se hizo a sí mismo, más que a la misma Fermina, de esperarla por siempre y me pregunto cuántas veces debería hacerme esa promesa. He comenzado a considerar que el viento no se lleva las palabras, como muchos creen, sino que nos las recuerda siempre. Aquel "te amo" pronunciado el 15 de Enero de 1945 todavía ronda por el aura de mi abuelo y lo persigue 10 cuadra más allá como sombra de un pasado que necesita ser recordado porque finalmente somos lo que somos por aquellos recuerdos. No importa cuán lejos vayamos, nuestras palabras nos persiguen y no nos dejan escapar, quizá sea buena idea conseguir un buen diccionario para no cometer alguna equivocación y ser exterminado por simples caracteres.
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