Pienso en ti en todo momento. Al levantarme y no sentir tus brazos sobre mi cintura. Por la tarde, cuando termino de almorzar y ya no tengo que caminar hasta tu casa. Por las noches, cuando estoy apunto de dormir deseando inmensamente sentarme contigo en una banquita frente al pasto de Educación. Pienso en ti en todo momento imaginando nuestro próximo encuentro y me pregunto si esta vez lograríamos sostener más de un segundo nuestras miradas.
Pienso en ti cada vez que escucho Set Fire to the Rain y recuerdo lo que dijiste aquella vez que estábamos peleando en el patio de comidas de La Rambla: que esa canción ahora me persiguiría por siempre porque me haría recordar aquella pelea. Lo cierto es que desde entonces no he podido escuchar a Adele de la misma manera.
Pienso en ti poseída por el espíritu de Florentino Ariza esperando el día que me des la última oportunidad de volver a entrar a tu vida para siempre.
Pienso inevitablemente en ti, David. Pienso en ti con todo mi ser, en múltiples escenarios: en el cine comentando la peli, abrazados en nuestro departamento leyendo un libro, cocinándote un plato de bistec y papas fritas, haciendo el viaje que nunca pudimos hacer porque no teníamos dinero...









