lunes, 7 de septiembre de 2020

LA MÍSTICA DE LA FEMINIDAD


RESEÑA Cap. 1 y 2



El texto de Betty Friedan resulta muy interesante de leer en la actualidad porque aborda un tema que ha afectado de manera constante la percepción que tienen las mujeres sobre sí mismas y su rol en la sociedad. La idea de una mística de la feminidad hace referencia al establecimiento de un prototipo de mujer perfecta a la que todas deberíamos desear alcanzar. A lo largo de la historia, este misticismo se ha manifestado de manera cambiante, pues este ideal de perfección femenino no es constante, ya que se va transformando a partir del contexto que una sociedad atraviesa y, sobre todo, a partir de la voluntad de quienes lo construyeron. Sin embargo, tengo la impresión de que para Betty Friedan no tendría nada de malo que este ideal se transforme porque, al fin de cuentas, resulta ser un reflejo de las “necesidades” de cada época, lo que verdaderamente le importa a la autora es conocer qué determina e impulsa esa transformación y cómo se ve afectada la percepción de este ideal en las mujeres. 


A lo largo de las páginas, Friedan busca responder las interrogantes planteadas previamente en un escenario particular: los Estados Unidos de las décadas de 1950 y 1960, un período caracterizado por una gran prosperidad económica y el “regreso a la normalidad” después de dos grandes periodos de guerra. Es importante resaltar que el sujeto de estudio al que hace referencia Freidan como “mujeres norteamericanas” es limitante, pues es evidente que su argumentación se centra solo en la situación de mujeres blancas y privilegiadas.


Según el planteamiento de la autora, durante la mitad del siglo XX, el ideal de feminidad que muchas mujeres estadounidenses buscaban alcanzar era el de ser “ama de casa”, lo que implicaba casarse, tener hijos y dedicarse a las tareas del hogar. Sin embargo, Friedan notó que tanto las mujeres que alcanzaban este ideal como las que no es decir quienes no lograban casarse ni tener hijos se sentían insatisfechas consigo mismas. Todas estas mujeres y los médicos que las trataban no encontraban ningún tipo de relación entre su situación de ama de casa, aparentemente perfecta y fácil de manejar, y la insatisfacción que sentían: el problema, simplemente, no tenía nombre. Nadie sabía por qué se sentían así las mujeres.


Para lograr encontrar una respuesta a esta sensación de frustración, la autora recurrió a entrevistas a mujeres que pudieran relatar sus experiencias como amas de casa; así como también a la consulta de revistas femeninas. Desde mi punto de vista, esta última fuente de información resulta muy idónea para comprender el comportamiento y la frustración de las mujeres de esta época. Como resalta la misma Friedan, a través de las revistas femeninas uno puede identificar los intereses y características de las mujeres en una determinada época: basta con leer el contenido de los artículos que se escriben, así como prestar atención a los productos que se ofrecen. 


Sin embargo, muchas veces las mujeres que leen estas revistas piensan que su voluntad se ha visto reflejada en las páginas, pero no necesariamente es así, pues detrás de cada publicación puede haber una imposición hecha por los editores. Es decir, una mujer podría estar leyendo un artículo sobre “¿cómo conquistar a un hombre?” porque cree que a ella le interesa, pero no se ha dado cuenta de que ha sido el editor quien ha creado un sinfín de estrategias comunicativas para que a ella le interese ese tema. En ese sentido, las revistas no sólo revelan los “intereses” de las mujeres de una época, también nos revelan las estrategias comunicativas que utilizaron para imponer con éxito ese discurso de vida.


A partir de esta revisión, la autora pudo concluir que el ideal de feminidad tuvo un giro en picada durante la década de 1950. Hubo un retroceso en el camino hacia la independencia de las mujeres, pues después de haber conocido el mundo, las mujeres volvieron a refugiarse en sus casas. Todos los avances que se habían conseguido durante las décadas de 1930 y 1940 al lograr que las mujeres tuvieran acceso al voto y a los estudios universitarios fueron reemplazados por el regreso y el cuidado del hogar. Este cambio se vio reflejado ampliamente en las publicaciones de las revistas. Se dejó de publicar historias en las que encontrábamos a mujeres heroínas de su propio destino y se comenzaron a publicar historias de mujeres que no tenían otra meta más que casarse y tener hijos.


Un punto importante de la transformación de este ideal de mujer es que el regreso a las casas no resultaba, aparentemente, impositivo, pues eran las mismas mujeres quienes voluntariamente se decidían a volver. Pero aquí aparece otro cuestionamiento, ¿cómo es posible que en apenas diez años las mujeres hayan cambiado tan rápido y radicalmente la percepción sobre su autonomía? 


La propuesta de Friedan apunta a dar una mirada a los medios de comunicación, en específico a las revistas femeninas. Fue a través de estas y su potente mensaje publicitario que el ideal de ama de casa alcanzó un gran éxito entre las mujeres de los años 50 y 60. La autora no solo se centra en la campaña de comunicación, sino también en quienes están detrás de las mismas. Afirma que el discurso de la mujer- heroína de la década de 30 y 40 que lograba estudiar y tener una carrera fue elaborado por mujeres editoras que ocupaban los espacios editoriales que los hombres, al enlistarse en la guerra, habían dejado libres. Sin embargo, cuando la guerra acabó y estos regresaron a tomar sus puestos, el ideal de ama de casa repuntó, pues estos editores “habían pasado la guerra soñando en el hogar y en lo agradable que era la vida doméstica”. 


Es en ese sentido que la construcción de feminidad en la mitad del siglo XX vuelve a recaer en las manos de los hombres quienes no solo cuentan con espacios como las revistas para potenciar su prototipo de feminidad, sino también con la televisión. De hecho resulta cuestionable que Friedan no haya incluido ningún ejemplo referido a series televisivas como The Donna Reed show o Bewitched que lograron un éxito rotundo en su audiencia no solo nacional, sino también internacional al presentar como protagonistas a mujeres amas de casa felices que, convenientemente, lo habían dejado todo para dedicarse a su familia. Quizá esta omisión y la preferencia por centrarse en las revistas femeninas resida en que Betty Friedan conocía demasiado bien el mundo editorial, pues había trabajado y publicado artículos en algunas revistas.. 


A modo de cierre, considero que este texto de Friedan resulta un gran referente para romper con algunos mitos que, increíblemente, todavía persisten sobre la situación de la mujer en los “felices y gloriosos años 50”. También nos permite cuestionar la percepción que se tiene, hoy en día, sobre el rol de “ama de casa”. Creo que el mensaje que nos quiere transmitir Friedan es que se debe hacer un cuestionamiento sobre nuestras decisiones; es decir, no está mal si quiero dedicar mi vida a ser “ama de casa”, lo que está mal es que mi decisión se haya visto influenciada sin siquiera haberme dado cuenta.