No culpemos al alcohol. De no habernos tomado esa botella de aguardiente habría sido más difícil decirte que me gustas y a ti pedirme que te la chupara. ¿Ya ves? Al final no todo fue tan malo como parece. Lo que sigue ahora es que finalmente me digas eso que no te atreviste a decir aquel domingo y a mi pedirte que hicieras eso cuando me tenías en la cama.
Quizá sea la próxima vez que nos veamos, un café pueda hacernos funcionar mejor.








