La miro desde lejos porque ahora me da miedo estar cerca de ella. Ya no es más mía, ya no puedo tomarla de la cintura y envolverla entre mis brazos, ya ni si quiera puedo sentir su olor cinco pasos más allá. Toda la magia se ha ido de mi siguiéndola a ella, me ha robado la vida y no sé cómo puede estar tranquila con eso. A veces quisiera mirarla y decirle: "Desgraciada, hija de puta ojalá sientas todo lo que me estás haciendo sufrir" Entonces imagino sus ojos llorosos y comprendo que nunca fue su intención; así como tampoco la mía el querer odiarla. Camino por el parque y veo a gente besándose, a niños que se toman la mano, a perros montándose, a una prostituta en la esquina, a dos ancianos caminando lento y todo me recuerda a ella: ¿por qué es tan difícil olvidarla?
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