Le pregunté " ¿ qué?, ¿ quieres hacerlo?" y se rió nerviosamente tratando de encontrar respuesta a lo que yo, de 14 años, le había preguntado. Ahora miro atrás y no considero que hayamos durado solo dos semanas: fue mucho más tiempo. Lo cierto es que no sé cómo comenzó, pero reconozco que terminó de la peor manera. Éramos algo solo para nosotros, de hecho, recuerdo haberle rogado que no se lo contara a nadie y siempre me decía que no lo iba a hacer, que nadie tenía por qué enterarse. Estuvo con algunas mientras me veía a escondidas, nunca me agradó esa idea, y de hecho le decía "eso no fue lo que acordamos", aveces respondía "no pasa nada, ya le voy a cortar" otras se quedaba callado y solo me besaba. Las pláticas se volvían interesantes cuando los escenarios cambiaban, de pronto ya no estábamos en el sofá o en el baño escondidos, digamos que fue testigo de todos los cambios que le hice a mi habitación. Siempre le decía "no puedo, perdóname" y las dos veces que le dije "hazlo" él no quiso. En el fondo me moría porque me lo hiciera, pero no soportaba la idea de que después no quisiera volver a verme.Me equivoqué, lo acepto, porque la última vez que pudimos haberlo hecho él se quedo mirándome mientras yo miraba a la pared pensando en que, después de tantos años y ya con 18 años, finalmente podría decirle que sí. Luego lo vi ahí, parado en la puerta, tan ligero como solía estar y le pregunté "qué pasa" y me dijo "solo estoy mirándote". Pero nunca sucedió, y todas aquellas veces que nunca sucedieron me hacían sentir culpable y él solo me abrazaba, solo una vez me me dio un beso en la frente. Cuando no pasaba nada, hablábamos de todo, de mis problemas, no tanto de los suyos; de su novia y por qué aún yo no conseguía uno; de con quiénes más lo había hecho; de cómo aprendió a hacerlo; de por qué yo no quería hacerlo y de por qué todos mis ex terminaban cortándome. Y terminábamos siempre en lo mismo, pero a pesar de esa rutina siempre comenzábamos de distintas maneras, quizá era eso lo que me llamaba la atención de lo que teníamos. Cuando nos encontrábamos en algún lugar, fingía no conocerlo, pero él actuaba normal y me decía que por qué no bailaba bien o que por qué no lo quería mirar. Muchas veces lo hacía porque no quería que nadie lo supiera, y ahora se vuelve contradictorio porque lo estoy contando aquí. Definitivamente, fueron los mejores 4 o 5 años de mi vida. Cuando terminó, le dije que me interesaba otro chico, pero que a la vez no podía dejar de pensar en él, y me dijo que lo mejor sería que estuviera con aquél chico. Lo cierto fue que le mentí porque me di cuenta que solo acabando con esto podría comenzar de nuevo. ¿ Por qué no volví a estar con él?, pues nunca me lo volvió a preguntar, además, no estoy segura de que haya funcionado. Entonces cuando se fue, lloré, lloré mucho recordando cuando me tocaba y me hablaba al oído, cuando nos quedábamos mirando abrazándonos o cuando se convertía en una odisea tener que quitarle el control de tv . Había acabado todo. A partir de ahí, él hizo su vida, sé que le va bien ahora, nunca volví a recibir otra llamada, ni un mail, simplemente nada. Algún día iba a pasar y realmente no sé si debió ser de esta manera. De pronto todo cambió y lo encontré feliz, verdaderamente feliz.
About me
Popular Posts
-
Después de incendiar la pradera y revelar algunos secretos, por fin pude dormir tranquila después de dos largos meses. Debo confesar que fue...
-
Querido Alfredo: Regalar un libro no es una tarea fácil. Muchas veces corres el riesgo de interponer tus propios gustos literarios sobre los...
-
Andrés Caicedo es una genialidad que sobrevive bajo la sombra de longevos autores colombianos. Sus 25 años de existencia no fueron suficien...
-
Por las mañanas al despertar, Emilia reposaba su mirada sobre el librero que tenía frente a su cama. Seguía en línea horizontal la contin...
-
Te escribo desde un lugar muy bonito, es un convento carmelita en Guadalajara. Estoy aquí rodeada de religiosas que profesan un amor inmen...
SÍGUEME EN Goodreads
Leyendo
El idiota








